Tras violentos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad, ocurridos en Nepal, con un saldo de por lo menos dos muertos, las autoridades nepalesas han vuelto a imponer un toque de queda de 12 horas. Miles de personas se lanzaron a las calles para protestar por la carencia de información sobre la tragedia que, el día 1 de junio, diezmó la familia real nepalesa. El tiroteo en el palacio causó la muerte de la pareja real y otros seis miembros de la familia.
Ahora, el nuevo monarca, Gyanendra, el único miembro de
la familia que no estaba presente durante el incidente, debe
aún ganarse la aceptación de sus súbditos. La
muerte de prácticamente todos los miembros de la familia
real, ocurrida bajo circunstancias aún no esclarecidas, ha
sumido en el caos al montañoso reino de Nepal. Según
la versión oficial, diez integrantes de la familia real
murieron como consecuencia de disparos accidentales de un arma de
fuego automática. Sin embargo, según una
versión anterior, el príncipe heredero, Dipendra, de
29 años, fue el autor de los disparos, y posteriormente se
suicidó. Al parecer, el tiroteo ocurrió
después de una encendida discusión sobre los planes
matrimoniales del príncipe.
Dipendra, quien fue coronado rey poco después del trágico incidente, falleció como consecuencia de las heridas, y fue incinerado pocas horas después de la coronación de su tío Gyanendra, como nuevo monarca nepalés. En realidad, la confusa combinación de estas dos ceremonias fue la chispa que disparó los serios disturbios ocurridos en la capital, Katmandú. Una multitud enfurecida se encaminó al palacio real para exigir una aclaración de la masacre. Los manifestantes lanzaron consignas en las que se acusaba al nuevo rey de ser el autor intelectual del crimen, y su hostilidad es incrementada por la impopularidad del hijo mayor de Gyanendra, Paras, quien es posiblemente el nuevo príncipe heredero.
Estos sentimientos contrastan claramente con el cariño que la población nepalesa sentía por la realeza. El difunto rey Birendra gozaba de gran popularidad, particularmente desde que, en 1990, abandonó el absolutismo en favor de una monarquía constitucional. Muchos lo consideraron como la persona que mantenía unido al país, empobrecido y desgarrado por luchas intestinas y sublevación maoísta.
Las extrañas circunstancias que rodean la muerte del monarca y el estancamiento político nacional han generado una situación explosiva en Nepal. Los Gobiernos occidentales han recomendado a sus súbditos no viajar al país. Sin embargo, según Mark Wallem, director del instituto de estudios internacionales de Katmandú (National Democratic Institute for International Studies), el actual vacío de poder puede constituir una oportunidad para el país. A su juicio, hay razón para optimismo, ya que el Gobierno y la oposición podrían dejar de lado sus discrepancias y poner fin definitivo a un período de paralización política, durante el cual prácticamente no se ha alcanzado nada.
Por su parte, el diario Kathmandu Post propone la renuncia del Gobierno, y opina que lo más conveniente sería que, en el interés de la nación, el primer ministro diera una oportunidad a nuevos líderes. Posteriormente, el nuevo Rey y el nuevo Gobierno estarían en mejor posición para hacer frente a las dificultades.
Sin embargo, el nuevo monarca, Gyanendra, no conquistará sin esfuerzo el apoyo de sus súbditos. Uno de sus primeros retos, y de su Gobierno, será brindar completa claridad sobre los acontecimientos de la noche del viernes en el palacio real. Aparentemente, el rey comprende lo urgente de la situación, y ha designado una comisión de hombres sabios que investigará los trágicos hechos. Los resultados de la investigación se harán públicos dentro de tres días.
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