Liberar a un niño del miedo a la guerra, de manera que pueda volver a la escuela y más tarde haga un aporte a la paz y el desarrollo de un país destrozado. Esto es lo que intenta la organización holandesa War Child desde hace 12 años, mediante programas psicosociales y terapias musicales.
| La fundadora de War Child en Sierra Leona |
War Child orienta sus esfuerzos a los niños en zonas de guerra. Se trata de pequeños que viven con miedo permanente, a menudo pierden a sus padres o son utilizados como niños soldados. Esta situación reduce su desarrollo e impide que hagan un aporte a la sociedad, dice Willemijn Verloop.
War Child Nederland comenzó sus actividades en 1995. Su fundadora trabajaba para una organización en Bosnia Herzegovina donde conoció a dos británicos que enseñaban música a niños traumatizados, con el propósito de ayudarlos a pensar en otra cosa que en la guerra. A partir de esa experiencia War Child desarrolló programas psicosociales y terapéuticos con música. Unicef se ha interesado en el trabajo de Willemijn Verloop y hoy se benefician de él cerca de 850.000 niños.
Las terapias creativas y musicales que ha desarrollado War Child no han estado ajenas a la controversia. Algunos críticos señalan que en zonas de guerra los niños necesitan alimentos y un techo seguro. Verloop comparte esta crítica y señala que por ellos su organización nunca opera en zonas de emergencia. Una vez que se han resuelto los problemas más agudos, War Child comienza su trabajo para aliviar el miedo de los pequeños.
Verloop no cree posible erradicar totalmente los traumas infantiles causados por la guerra, pero sí en la ayuda que se puede prestar a los niños para que acepten sus experiencias y logren convivir con ellas. Además War Child ha implementado un programa de educación rápida. Los niños que no han logrado terminar la educación básica reciben una formación profesional acelerada.
"Lo que hacemos es reforzar la capacidad de supervivencia de los pequeños", dice Verloop. "Un ejemplo es el de una niña soldado del Congo, reclutada por el ejército, utilizada como esclava sexual, expulsada de las filas después de 4 años con un hijo que tuvo de un comandante. Rechazada por su familia, se acercó a nuestro programa. Recibió educación en mecánica de automóviles y hoy administra un pequeño garage donde también trabajan algunos ex niños soldados", agrega con orgullo Willemiin Verloop.
Para Verloop es siempre penoso verse obligada a abandonar una región porque la violencia ha rebrotado y el trabajo de War Child se hace peligroso, por ejemplo en Eritrea. Lo mismo cuando enfrenta la corrupción o la debilidad de autoridades locales. Pero, Verloop se describe a sí misma como un pittbul que cuando muerde ya no suelta.
La recepción del premio Cuatro Libertades es para ella una fuente de inspiración y esperanza. "Quiero dedicar este premio a los colaboradores locales de War Child, quienes a pesar de su propio pasado traumático se esfuerzan por educar a las nuevas generaciones en una cultura de paz", dijo. "Dedico también el premio a todos los jóvenes en zonas de guerra que luchan por el futuro de sus comunidades. Son ellos los que merecen este reconocimiento, porque hacen el verdadero trabajo", concluyó Verloop.
El premio Cuatro Libertades es otorgado anualmente a personas que simbolizan la defensa y promoción de las libertades señalas por el ex presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt: libertad religiosa, libertad de expresión, así como vivir libre del miedo y de la pobreza.
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