Miles de habitantes de Burkina Faso se manifestaron esta semana en las calles de la capital del país, Uagadugú, para protestar contra el rápido incremento del precio de víveres y combustibles. El Gobierno asegura no poseer los recursos para aumentar los salarios, y algunos burkineses buscan labrarse un futuro en la vecina Costa de Marfil.
Uno de ellos, Ismael Loure, se ha establecido en un barrio de chabolas en Abiyán, ciudad portuaria de Costa de Marfil, cuyas ‘viviendas' de madera se encuentran a lo largo de una alcantarilla, en las inmediaciones de un barrio de lujosos chalets. Desde hace años, Ismael trabaja como criado al servicio de una acaudalada familia francesa, y gana algo menos de 100 euros al mes. Si bien su salario es muy superior al que ganaría en su país, su poder adquisitivo se reduce gradualmente. Si hace poco pagaba 10 euros por una bolsa de arroz, actualmente debe pagar 15.
Ismael, su esposa y sus tres hijos consumen aproximadamente un kilo de arroz por día. Además, con su salario debe mantener a dos de sus hijos que asisten al colegio en Burkina Faso.
La antigua colonia francesa, que inicialmente se llamaba República del Alto Volta, es aún más pobre que la vecina Costa de Marfil, cuya población también sufre los efectos de los altos precios de los víveres. Pero, si Burkina Faso depende en un 80% de la agricultura, entre más altos los precios, ¿no son mayores los beneficios para los agricultores?
El especialista en temas agrarios, Ton van de Loo, quien trabaja para la embajada danesa en Uagadugú, teme que esta pregunta no tenga una respuesta fácil. En una zona situada a unos 15 kilómetros de la capital, unas cuantas mujeres trabajan bajo el ardiente sol en campo abierto. Su capacidad de producción de víveres es limitada, apenas basta para alimentar a su propia familia, luego no se benefician en absoluto del alza de los precios.
Fertilizantes
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) se propone suministrar más fertilizantes a países como Burkina Faso, para permitir a su población aumentar la producción de alimentos. Van de Loo manifiesta sus dudas sobre el efecto de esta medida, ya que tan sólo un 4% de la población burkinesa los utiliza. Además, distribuirlos y ponerlos a disposición de todos los labriegos es una tarea titánica, prácticamente imposible.
Así mismo, se pregunta con qué fondos se debe financiar la medida. Si los agricultores reciben un mejor precio por su arroz, pueden invertir más fondos en su pequeña empresa. Luego, desde el punto de vista económico, la medida no es acertada, concluye Van de Loo.
Dinero para educación
Entre tanto, continúan los problemas para la población urbana. Francois, hermano de Ismael, vive en la capital, y ha asumido la responsabilidad del hijo de éste. Gracias al empleo que Ismael halló en Costa de Marfil, su hijo Mohamed, de 15 años, puede asistir al colegio. Y también Francois se lamenta sobre los altos precios.
Por su parte, Ismael quisiera tener un segundo empleo, ya que no espera ninguna ayuda del Gobierno, y se contenta con que las autoridades lo dejen en paz. Por el momento, fija su esperanza en sus hijos, quienes, al contrario de él, tendrán diplomas y, posiblemente, un mejor futuro que sus padres.
Etiqueta: agricultura, arroz, Burkina Faso, crisis alimentaria, África
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