En Darfur, región sudanesa desgarrada por la guerra, es difícil obtener noticias, ya que no existen diarios independientes. La excepción es el que, semanalmente, cuelga en los árboles Awatif Ahmed Isshag, en el que escribe sobre la vida diaria en una región en crisis.
Awatif Ahmed Isshag, una mujer de 25 años de edad, visita actualmente Holanda para asistir a una conferencia internacional. Vestida de falda larga de tela de camuflaje y con un velo blanco, se muestra sorprendida por toda la atención que se presta a su ´diario´. Ella asumió la tarea de su hermana, quien murió hace diez años. En un principio, escribía sobre la vida diaria en su ciudad, El Fasher, pero, desde que la región de Darfur está en crisis, Isshag presta atención a la violencia, la vida en los campos de refugiados y la pobreza. Por tanto, nunca le faltan temas.
Isshag narra que la gente la busca para contarle su historia, por ejemplo, cuando va al mercado, y que a ella le resulta confortante poder darles una voz. Isshag escribe su diario a mano. Reunir y elaborar el material le cuesta mínimo dos días a la semana. Seguidamente cuelga su diario de un árbol, cerca del mercado y del colegio, adonde cientos de personas acuden para enterarse de las últimas noticias. Además, siempre hay personas dispuestas a leer las noticias en voz alta para ancianos y analfabetos. Cuando alguien señala un error, Isshag intenta corregirlo cuanto antes. Si bien en los últimos años ha oído mucho sobre la miseria causada por la guerra, las historias de los refugiados le siguen causando profunda impresión.
Según recuerda, recientemente un hombre le contó que, durante tres días, anduvo junto con su esposa y tres hijos hasta llegar a El Fasher, huyendo de la violencia y en busca de refugio.
Isshag intentó colgar su diario en los campos de refugiados, pero las autoridades sudanesas se lo impidieron. Las amenazas de que es blanco nunca le llegan directamente a ella, y de vez en cuando, su familia y amigos oyen que hay gente a quien no le agrada la crítica que expresa en su diario.
Aun así, Isshag no tiene miedo, pues se siente apoyada por la gente que le ayuda. Sus hermanos cuelgan el diario en el árbol y algunos amigos intentan hacer otro tanto en otras ciudades. Pero lo que Isshag anhela es que se publique en Internet. Es su máximo sueño, ya que, al publicarlo en la red mundial, se dará más publicidad a lo que sucede en Darfur.
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