Diplomáticos viajan incesantemente y realizan largas jornadas para evitar una escalada en el conflicto en la República Democrática del Congo. En Nairobi se llega a un frágil acuerdo político; siete presidentes africanos se emplearán a fondo para encaminar un proceso de paz y el ex líder nigeriano, Obasanjo dialogará con las partes beligerantes. Pero mientras tanto, la situación se torna cada vez más penosa y la violencia está a punto de estallar en todo el país.
Roeland van de Geer, enviado especial de la Unión Europea está continuamente al teléfono mientras atravesamos a toda velocidad las preciosas praderas de Ruanda occidental en dirección a Goma. Poco después de las seis llega el coche diplomático a la frontera entre Ruanda y el Congo: demasiado tarde porque después de las seis no se permite el paso de vehículos. Con su maletín en la mano, Van de Geer pasa la frontera andando y en completa oscuridad.
En la parte congoleña espera al diplomático un colaborador europeo esperando. El hombre nos conduce a la vivienda de Annet Blok, directora de una empresa de consulta, que reside en Goma desde hace 14 años. En el porche de su casa, con vistas al lago Kivu, se encuentra esperando un pequeño grupo de ciudadanos holandeses. Están deseosos se escuchar las noticias que trae Van de Geer que entusiasmado habla de los resultados de la Cumbre diplomática en Nairobi, donde los mandatarios africanos se han comprometido a poner en marcha el proceso de paz. "Hemos logrado mucho en Nairobi", dice un optimista Van De Geer, mientras la anfitriona reparte bebida y coloca en la mesa pinchos de queso con la bandera holandesa.
Refugiados
Al día siguiente las mal asfaltadas calles de Goma se llenan de motocarros que hacen las veces de taxis y van a velocidades vertiginosas. En la parte trasera del precario vehículo van los hombres sentados mientras transportan todo tipo de cosas, cajas de cerveza, sacos de granos, garrafas vacías.
Nos dirigimos a Kibati, una pequeña localidad a 10 kilómetros al norte de Goma donde las últimas semanas han llegado más de 60 mil expatriados huyendo de la violencia del ejército del general tutsi Laurent Nkunda. Al traspasar un puesto de control de la fuerza de las NN.UU. MONUC, el chófer del destartalado motocarro dice: "con las NN.UU. no se puede contar, si la situación se torna peligrosa ellos se van".
A las orillas de la carretera se ven a muchas mujeres cargando haces de leña y soldados del Ejército congoleño que cargados con sus armas automáticas marchan andando hacia el norte.
El frente
De repente se respira una angustiosa calma: hay chozas de madera pero no hay personas. A unos cien metros se encuentra un grupo de militares: estamos en el frente donde el Ejército gubernamental del Congo y las tropas de Nkunda se encuentran separadas por unos 200 metros de distancia. Hemos avanzado demasiado y damos la vuelta lo más rápido posible.
Regreso a los refugiados
Cinco minutos después veo una larguísima fila de refugiados esperando la distribución de lonas. "Hemos tenido que huir tan rápidamente de las tropas de Nkunda que no nos ha dado tiempo a traernos enseres", cuenta una mujer en la fila mientras amamanta a su bebé. "El día que huimos escuchamos disparos y detonaciones en las inmediaciones de nuestro pueblo. Yo pude escapar a tiempo pero toda mi familia ha sido asesinada". Me adentro un poco más en el campamento de acogida y veo a una niña pequeña descalza andando sobre un escombros volcánicos muy cortantes.
Esta es en muchos aspectos una región explosiva: en el 2002 el volcán, sumamente activo, destruyó la mitad de la ciudad de Goma. Con las piedras escupidas por el volcán, las mujeres han construido una especie muro que protege del viento el fuego en el que cocinan.
A cielo raso
Un poco más adelante nada más verme llegar se levanta un hombre que estaba aposentado en un sucia lona. "Hace dos semanas huí de Rumangabo a 35 kilómetros de aquí. Cuando oímos aproximarse a las tropas de Nkunda cundió un enorme pánico en el lugar. Unas 2.000 personas nos refugiamos en el Parque Nacional de Virunga. En la huida he perdido la pista de mi mujer y mis hijos. A Kabati tan sólo han llegado 200 de los 2.000 que emprendimos la huida. No sé dónde están ni lo que ha sido de ellos". Antes de seguir mi camino por las improvisadas chozas, en las que duermen más de diez personas en dos metros cuadrados, el hombre me enseña todas sus posesiones: demostrativamente dobla la lona y se aprecia un agujero que comparte con otras dos personas: esa es su única protección.
La esperanza no se pierde
Calado hasta los huesos por la chaparrada que ha caído mientras iba en la moto, encuentro a Roeland van de Geer en Goma, en la oficina de la ONU para la coordinación de asuntos humanitarios. " Hemos logrado un consenso a nivel político pero, al mismo tiempo, existe un ansia de guerra, de que las armas hablen en el conflicto", afirma el diplomático. Más tarde, por la noche, visito en el hotel a Van de Geer que se muestra más positivo. Ha mantenido intensos contactos con el presidente Kabila quien ha manifestado finalmente su disposición a negociar con Nkunda. "Considero que una parte de nuestro trabajo es ver
los desafío en los problemas y no ver los problemas en los desafíos".
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