El incremento de los combates y los numerosos secuestros de personal de organizaciones asistenciales parecen ser parte de una campaña de la oposición orientada a impedir las conversaciones de paz. Para esta semana se tenía previsto un cese de hostilidades.
La víctima más reciente de los operativos contra personal de organizaciones asistenciales es Osman Ali Ahmed, jefe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en Mogadiscio, quien trabaja desde hace 14 años al servicio de ONU. Ayer domingo, al abandonar una mezquita donde había orado junto con su hijo de ocho años, Osman Ali Ahmed murió víctima de disparos hechos por individuos desconocidos. Hace dos semanas, fue secuestrado el jefe del Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados.
Según la Oficina de Coordinación Humanitaria de Naciones Unidas (OCHA), en el curso de la semana pasada se ha deteriorado seriamente la situación en Somalia, lo cual dificulta el suministro de ayuda porque el personal de las organizaciones es ahora blanco de ataques. Recientemente, diez colaboradores de otras organizaciones internacionales han sido secuestrados y otro fue asesinado. Entre tanto, la gran mayoría del personal extranjero ha abandonado el país, y sus tareas han sido asumidas por personal somalí.
Fuego cruzado
En los últimos días, la violencia se ha intensificado visiblemente. En la localidad de Bossaso, en el norte del país, se realizó un intento de secuestro de dos periodistas franceses; un alto funcionario somalí y su esposa perdieron la vida en un atentado de bomba en la capital del país, Mogadiscio, y en la occidental Belet Huen, la explosión de un artefacto causó la muerte a una joven de 17 años. La mayoría de las víctimas está compuesta por civiles que se encuentran en medio de fuego cruzado, o cuyas casas son alcanzadas por granadas de mortero. La organización somalí defensora de los derechos humanos cifra en 2136 el número de víctimas mortales de la violencia en lo que va de año.
El débil Gobierno del presidente Abdullahi Yusuf es cada vez más blanco de ataques. Los rebeldes han desatado una ofensiva en el centro del país y, entre tanto, se han aproximado a la frontera con Etiopía. Fuerzas de intervención etíopes apoyan al Gobierno somalí, y puede considerar como una provocación todo operativo en las inmediaciones de la frontera. En la región oriental etíope, Ogadén (u Ogadenia), miembros de la etnia somalí, que apoyan a los rebeldes somalíes, luchan contra el Ejército etíope.
Piratas
Posiblemente, en Somalia ocurre la mayor tragedia del continente africano. Debido a la intensificación de los combates y a la grave sequía en el Cuerno de África, decenas de miles de ciudadanos somalíes precisan urgentemente ayuda, y entre uno y dos millones de civiles han sido desplazados, lo que dificulta cada vez más el suministro de ayuda. La mayor parte de la ayuda se transporta en barcos que son frecuentemente atacados por piratas en la costa somalí. Si bien el Programa Mundial de Alimentación (PMA), de Naciones Unidas, se propone enviar un buque con ayuda alimentaria desde el puerto sudafricano de Durban, aún está a la espera de la escolta militar.
Tanto los intensos combates como los atentados, sobre todo contra altos funcionarios de Naciones Unidas, guardan relación con las recientes deliberaciones celebradas bajo auspicios del organismo mundial. Hace un mes, la Alianza para la Re-Liberación de Somalia (ARS) prometió en Yibuti deponer las armas en el lapso de un mes. Sin embargo, no todos los grupos opositores somalíes y sus aliados extranjeros son partidarios de un cese de hostilidades. Grupos radicales del ARS, como Al Shabaab, responsable de la mayor parte de la violencia insurgente, se niega a suscribir la tregua. Y Eritrea, el principal aliado de la Alianza para la Re-Liberación de Somalia, tampoco apoya el alto el fuego. Con sus recientes operativos militares, los opositores partidarios de la línea dura intentan sabotear los intentos de pacificación de Naciones Unidas.
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