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Nuevos ritos en torno a la muerte

Philip Smet-Traducción: Anna Karina Rosales

08-08-2008

Los rituales del luto vuelven a Holanda. Décadas después de la secularización holandesa, viejas y nuevas costumbres en torno a la muerte y el luto hacen su entrada en la sociedad. "Ayudan a conllevar mejor la pérdida", dicen los expertos.

cementerio.jpgAplausos a lo largo del cortejo fúnebre, flores que son arrojadas hacia la carroza, un réquiem, o misa de difuntos, latino y una desbordante tristeza pública: el entierro de Pim Fortuyn dejó ver una imagen de Holanda que los propios holandeses no reconocen.

El político holandés, que fue asesinado el 6 de mayo del 2002, recibió una despedida que pocas veces se da en Holanda. Lo mismo le sucedió al popular cantante André Hazes. Decenas de miles de admiradores se reunieron en el estadio del equipo de fútbol del Ajax para homenajearlo. Luego, sus cenizas fueron literalmente disparadas al cielo, pero se guardó una porción para utilizarla como material para hacer un tatuaje en los brazos de sus deudos.

Moderación en la pena
"Este tipo de cosas nunca había sido tan desbordante. La mentalidad calvinista llama a los holandeses a ‘comportarse lo más normal posible, sin exageraciones de ningún tipo'. Eso también se espera en el terreno de los rituales de luto", sostiene Daan Westerink, de la Fundación Nacional de Asistencia de Duelos.

Para la especialista, "esa especie de condolencia pública -en la que ves gente llorar como en los países islámicos o en la cultura judía- eso, nunca se había visto en Holanda. Y eso tenía que ver con la cultura agraria de los holandeses, esa que dice que hay que seguir con el trabajo y continuar con el orden del día".

"Claro que existían ritos de Iglesia", explica Westerink, "como el que los hombres vistan bandas de color negro en el brazo, o el que las mujeres se cubran el rostro con velos de luto. O en Volendam, por ejemplo, donde se colgaban pancartas en las ventanas. Sin embargo, desde la secularización de los años 70 eso ya no se ve en Holanda, aunque la necesidad continúa", afirma.

Según Westerink, existen un par de factores que se encargan de que la muerte en Holanda ya no esté tan presente en la sociedad. El primero tiene que ver con el sistema médico. No sólo la calidad, sino también la organización del mismo.

"Antes, hasta el siglo XIX, los holandeses se enfermaban simplemente en sus casas, en su comunidad. Todo el vecindario desempeñaba un rol alrededor del enfermo y, finalmente, alrededor del fallecido. Las vecinas le traían sopa y se apiadaban de sus niños. Hoy en día el enfermo va solo al hospital, a una casa de convalecencia o a algún hospicio donde finalmente fallece. De esta forma no ves, no percibes, el proceso de fallecimiento de alguien de tu propia calle".

Aquí entramos en otro factor que es determinante para precisar el lugar que la muerte ocupa en la sociedad holandesa. "Nosotros los holandeses apreciamos mucho nuestra privacidad", señala Daan Westerink. "Ante una grave enfermedad o la propia muerte, la gente se mantiene distante. La familia cercana sí está involucrada y se apoya mutuamente. Otras personas desearían visitar a la familia que está pasando ese proceso, pero temen que podrían perturbarle en su tristeza. Y, por ejemplo, en el trabajo los colegas reaccionan poco o nada cuando alguien pidió permiso por luto. Simplemente ese alguien estuvo ausente por una semana y volverá tranquilamente a su trabajo".

Cambios en la actitud holandesa hacia la muerte
De todos modos Daan Westerink sí ve un cambio en la manera cómo los holandeses conllevan la muerte y el luto.

"Los holandeses estamos acostumbrados a levantar los hombros y seguir hacia adelante. Y eso no lo hemos cambiado en treinta años. Aunque sí se percibe, en algo, un cambio, que ha empezado con un pequeño grupo de gente que se atreve. Esa influencia, sea budista o islamista, viene de los nuevos pobladores en Holanda que introducen sus costumbres y su cultura de grupo. Y viene también de grupos como la comunidad gay. Cuando se celebraron abiertamente las primeras pompas fúnebres de fallecidos por la enfermedad del SIDA, fue esta comunidad la que comenzó a rendir tributo a sus muertos con desbordantes ceremonias".

Por supuesto que los holandeses se entristecen por la muerte de un ser querido. Según investigaciones, los últimos años los temas de la muerte y el luto aparecen con más frecuencia en las conversaciones entre los holandeses. Y, como confirma Westerink, a la Fundación Nacional de Asistencia de Duelos llegan cada vez más consultas de personas que tienen dificultades para enfrentar el proceso de luto.

En el mundo de la psicología es conocida ampliamente la importancia de despedirse adecuadamente del difunto. Y con los nuevos ritos y costumbres que vemos hoy en día en los Países Bajos, los holandeses confirman su necesidad de procurar la superación de sus pérdidas.

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Etiqueta: André Hazes, Daan Westerink, duelo, Fundación Nacional de Asistencia de Duelos, funeral, Holanda, luto, muerte, Pim Fortuyn

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