Kenia celebra elecciones cuyo resultado es incierto. Los contendores son el presidente Mwai Kibaki y el líder opositor Raila Odinga. Al mandatario se le agradece que ha traído crecimiento económico a Kenia, pero sus adversarios le reprochan ha favorecido más que todo a su propio pueblo, el Kikuyu.
|
Raila Odinga, candidato opositor
|
Un campesino pobre llamado Maora se queja de no haber visto nada "de los adelantos económicos del presidente Kibaki". El labriego clava su pala en el suelo y agrega, "los únicos que han salido adelante son los corredores de bolsa. Es por eso que votaré por Raila Odinga". Tres cuartos de los keniatas viven en condiciones precarias, en zonas rurales que apenas reciben servicios públicos.
En una cafetería de la capital, Nairobi, dos señoras elegantes beben su café espresso. Ambas temen el triunfo de Odinga, quien pertenece a la tribu Luo. "¿Qué nos espera a los Kikuyus en caso que perdamos a nuestro líder, Mwai Kibaki? La Presidencia nos corresponde a los kikuyu y nunca la vamos a entregar," afirman.
Hoy jueves, 14 millones de keniatas elegirán a un nuevo presidente, 210 parlamentarios y 2.484 concejales. La campaña electoral ha sido muy combativa y nunca antes, en un país de África Occidental, un presidente sentía tanta amenaza de ser derrotado en las urnas.
El resultado electoral no es fácil de predecir. Según las encuestas, de los nueve candidatos presidenciales, Kibaki, de 76 años, y el líder opositor Odinga, de 62 años, obtendrán casi la misma cantidad de votos. Esta diferencia mínima hace prever acusaciones de fraude y actos de violencia. Cabe destacar que durante la campaña ya murieron 30 personas.
Kibaki, quien llegó al poder hace cinco años tras vencer en las urnas a Daniel Arab Moi tras 25 años de gobierno, es considerado un hombre con poco carisma. Uno de sus colaboradores de campaña dijo que era difícil vender su imagen a un pueblo que pide más acción. Según un empresario, "Kibaki relanzó la economía, y por ello merece alabanzas, pero permite riñas entre sus ministros, y ha hecho muy poco para reparar caminos y puertos".
El triunfo electoral de Kibaki, en 2002, causó enormes expectativas. Pasajeros enfurecidos encararon a policías de tráfico que solían sobornar a los conductores de autobuses, y se expulsó del poder judicial a jueces corruptos. Después de muchos años de represión y estancamiento económico, Kenia comenzó a modernizarse a gran velocidad, y el Presidente favoreció el surgimiento de más periódicos, centros culturales, emisoras de radio.
Los nuevos fondos sanitarios permitieron el acceso de los más pobres a la medicina, la educación básica se hizo gratuita, se mejoraron los servicios de agua y electricidad y las calles de Nairobi se vieron atestadas de nuevos modelos de automóviles.
Pero, el crecimiento, cercano al 6 por ciento, ha beneficiado más que nada a los habitantes ricos de las ciudades, donde los buenos negocios prosperan en un clima de menor criminalidad. Lo cierto es que casi todos los keniatas de mayores ingresos pertenecen, al igual que el presidente Kibaki, de la etnia Kikuyu.
Cada voto por el opositor Raila Odinga es un voto contra el pueblo Kikuyu, que, de las 40 tribus keniatas, sigue siendo el más influyente en los negocios y la vida política. Hoy jueves se decide el futuro no solamente del presidente Kibaki sino además el de la estabilidad política y social de Kenia.
Etiqueta: comicios, corrupción, elecciones, Kenia, Koert Lindijer, Mwai Kibaki, Raila Odinga, África