Mientras que en otros países europeos decae el crecimiento, los consumidores y productores holandeses siguen adelante, prácticamente imperturbables. La semana pasada, la Oficina Central de Estadística de Holanda (CBS) sorprendió a muchos con una cifra de crecimiento del 3,5 por ciento para el pasado año. Hoy jueves, pronósticos publicados en Bruselas confirman la impresión de que la economía holandesa funciona mucho mejor que la de la mayoría de los países del Viejo Continente.
| Kalverstraat, concurrida calle comercial de Ámsterdam |
Recelo
Eso explica también por qué Francia sigue teniendo un alto nivel de desempleo, complementa Joost Beaumont, economista del Fortis Bank. La rígida legislación que protege al trabajador contra el despido despierta el recelo de los empleadores. En este contexto, el reciente debate político sobre flexibilización del derecho patronal al despido en Holanda adquiere visos un tanto absurdos.
Wim Boonstra, economista e investigador de mercado vinculado al Rabobank, reconoce que, para la pequeña empresa aún queda mucho por mejorar en lo que se refiere a la facilidad de despido en Holanda. Pero, a grandes rasgos, considera que este debate efectivamente ha perdido actualidad y tiene objetivos erróneos.
De hecho, la economía holandesa se enfrenta con el problema opuesto, es decir, una escasez de mano de obra. Junto con Dinamarca, Holanda tiene los más bajos índices de desempleo de Europa, con unas 236.000 vacantes, o sea, tres por cada cien puestos de trabajo, confirma Michiel Vergeer del CBS.
La batalla de la competencia
Por esta razón, Wim Boonstra considera que éste será un problema de carácter más estructural en los años venideros, y que no se solucionará con el simple llamado a trabajar jornadas más largas y prolongando la edad de la jubilación. Los empresarios deberán ofrecer condiciones más atractivas para que el empleado se sienta llamado a trabajar durante más años. "Los patronos que lo consigan ganarán la batalla de la competencia que se librará verdaderamente en los próximos años", pronostica el experto.
Un factor inquietante es la insistencia en Holanda por la moderación salarial, una tendencia que tuvo su máxima expresión en el anterior Gabinete presidido por Balkenende, actual presidente del Gobierno. La medida ocasionó un descenso en la capacidad adquisitiva del consumidor que, en consecuencia, disminuyó su consumo. Esto, a su vez, provocó una caída de la economía. Según Boonstra, igualmente importante es la pregunta acerca de la productividad del trabajador, o en otras palabras, la calidad del trabajo. Y en ese sentido, la situación en este momento en Holanda es positiva.
Mayor flexibilidad
Por último, el economista Vergeer menciona otro terreno en el que Holanda supera a sus socios europeos. Frente a la globalización, Holanda ha reaccionado con mayor flexibilidad que países como Alemania o Francia. Por ejemplo, ha abandonado a tiempo sectores de la industria en los que no podría competir con Asia, como la producción textil y la construcción de barcos. "Aunque no protegemos nuestro mercado, ahora estamos cosechando los frutos de esa decisión", explica Vergeer. Actualmente importamos textiles de bajo precio de China, y eso contribuye a contener el alza de precios en Holanda. Así mismo, es innegable que, con una inflación de 1,6 por ciento, Holanda se ubica muy por debajo del 2,1 por ciento promedio de los demás países europeos.
En lo que se refiere a los productores holandeses, las perspectivas no pueden ser mejores. En enero de este año demostraron tener una inusitada confianza en la economía y en su propia cartera de clientes, en un grado tal que no se había observado desde 1985.
Optimismo holandés
Tampoco el consumidor holandés se muestra preocupado. Mientras que la economía mundial despierta pesimismo, los holandeses contemplan su propia situación con confianza. En muchos países europeos se observó el año pasado un retroceso evidente del consumo ante el temor causado por la crisis hipotecaria y el malestar bursátil. Pero los holandeses continuaron consumiendo prácticamente a igual ritmo, principalmente artículos de largo uso como automóviles y refrigeradores.
Pese a que ningún economista duda que este año se frenará el crecimiento económico, nadie se manifiesta preocupado por ello. Los pronósticos varían entre un prudente 2,1 por ciento al 2,5, o "quizás incluso" 3 por ciento, porcentaje que, de todos modos, sigue siendo superior al promedio de todos los países europeos.*