Desde hace unos días, Libia niega la entrada al país a aquellos viajeros que no tengan una traducción al árabe de los datos del pasaporte. Los libios que viajan al extranjero enfrentan otros problemas: al salir del país, se les tacha los datos en inglés de sus pasaportes, por lo que no tienen acceso a los aeropuertos europeos. La medida, que se impuso sin anuncio previo, hace pensar en una reacción indignada del líder libio, Muammar Gaddafi. Pero si es así, ¿a qué se debe la ira?
Libia asegura haber notificado a tiempo a todas las compañías aéreas sobre esta nueva exigencia, pero las compañías afirman que no sabían nada.
La medida no es nueva. Hasta marzo de 2005, Libia exigía una traducción al árabe de los datos del pasaporte para poder ingresar al país. La exigencia se anuló una vez que las relaciones entre Libia y Occidente mejoraron.
Mejor actitud de Libia
Este progreso fue consecuencia de la decisión de Trípoli a cooperar en el caso Lockerbie, y la suspensión del programa nuclear libio. La liberación de los profesionales de la salud búlgaros a quienes Libia acusaba de haber infectado a niños con el virus del SIDA, también dio un nuevo impulso a las relaciones con Occidente. El presidente francés, Nicolás Sarkozy, quien desempeñó un importante papel en la liberación de los búlgaros, invitó a Libia a participar en su ambicioso proyecto mediterráneo. Francia está planeando hacer importantes inversiones en el país norafricano.
¿Debe interpretarse la restauración de esta condición de viaje como una señal de que el líder libio tiene diferencias a saldar con Francia? Los primeros perjudicados por la medida fueron 172 pasajeros de un vuelo de Mediterranean Air, la gran mayoría de nacionalidad francesa. A otro grupo de 83 viajeros se le prohibió abandonar Libia sin la correspondiente traducción. Todos ellos eran franceses.
¿Malentendido?
Hasta hace poco, las relaciones entre París y Trípoli parecían ir en la dirección correcta. Se había incluso planeado una visita de Gaddafi a la capital francesa. Cuando los periodistas preguntaron a Sarkozy si realmente pensaba recibir al líder libio en la capital francesa, el mandatario no dejó lugar a dudas:
"¿Por qué no habría de hacerlo? Gaddafi ha suspendido su programa nuclear, está cooperando en la lucha contra el terrorismo y liberó a los profesionales de la salud búlgaros."
Es posible que estas declaraciones del presidente francés, dichas probablemente con las mejores intenciones, no le hayan caído bien a Gaddafi.
La indignación de Gaddafi quizás esté relacionada a los detalles en torno a su futura visita a Francia. Gaddafi suele ir acompañado de muchos guardaespaldas cuando viaja al extranjero. El mandatario libio puede imponer exigencias como que se coloque una carpa en los jardines de los Campos Elíseos. Quizás incluso querría llevarse a sus camellos, como lo hizo una vez en una visita a Belgrado. Los especialistas saben que si se hacen objeciones a estas demandas, Gaddafi puede reaccionar de manera virulenta.
Turismo en Libia
Durante los casi cuarenta años que Gaddafi gobierna Libia, el turismo ha sido prácticamente nulo. El país tiene mucho que ofrecer en ese terreno: numerosos e interesantes sitios arqueológicos, una extensa costa, y variadas posibilidades para los amantes del desierto. Debido a consideraciones ideológicas y de seguridad, la industria turística no se había desarrollado. Esto sin embargo ha cambiado en los últimos años. Saif al-Islam, hijo y seguro sucesor de Gaddafi, quiere hacer de Libia una destinación turística de nivel internacional.
Si Libia continúa aplicando estas estrictas medidas a los visitantes extranjeros, no es muy probable que logren realizar sus ambiciones turísticas. Éste es un revés de peso para todos los planes de reforma que el país tanto necesita. Por ello, los observadores piensan que la medida no estará vigente por mucho tiempo. Se trata sólo de una válvula de escape a la ira de Gaddafi.
La bota de la ira
En los años ochenta, los libios vivieron un fenómeno muy particular. En determinadas ocasiones, se suspendían las emisiones de la televisión estatal, y en su lugar aparecía una bota militar con el texto "saludos de un televidente". Todo el mundo sabía que se trataba de Gaddafi, que no estaba satisfecho con el programa. Unos minutos más tarde, cuando la ira del líder se había aplacado, se retomaba la emisión.
Habrá entonces que esperar hasta que los ánimos de Gaddafi se calmen, y la situación con el control de pasaportes se normalice.
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