En la víspera del Día Internacional del Refugiado, la chadiana Marie-Rose Neloum recibió una distinción especial en Holanda. La placa lleva el nombre de Gerrit-Jan van Heuven Goedhart, un combatiente de la resistencia anti-nazi durante la Segunda Guerra Mundial y primer Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados. La entrega del premio está organizada por la Fundación para los Refugiados.
Desde que Van Heuven Goedhart ocupara el cargo de Alto Comisionado, la cantidad de refugiados ha aumentado a escala mundial, y una de las regiones donde se vive más dolorosamente este problema es la frontera entre Chad y Sudán. Miles de habitantes de la provincia sudanesa de Darfur han huido a Chad, país donde Marie-Rose Neloum, presidenta de la organización Chad-Solaire, hace gran parte de su trabajo: la promoción de los hornos a energía solar.
Marie-Rose tenía un taller de costura en la capital chadiana, N'Djamena, y su interés y entusiasmo por este tipo de hornos surgió de su contacto con Derk Rijks, un holandés que deseaba poner fin a la interminable búsqueda de leña que determina la vida de muchas mujeres africanas.
Búsqueda de leña
Tras presenciar una demostración del horno a energía solar, la ex costurera chadiana supo de inmediato que eso era lo suyo. Hizo el viaje al este de su país, donde comprendió que allí la vida era muy dura, incluso para quienes no son refugiados. "Es un desierto, prácticamente desarbolado, y las mujeres de los campamentos deben caminar kilómetros para encontrar leña", dice Marie-Rose Neloum: "Además la recogida misma implica problemas, dado que los habitantes del lugar también necesitan madera para hacer fuego. A menudo se producen conflictos entre ellos, y en sus recorridos las mujeres corren el riego de ser atacadas por grupos armados".
La solución que Neloum está llevando a las cocinas de estas mujeres es muy simple: cartón corrugado cubierto de láminas de aluminio, que opera como colector de energía solar. El horno se arma en el lugar donde se va a cocinar y en su interior se pone la olla con los alimentos a cocer. El horno se va haciendo girar para que reciba todo el sol posible y en pocas horas la comida está lista. Si esto se hace en combinación con un popular tipo de horno que ahorra en consumo de leña, el gasto de madera se reduce notablemente. En el campo de refugiados de Iridimi, el primero donde se implementó el uso de hornos solares, la búsqueda de leña por parte de las mujeres disminuyó en casi el noventa por ciento.
Escepticismo
El paso al nuevo tipo de cocina no estuvo exento de dificultades, ya que, inicialmente, fue recibido con escepticismo. Pero lo cierto es que Marie-Rose Neloum tiene una gran capacidad de persuasión. "Comenzamos a trabajar pacientemente," explica, "y, lentamente, pudimos demostrar que se trata de una ayuda, complementaria a los hornos de ahorro de leña que ya se estaban usando. En el este de Chad hay sol todo el día, y no cuesta nada. Dios hizo el sol para todos. Luego les hice entender que con los hornos solares pueden hacer exactamente la misma comida que con el fuego de leña".
La promoción de los hornos solares ha comenzado también fuera de los campos de refugiados. Hasta ahora, los hornos, cuyo precio de mercado es de aproximadamente 9 euros, se financian con subsidios de organizaciones internacionales. Si bien esta suma no es fácil de conseguir, la inversión se compensa con el ahorro en tiempo y leña. Marie-Rose ha iniciado entretanto una pequeña empresa en N'Djamena. "Fabrico yo misma los hornos y se los llevo a los clientes, para que los prueben en sus casas. Cerré mi taller de costura, porque el trabajo con los hornos solares ocupa todo mi tiempo, y cada mes gano mi salario", la ex costurera.
Un salario que necesita urgentemente para reconstruir su casa, destruida en febrero pasado durante el último asedio rebelde a la capital chadiana. Ahora, la enésima rebelión en el este del país ha obligado a suspender el negocio de los hornos solares. Pero sólo por un corto tiempo, pues en Chad una rebelión es similar a una tormenta de arena: hay que contar siempre con ella. Por tanto, la producción de hornos solares sigue adelante en los campamentos de refugiados, y después de recibir la distinción en Holanda, Marie-Rose Neloum regresará a su país y retomará su trabajo sin demora.
Etiqueta: Chad, energía solar, hornos, Naciones Unidas, ONU, refugiados, África