La organización defensora de los derechos humanos Human Rights Watch, denuncia el reclutamiento de al menos 100 niños africanos por parte del ugandés Ejército de la Resistencia del Señor. Al parecer, los insurgentes, encabezados por Joseph Kony, están saqueando pueblos a gran escala. Sin embargo, su campo de acción se desplaza de Uganda a la República Centroafricana y a la República Democrática del Congo.
Además se ha dado parte de actividades del Ejército de la Resistencia del Señor (LRA por sus siglas inglesas) en el sur de Sudán. Human Rights Watch (HRW) ha instado a la comunidad internacional a que tome medidas para poner fin al resurgimiento de la violencia. Así mismo, se empiezan a esfumar las esperanzas de llegar a un acuerdo de paz con el LRA y su impredecible líder, Kony. Por su parte, Richard Dicker, de HRW, sostiene que se dispone de pruebas fiables según las cuales la violencia se desplaza del norte de Uganda a los países vecinos. La organización posee documentos que contienen entrevistas con testigos y víctimas de abusos cometidos por LRA, tanto en la República Centroafricana como en la Democrática del Congo, donde los rebeldes continúan cometiendo sus atrocidades y abusos.
Terror y temor
Joseph Kony y sus hombres han secuestrado a centenares de niños y abusado de ellos. Los menores son no sólo obligados a combatir sino que además son esclavos sexuales. LRA ha instaurado un régimen de terror y temor en el norte ugandés. Según Dicker, el resurgimiento de la violencia demuestra que Joseph Kony no es un interlocutor fiable, ya que, mientras participaba en negociaciones de paz, su movimiento fue extendiendo sus tentáculos, secuestrando niños en la República Democrática del Congo y en la República Centroafricana. A juicio de Dicker, este movimiento y su líder han perdido significado para un proceso de paz.
Por su parte, la organización holandesa IKV Pax Christi participó activamente en intentos para llegar a un acuerdo de paz con Kony. Aunque no pierde totalmente la esperanza, el responsable de la sección africana de la organización, Johan ten Velden, se manifiesta profundamente decepcionado con el incremento de la violencia. Según Ten Velden, incluso sin un acuerdo de paz, ha surgido una nueva situación en Uganda en la que la violencia ha disminuido considerablemente. Pero, es innegable que los problemas se han trasladado a la República Centroafricana y a la Democrática del Congo.
Corte Penal Internacional
Las negociaciones de paz entre el LRA y el presidente ugandés, Yoweri Museveni, comenzaron en el 2006. En aquel entonces, Joseph Kony abandonó la selva para dialogar con el vicepresidente sudanés, Riek Machar, y los encuentros condujeron a un cese de hostilidades y el establecimiento de zonas protegidas para los insurgentes, pese a que nunca se selló un acuerdo de paz. Joseph Kony teme ser extraditado y entregado a la Corte Penal Internacional (CPI), con sede en La Haya, la cual ha emitido una orden de captura. Sin embargo, Dicker opina que esto es tan sólo un pretexto, ya que lo que Kony verdaderamente teme es todo proceso en el que se le exija responsabilidad por sus actos, y lo que en realidad quiere es completa inmunidad por 20 años de atrocidades contra los pueblos ugandés, centroafricano y congolés.
Dicker es partidario de actuar enérgicamente en caso de que las negociaciones con Kony no tengan posibilidades de arrojar resultados, y opina que tanto la comunidad internacional como Naciones Unidas deben hacer todo lo posible para detener al líder de LRA. A su juicio, es posible aislar a los rebeldes cortándoles sus canales de suministro de armas y alimentos.
Solución militar
Johan ten Velden, de IKV Pax Christi, no está convencido de la viabilidad de una solución militar de tal índole, ya que en los últimos 22 años, nadie ha logrado detener a Kony. Incluso el presidente ugandés lo ha perseguido, infructuosamente, en su propio país.
No obstante, pese a las dificultades, ante el fracaso de las negociaciones, un esfuerzo coordinado de la comunidad internacional es el único medio para detener la violencia. Las atrocidades de que han sido víctima la población ugandesa, incluidos mujeres y niños, se exportan ahora a otros países.
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