Premisa: La política china con respecto a África dista mucho de ser una historia con ganadores en ambas partes. El continente africano muestra notables cifras de crecimiento. Tras una década de guerras civiles y marginalización económica, la economía parece estar resurgiendo, especialmente gracias al milagro industrial chino.
Beijing, sede de la Conferencia Ministerial del |
China es, en la actualidad, el principal motor de crecimiento de África.
Empresas estatales como principales inversoras
Aunque también inversores chinos privados incursionan en el mercado africano, son principalmente las empresas estatales las que inundan de dinero a las autoridades locales a cambio de concesiones en el sector energético, minero y agrícola.
De esas sumas de dinero apenas caen algunas migajas entre el resto de la población. La reticencia china de exigir una administración transparente y eficiente conduce a mayor corrupción y mala gestión. Las inversiones apenas contribuyen a crear nuevos empleos porque se da preferencia a los dóciles obreros chinos. Las nuevas oportunidades no están al alcance de la mayoría de los africanos.
Las inversiones apenas contribuyen a crear nuevos empleos.
Aumento de la brecha
Por otra parte, China está provocando un aumento de la brecha entre los países ricos en materias primas y aquellos que no lo son. Del total de las exportaciones africanas, el 93 por ciento está constituido por petróleo, minerales y madera. Si bien África en su totalidad muestra un superávit comercial, tres cuartos de los países enfrenta un déficit. Estos países son también los menos favorecidos por la ayuda al desarrollo china y sufren mayor presión de la competencia china en el sector industrial.
Pero hay otros factores. Exceptuando Sudáfrica, a los socios comerciales preferidos de China en África no les atrae demasiado un gobierno democrático. Luego, la política china hacia África dista mucho de ser una historia con ganadores en ambas partes. A pesar de la amistosa retórica de Beijing, será necesario apelar a otros recursos para sacar a África del estancamiento. Para Occidente es demasiado fácil esperar que China despeje los escombros del pasado. Por ello, un mayor compromiso y un diálogo crítico con la República China son absolutamente necesarios.
*Jonathan Holslag - Investigador asociado y Director de Investigación, Instituto de Estudios Contemporáneos de China en Bruselas, Coordinador del Foro Chino de Bruselas, Experto de la Red Académica UE-China.
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