Las fuerzas holandesas que integran las tropas de la OTAN en la provincia afgana de Uruzgán no tienen una estrategia muy dinámica contra los talibán. Por el momento se ha decidido que, al menos hasta el próximo verano, no se buscará extender su área de acción.
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Ton van Loon, comandante de las unidades de la OTAN en Afganistán
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Esta semana, los tres ministros del "triángulo de Exteriores" (Relaciones Exteriores, Defensa, Cooperación al Desarrollo) realizaron una visita relámpago a Afganistán. Según el ministro Maxime Verhagen, responsable de la diplomacia, se trató de una primicia. Por su parte, los otros dos titulares, Eimert van Middelkoop y Bert Koenders, ya habían visitado el país asiático, si bien en funciones diferentes. Los tres prometieron apoyo financiero adicional a Kabul para la construcción del aparato policial afgano, y regresaron a Europa con planes para sustituir los lucrativos cultivos de amapola por cultivos alternativos, igualmente lucrativos, como el azafrán.
Los tres ministros realizaron una visita relámpago al Campamento Hadrian, en Deh Rawod, donde coincidieron con helicópteros y tropas de la Fuerza de Tareas de Uruzgán, cuando ésta se hallaba en plena acción para el rescate de víctimas de la inundación causada por el río Helmand. Si bien, por falta de tiempo, los titulares debieron suspender la visita a Tarin Kowt, visitaron la enorme base internacional en el Aeropuerto de Kandahar donde, hasta mayo, el comandante holandés Ton van Loon ejerce el mando de todas las unidades de la OTAN en las seis provincias sureñas de Afganistán.
El objetivo principal de la fuerza holandesa de tareas para Uruzgán es procurar una situación segura y estable en la provincia (comenzando por el sur) a fin de permitir la reconstrucción. El anterior Gabinete holandés había dejado en claro que la tarea no sería fácil. Previamente a la misión, que comenzó el 1 de agosto del año pasado y se prolongará por dos años, el Gabinete Balkenende III estableció que "el Gobierno espera que hacia el fin del período previsto de dos años se podrán obtener resultados visibles." Una ambición muy modesta, por lo visto.
Actualmente, la Fuerza de Tareas Uruzgán, en colaboración con el Ejército y la policía afganos, controlan los tres centros urbanizados más importantes, comenzando por la capital Tarin Kowt, la localidad de Deh Rawod, en el oeste, y además, hacia el norte, la ciudad de Chora. ¿Y el resto? El resto está en manos de los talibán y otros grupos combatientes, excepto las regiones inmediatamente circundantes a las dos bases norteamericanas en la provincia: Forward Operating Base (FOG), Anaconda, en el este, y FOBA Cobra, en el noroeste.
Pero incluso en Tarin Kowt aún no se ha creado una situación de seguridad que permita el libre tránsito de los militares holandeses, quienes siempre necesitan protección armada ('Force Protection'). La carretera principal entre Tarin Kowt y Chora no se puede emplear porque atraviesa el valle de Baluchi, bajo control de los talibán. Y en la zona oeste que limita con Tarin Kowt, la llamada "franja occidental", se registran combates con regularidad.
Una simple conclusión, pues, puede ser que las tropas enviadas por Holanda y el Gobierno afgano a Uruzgán son insuficientes para poder alcanzar a tiempo los objetivos. Pero el Ministerio de Defensa no puede hacer otra cosa que recurrir a los medios suministrados por el Gobierno y el Parlamento.
Eso también es extensible a las instrucciones sobre el uso de la fuerza ('Rules of Engagement') vigentes en el lugar. Si bien éstas son estrictamente secretas, los insurgentes deben haber observado una cierta regularidad desde el 1 de agosto del año pasado. Mientras no se ataque a los holandeses ni se hagan planes concretos con tal fin, en la mayoría de los casos se deja tranquilo al enemigo.
Una cita anónima de un piloto de Apache, a principios de esta semana para el Canal de Brabante: "para que hagamos uso de las armas, debe darse realmente hostilidades contra nuestras tropas de tierra, fuego contra nosotros, en forma directa o indirecta". En su blog, un militar escribe: "disparamos solamente en caso de acción enemiga concreta o en defensa propia. Además, antes de disparar, tenemos que estar seguros de que disparamos contra el enemigo y no contra ciudadanos inocentes. O sea, tiene que haber primero una identificación positiva." En otra fuente publicada se lee: "No podemos bombardear o disparar en cualquier situación. El enemigo que se proponga emprender la retirada dejando atrás sus armas y pertenencias ya no constituye una amenaza, y por tanto, no nos es permitido perseguirlos para eliminarlos".
En medios de comunicación británicos y canadienses se ha expresado crítica por esta presunta debilidad de la estrategia en Uruzgán. A ello se suma el hecho de que, hasta el momento, ningún militar holandés ha muerto en batalla, mientras que los británicos en la provincia de Helmand y los canadienses en Kandahar ya han perdido decenas de soldados.
En suma, es evidente que las tropas holandesas no tienen una política dinámica para poner fin a la amenaza talibán. Incluso los planes para ampliar el área de acción en torno a Tarin Kowt, Deh Rawod y Chora han sido congelados hasta el próximo verano. El actual comandante de la Fuerza de Tareas, coronel Hans van Griensven, quiere primero establecer qué representa la ofensiva de primavera anunciada por los talibán y estabilizar mejor la situación dentro de la delimitación actual. Si bien parece que se avanza muy lentamente, después de todo, los resultados visibles de la misión no se aguardan para antes del verano del 2008.
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