La actuación del ejército sudanés en Darfur, en el oeste del país, ha suscitado la furia en Europa, Estados Unidos, África, y en el seno de Naciones Unidas. Crecen las voces para aplicar sanciones e incluso para abrir camino a una intervención militar.
Ya hace tiempo se acusó al gobierno sudanés de perpetrar acciones de limpieza étnica como la que se está produciendo ahora en Darfur. Los ejemplos más graves son de finales de los años 80 en las montañas Nuba y hace 4 años en el Western Upper Nile, la region del Nilo, pero no los únicos de incursiones venganza de esta naturaleza fraticida.
Desde la independencia del Sudan, en enero de 1956, se perpetraron diversas limpiezas étnicas. La comunidad internacional nunca ha reaccionado tan enérgicamente como lo intenta ahora en el caso de Darfur.
El centro del poder de Sudan – un país con enormes dimensiones – es demasiado débil y por eso las autoridades han formado en todo el territorio unidades de autodefensa basadas en principios tribales y/o étnicos.
En los años ochenta del siglo pasado, el entonces primer ministro Sadik el Mahdi, armó a milicias árabes en la región fronteriza entre el Norte y el Sur de Sudan y en Darfur.
Las actuales autoridades, que proceden del extremista Frente Nacional Islámico, disponen en todas las partes de varios tipos de milicias paramilitares para la defensa del pueblo. En cada región estas milicias operan de forma distinta en relación con los poderes de las autoridades. Esta relación es determinada en gran parte por el país vecino que interviene en el conflicto. La Janjaweed en Darfur, es decir la milicia, ha sido creada por las autoridades y tiene relaciones más estrechas con el Gobierno que las otras milicias. No todos los árabes apoyan estas estructuras armadas. Dentro de todo este contexto de violencia, existen los jefes de tribus que se reúnen sistemáticamente para decidir en quien depositar su confianza. Estos jefes no se han unido a la milicia para no poner en peligro su relación con los demás grupos étnicos.
Los agentes de seguridad que operan en el entorno del vicepresidente Ali Osman Taha, los oficiales militares y las autoridades locales han creado la Janjaweed en su forma actual. La relación de poder en Jartum hace difícil neutralizar este movimiento. Taha es el artífice del tratado de paz con el sur de Sudán. Si él tuviera que dimitir por su implicación en la milicia Janjaweed, el difícil proceso de paz entre el Gobierno central y el sur del Sudán, correría serio peligro de fracaso.
La exigencia de la ‘comunidad internacional' de desarmar la milicia Janjaweed es probablemente demasiado para el Gobierno de Jartum, ya que podría conducir a la caída del régimen. El desarme también es prácticamente imposible, porque en Darfur casi todos portan arma para su protección personal.
Darfur es tan grande como Francia, con un norte de desiertos interminables y un sur árido. ¿Cómo intervienes militarmente en tierras como esas? ¿A qué pueblos debes apoyar y cuáles combatir? Los Darfurís son todos de pigmentación negra y su diferencia con los árabes africanos es difícil de percibir.
Una intervención militar extranjera alteraría la relación entre árabes y africanos y ello acarrearía, a largo plazo, dramáticas consecuencias.
La presión internacional sobre Jartum es reciente; aunque por otras razones, el apoyo al terrorismo por ejemplo, el país ha recibido amenazas de sanciones.
Las grandes masacres comenzaron el año pasado, por lo que la intranquilidad moral de la comunidad internacional va a la saga.
Por circunstancias históricas singulares Sudán está hoy más que nunca bajo presión. Más que cuando hace algunos años los estadounidenses lanzaron una raqueta sobre la capital; más que cuando el ex presidente Bill Clinton organizó un pacto militar en contra de Jartum, con un respaldo millonario en armas.
Sudán ha buscado sus aliados en otro lugar. Las sanciones internacionales serán sobretodo sanciones occidentales, porque el país, en el pasado, cuando fue condenado por Naciones Unidas y Estados Unidos cerró alianzas, por ejemplo, con China y Malasia, que se benefician de parte significativa de la explotación petrolera sudanesa.
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