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Vacío de ayuda en el Norte de Uganda

Pieternel Gruppen

15-07-2008

El lugar donde se esconde Joseph Kony, el líder rebelde ugandés del Ejército de Resistencia del Señor, es uno de los secretos mejor guardados. De todas formas, una de las cosas que se sabe, a ciencia cierta, es que después de veinte años de sangrienta guerra civil reina una relativa calma en el norte de Uganda. Sin embargo, oficialmente, aún no se ha rubricado el acuerdo de paz. Por el momento, Kony rehúsa poner su firma en el armisticio. A pesar de ello el gobierno ugandés alienta el retorno a sus hogares de todos los refugiados que todavía permanecen en los campamentos. A las organizaciones de ayuda les cuesta acostumbrarse a esta nueva situación.

Mantas y mosquiteros
Platos de plástico de varios colores, mantas y mosquiteros están prolijamente ordenados en filas sobre un gran terreno situado a orillas de la aldea de Koch Ongako, a media hora de camino de Gulu. Bajo un sol abrasador, unas cien personas -en su mayoría mujeres- esperan ser llamadas por lista para recoger un paquete de ayuda humanitaria. "Estos refugiados son los más débiles"dice Judith Maat, de la organización holandesa de ayuda al desarrollo, Cordaid, mientras coloca con destreza unos pequeños pescados secos y sorgo en una bolsita de plástico que agrega a los paquetes. "Estas personas son muy mayores y no tienen nada de nada. Algunos han quedado lisiados por la guerra. Recién vino una mujer sin ojos que todo lo hace a tientas."

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Akello Perina tiene 73 años.
Desde hace un mes está de
vuelta en su aldea, Koch Ongako.
Akello tiene a su cargo a un hijo
ciego y a tres nietos que han
perdido a su madre a causa
del SIDA. Su esposo fue
asesinado por los rebeldes. (1)
El paquete servirá de ayuda a estas mujeres para cuando regresen a sus pueblos luego de pasar años en los campamentos de acogida. Sin decir una palabra las mujeres colocan las cosas sobre sus cabezas y se encaminan hacia una nueva vida, atravesando los altos pastizales.

Fase de transición
De los dos millones de refugiados en la región de Acholi, un 12 por ciento ha vuelto a sus aldeas natales. Si bien un 36 por ciento de los refugiados ha abandonado los campamentos, la mayoría considera que todavía no están dadas las condiciones para volver a sus hogares. Desde los campamentos transitorios, recientemente levantados en las cercanías de sus pueblos natales, se alistan para afrontar la nueva situación. De todas formas, un poco más de la mitad de los refugiados sigue viviendo aún en los viejos campamentos de acogida. No sólo los refugiados deben adaptarse a la nueva realidad sino también los cooperantes. "Estamos en una fase de transición, vamos de la ayuda de emergencia a la reconstrucción", señala Ajwang Stella Roseline de la Coordinación de Ayuda Humanitaria de la ONU (OCHA) en su oficina de Gulu. Su escritorio está cubierto de tablas y gráficos con todas las listas de refugiados en el norte de Uganda. "Debemos redeterminar nuestra estrategia. Debemos pensar en construir carreteras y estimular la actividad económica." El mayor desafío (la palabra problema no la quiere pronunciar) es la financiación de la reconstrucción. Si durante la guerra civil los donantes daban el 90 por ciento del dinero para ayuda de emergencia, ahora sólo asumen el 20 por ciento de los gastos de reconstrucción.

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Aol Nighty, de 37 años,
construye una casa en su
pueblo natal, con su hijo
de un año y medio a cuestas. (2)
Ayuda de emergencia o reconstrucción
Mientras la ONU ya se orienta hacia la reconstrucción, en la mayoría de los campamentos se sigue necesitando la ayuda de emergencia. Tal es caso del refugio de Palenga, donde 1.400 desplazados viven hacinados en chozas, hechas de barro, hierba y caña. Gallinas y cabras escarban entre las chozas y en la bomba de agua juegan unos niños. A primera vista parece una escena pacífica pero bajo la superficie afloran los problemas, asegura Judith Maat que hace un inventario de las necesidades de los residentes: "La guerra ha terminado y ello significa que en gran medida ha cesado la ayuda médica y alimentaria. Sin embargo, no todos están en condiciones de poder cuidarse por sí mismos. La gente no ha podido labrar la tierra durante años, por todas partes hay maleza, sin vacas ni bueyes, que fueron robados por los rebeldes, es muy difícil volver a trabajar los campos."

Táctica de tierra arrasada
El cooperante holandés Piet Buitendijk no oculta su preocupación por la falta de ayuda en los pueblos. Desde hace doce años trabaja con su organización El Arca de Noé en el norte de Uganda: "Todo lo que había en los pueblos está cubierto de malezas, no hay carreteras, ni escuelas, ni médicos, ni tampoco agua potable. No hay nada de nada." Según Buitendijk, lo único que hay diseminado por todo el país son minas y armamentos. "¿Quién limpiará todo eso? Nadie sabe lo que hay que hacer. No hay un plan Marshall como tuvo Holanda al término de la Segunda Guerra Mundial." Sin embargo el gobierno tiene prisa para que, tras doce años, los refugiados desalojen ya los campamentos y vuelvan rápidamente a sus hogares. Para Uganda es de suma importancia mostrar al mundo exterior que tiene todo bajo control. Según Buitenhuis: "Esta situación se asemeja a la táctica de tierra arrasada. Frenar la ayuda para que la gente no tenga otra alternativa que regresar a sus aldeas."

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Margaret Ajok tiene 42 años,
vive con su hija Skovia de
9 años en el campamento
de refugiados de Palenga. (3)
Banderas y logotipos
No sólo los refugiados deben adaptarse a los cambios sino también los cooperantes que en el norte de Uganda han sido entrenados para trabajar en situación de guerra. Una realidad también válida para los empleados de Buitendijk: "Vemos que muchos no son aptos para trabajar en esta nueva situación. Muchos programas que eran efectivos ya no son eficaces." Entretanto nuevas organizaciones de ayuda se presentan en Gulu para tratar de sacar ventajas de los cambios. "Gulu se ha convertido en una ciudad de Land cruisers. Los todoterrenos zigzaguean por la ciudad esquivando los baches de las calles. En cada esquina se ven carteles con los logotipos de las organizaciones no gubernamentales. Buitendijk no oculta su tristeza al ver cómo las ONG's compiten entre sí para ver quién tiene las banderas más grandes y los logotipos más llamativos. Y al mismo tiempo todo el mundo está a la expectativa. ¿Cómo está la situación de seguridad? ¿En qué estado se encuentran las carreteras? ¿Qué es lo que permite el gobierno? "Es una situación peligrosa", advierte Buitendijk, "porque los ugandeses acabarán resentidos."

La fortaleza de la gente
Sin embargo, la amargura no es un sentimiento con el cual Judith Maart de Cordaid se haya topado durante su visita a Uganda del Norte. "He visto fortaleza en la gente. Los habitantes vuelven a apostar por el futuro y se animan a soñar. He visto familias que arriman el hombro y labran la tierra. Eso es muy importante en esta fase. Lo que realmente quiere la gente es volver a vivir."

(1)Akello Perina "Estoy feliz de estar de vuelta en casa. Hace doce años nos vimos obligados a abandonar este lugar por orden del gobierno. Todos vivíamos en campamentos de refugiados. Tuvimos que salir tan rápido que ni tiempo tuve de empacar mis cosas. La vida en el campamento era horrible, apenas había espacio. Aquí tengo mi propia tierra. Mi esposo llegó a ser en su tiempo el mejor campesino del lugar. Los rebeldes lo secuestraron y nunca más lo volví a ver ni escuché algo de él. Ahora me encargo yo de cultivar. Espero dentro de dos semanas sacar mi primera cosecha. Este sitio ha cambiado un montón. Muchas casas han sido destruidas. Afortunadamente también han vuelto mis vecinos, a los que tampoco vi durante esos años. Juntos estamos intentando reconstruir para que este lugar vuelva a ser lo que era antes."

(2)Aol Nighty "Antes de la guerra la vida aquí era muy buena. Teníamos árboles, gallinas, vacas y unas casas bien sólidas. Sin embargo huí cuando ante mis ojos asesinaron a mi hermano. La primera vez que volví aquí no quedaba nada en pie del pueblo que yo conocí. Durante toda una semana dormí con mis cuatro hijos debajo de un árbol. Tenía un miedo terrible de que pudiera pasarles algo. Sigo teniendo miedo de que los rebeldes regresen o de que uno de mis niños pise una mina y, a pesar de todo, decidí retornar. El gobierno dijo que todos debían volver y yo le hice caso. La verdad es que en el campamento dejé de recibir ayuda alimentaria. Ahora estoy con un grupo de personas que nos estamos ayudando unos a otros para construir las casas. Con este grupo, en cinco días, levantamos juntos una casa. Usamos barro porque el cemento es muy caro. Con hierba y cañas de bambú hacemos los techos."

(3)Margaret Ajok "Me encantaría poder volver a casa. Deseo estar en mi propio pueblo y tener más libertad. Lo que más quisiera es que mi hija creciera allí pero, todavía no puedo regresar. No tengo dinero y no puedo construir yo misma una vivienda. Hace seis años los rebeldes me cortaron una mano porque lloraba al ver cómo asesinaban a mi marido. Estuve tres años internada en un hospital. Ahora estoy en este campamento y dependo totalmente de la ayuda alimentaria que recibo una vez por mes, lo que desgraciadamente no es suficiente. Más de una vez mis hijos se van a dormir con el estómago vacío. Mi hija recoge leña y agua para mí. Algunos vecinos también me ayudan pero aquí también hay personas que hablan mal de mí. Me llaman ‘pedigüeña' porque no tengo ingresos."

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Etiqueta: Ejército de Resistencia del Señor, Joseph Kony, Uganda, Un Mundo Mejor

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