Sudáfrica se une a los países que opinan que Zimbabue no puede postergar por más tiempo el resultado de las elecciones presidenciales celebradas el mes pasado. Si bien, con anterioridad, el presidente sudafricano, Thabo Mbeki, quien juega un papel clave en los contactos con Harare, negó que hubiera surgido una crisis en Zimbabue, ahora sostiene que se le citó erróneamente.
Desde el fin del régimen del apartheid, Sudáfrica es el principal aliado de Zimbabue, incluso cuando la comunidad internacional dio la espalda al presidente Robert Mugabe por su estilo dictatorial de gobierno. En vez de ejercer presión, Sudáfrica se esforzó en abrir posibilidades para negociaciones.
Durante los comicios del 29 de marzo, en los que se elegía no sólo un mandatario sino también un nuevo Parlamento, los esfuerzos sudafricanos parecían arrojar frutos. Según Tom Wheeler, del instituto sudafricano de relaciones internacionales, las elecciones transcurrieron sin complicaciones. "Gracias a las negociaciones entre diversos partidos, con mediación sudafricana, se pudo dar rápidamente a conocer el resultado de los comicios legislativos." Según el Gobierno sudafricano, esto ha sido el resultado de un discreto diálogo con los diversos participantes en el proceso político.
Creciente presión
Si embargo, comenta Wheeler, este éxito inicial de la diplomacia discreta impidió a Mbeki comprender oportunamente la gravedad de la crisis en torno a las presidenciales. Mientras que el líder opositor Morgan Tsvangirai alega haber obtenido un amplio triunfo, el partido ZANU-PF, del presidente Mugabe, propone someter a un nuevo conteo los votos emitidos en algunos distritos, y se niega a publicar los resultados. Entre tanto, en los pasados días, el Gobierno ha ordenado la detención de un número cada vez mayor de dirigentes de la oposición.
A raíz de ello, la presión aumentó también en Sudáfrica, donde, a fines del año pasado, el presidente Thabo Mbeki perdió el liderazgo del partido gubernamental, ANC, tras ser derrotado por su rival Jacob Zuma, quien tiene la costumbre de expresar acerba crítica sin rodeos.
Con su intento de ejercer su influencia en Zimbabue, Mbeki trata de evitar un agravamiento de la división, y, subsecuentemente, una mayor erosión de su posición, comenta Tom Wheeler. Además, la invitación a dar a conocer pronto el resultado de los comicios coincide con la opinión general en Sudáfrica.
Ofensiva
Sin embargo, Wheeler duda que se trate de un cambio radical, y teme que es más bien un intento de causar una cierta impresión. El Gobierno seguirá dialogando entre bastidores con los partidos en Zimbabue, pero entre tanto, Mbeki busca desplegar una campaña para combatir la crítica internacional según la cual Sudáfrica permanece indiferente ante la crisis en el vecino Zimbabue. Se trata, entonces, de una ofensiva publicitaria, para neutralizar el daño sufrido con anterioridad, cuando, tras una entrevista con su homólogo zimbabuense, el mandatario sudafricano negara la existencia de una crisis política en el país vecino, y recomendara a los zimbabuenses sencillamente tener paciencia. Ahora, Mbeki asegura que sus palabras fueron citadas erróneamente.
Nuevo mediador
Cabe, desde luego, preguntarse si Mugabe se siente traicionado por su aliado, o si, por el contrario, comprende que ya no puede esperar apoyo de nadie.
Sea como sea, para la oposición zimbabuense el giro sudafricano llega demasiado tarde. El jueves, el dirigente opositor Tsangirai exigió otro mediador en nombre de la Comunidad para el Desarrollo de África del Sur (SADC), pues, a su juicio, tras la orgía de violencia que estalló la semana pasada, mientras que Mbeki se limitaba a pedir paciencia, el presidente sudafricano ha perdido toda su credibilidad.
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