Sebastiaan Gottlieb

30-06-2008

A partir de las cero horas de este martes, cae el telón para los fumadores en los cafés y restaurantes de Holanda. Desde el 1 de julio regirá una prohibición general de fumar en lugares públicos.

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Benno Sweering, propietario de un café
La fuerte resistencia que esta medida provocó en un principio, parece haber disminuido considerablemente. Incluso los fumadores más empedernidos se habrían resignado a la prohibición. La única resistencia proviene de un relativamente pequeño sector de la hostelería, que el 1 de julio promoverá un procedimiento de urgencia contra la prohibición general.

Un gran número de fumadores en Holanda hará virtud de la necesidad. Utilizarán el 1 de julio como excusa para, una vez por todas, dejar de fumar. Lo que jamás lograron por voluntad propia, tiene que ser posible con esta prohibición.

"Me resulta una mala noticia", comenta un fumador, "pero a la vez es positivo, porque me obligará a dejar de fumar. Si llega el momento en que tienes que salir a la calle para fumar, y no puedes llevar tu cerveza, ahí se termina la diversión. En ese caso es mejor abandonar el cigarrillo. Muchos conocidos míos también darán este paso, lo que resulta estimulante".

Prohibición de fumar tardía
Holanda es uno de los últimos países en Europa Occidental que prohíbe fumar en sitios públicos. Ahora sólo queda Austria. Desde que Irlanda se transformara en marzo de 2004 en el primer país que implantara la prohibición general de fumar, otros 16 Estados europeos han seguido su ejemplo.

En Holanda rige desde 1990 una prohibición de fumar en todos los organismos públicos. Desde el 1 de enero de 2004, todos los pasajeros deben poder viajar en espacios libres de humo, y se prohibió fumar en los lugares de trabajo. Para la hostelería se hizo una excepción: el sector podía tomar medidas por su cuenta para disminuir el consumo de cigarrillos. Según el ministro holandés de Salud, Ab Klink, este sistema de autorregulación no funcionó, y por ello se introduce ahora la prohibición general. Al igual que en la mayoría de los demás países, la prohibición se basa en el derecho de los empleados a tener un lugar de trabajo libre de humo.

Ingenioso extractor de humo
Varios negocios ya han tomado medidas para crear espacios donde sí se pueda fumar. Esto varía desde patios cubiertos hasta ingeniosas instalaciones para extraer el humo, de forma que el personal de hostelería pueda trabajar sin sufrir molestias por el cigarrillo. Los cafés pueden también crear espacios aparte para fumadores, donde no entra el personal. Todavía existe mucha confusión sobre todas estas medidas.

Benno Sweering, propietario de un mesón en el sur del país, pensó cuatro años atrás que, con su instalación para extraer el humo, satisfacía los requerimientos del entonces ministro de Salud. Sweering comenta que el ministro había dicho que bastaba con un plan de circulación del aire. Sin embargo, la ley cambió un año más tarde. Sweering espera ahora a ver qué hace el resto de la gente.

Un café para camioneros en el este de Holanda tuvo una primicia con el llamado "barrario", una combinación de las palabras "bar" y "acuario". Allí, el barman se encuentra detrás de una pantalla de vidrio, en cuya parte inferior hay un reducido espacio abierto. Por allí se sirven las bebidas. Como detrás del vidrio la presión del aire es un poco más alta, el humo del café no entra a ese espacio.

Sin embargo, y para gran frustración del dueño, esta solución tampoco es aceptable. El personal sí dispone de un lugar de trabajo libre de humo pero, como explica el propietario, la gestión de los espacios para fumadores especifica que éstos deben estar visiblemente aislados, y en este caso se dispone de una cortina invisible de sobre-presión, lo que representa un problema.

Pequeños cafés se resisten
Para los pequeños cafés, crear un espacio para fumadores representa un gran problema financiero. Unos 400 bares donde sólo el propietario está detrás de la barra, ya han hecho saber que no acatarán la prohibición de fumar. Los ceniceros permanecerán sobre las mesas, y los clientes podrán seguir fumando, incluso después del 1 de julio. Los dueños de estos cafés temen perder a su clientela si implantan esta prohibición.

Por ello han unido fuerzas. El presidente del organismo que representa los intereses de los pequeños cafés, Jaap Brandligt, opina que, en la mayoría de los bares, entre un 70 y 80% de los clientes fuma. Una vez introducida la prohibición, parte de los clientes dejará de asistir. Esto significaría una pérdida anual de alrededor de 40.000 euros, afirma Brandligt, quien agrega que un golpe así es muy duro, y que muchos no lo sobrevivirían.

Brandligt señala además la importancia cultural de los cafés en las grandes ciudades y pequeñas localidades. Estos lugares han formado desde siempre un centro en la comunidad, y desempeñan un importante papel en la vida social. Según rumores, en Ámsterdam ya se han abierto los primeros cafés ilegales para fumadores.

El grupo de los propietarios de cafés promoverá el 1 de julio un procedimiento de urgencia contra la prohibición de fumar. Exigen que se establezca una diferencia entre locales de mayor envergadura y los más pequeños cafés. Recientemente, un juez en Alemania consideró absurdo que, debido a la prohibición de fumar, los propietarios sufrieran tantas pérdidas hasta el punto de ver su futuro amenazado. Dentro de poco, los clientes podrán volver a encender un cigarrillo en ese bar de barrio. Entonces, ¿quedará todavía esperanza para todos aquellos fumadores que esta noche en el café han de apagar sus cigarrillos?

Etiqueta: Benno Sweering, café, fumar, Holanda, Jaap Brandligt, prohibición, tabaco

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