Aunque no tenía derecho a ello, el príncipe Bernardo, difunto padre de la actual reina Beatriz de Holanda, logró conseguir en su día un millón de marcos alemanes como indemnización por daños y perjuicios. Así fue revelado por Aalders, historiador del Instituto Neerlandés para la Documentación de la Guerra, NIOD, que estudió extensamente los archivos de Holanda y Alemania. Aalders señala que el caso demuestra la pasión que tenía el príncipe por el dinero: nunca era suficiente.
En 1905 Bernardo heredó de su tío Leopoldo el castillo y las tierras de la familia Von Lippe. Bernardo tenía derecho a una compensación de 87.000 marcos, pero después de la Segunda Guerra Mundial, ese dinero fue requisado en Alemania. Bernardo exige la devolución de la suma y alega que su valor ha ascendido a un millón de marcos. El historiador Aalders opina que la codicia de Bernard fue el origen de esta reclamación.
En su día príncipe presentó la reclamación al entonces canciller alemán, Konrad Adenauer, quien opinó que Bernardo no tenía derecho al dinero e hizo caso omiso de la reclamación. Sin embargo, el Príncipe no se da por vencido y pide la intervención del entonces ministro de Relaciones Exteriores Joseph Luns. Según el catedrático de la historia parlamentaria de Holanda, Van Baalen, el Gobierno holandés se dejó utilizar por Bernardo, porque no querían que se produjese otra crisis en la Casa Real, después del caso de la curandera Greet Hofmans, que había sido expulsada del Palacio, por tener demasiada influencia sobra la Reina Juliana.
Finalmente Bernardo recibió el millón de marcos debido a que Alemania no quería complicar más la relación con la Casa Real holandesa. El dinero forma parte de los 275 millones de euros que Alemania pagó 1960 a Holanda en concepto de Wiedergutmachung.
Según Aalders, la indemnización del Príncipe tuvo que mantenerse en secreto y los ministros holandeses estaban dispuestos a mentir. Un verdadero pecado de muerte, según el sistema parlamentario holandés.
Bernardo utilizó también su posición como esposo de la entonces Reina Juliana al encargar que se restaurara un yate real, el Piet Hein. El yate de lujo, fue un regalo del pueblo holandés con motivo del enlace matrimonial entre Juliana y Bernardo en 1937.
Durante la Segunda Guerra Mundial el barco fue requisado por los alemanes y cuando, tras la contienda europea, fue hallado nuevamente, el yate estaba en muy mal estado. El barco fue restaurado por un millón de florines holandeses. Inicialmente la Casa Real pagaría esa suma pero Bernardo logró que ese dinero saliera de las arcas estatales holandesas.
El experto en la Casa Real, Ben Kolster confirma la imagen avaro del Príncipe y hace mención al Caso Lockheed en el que Bernardo recibió dinero de un fabricante norteamericano de aviones. Según Kolster, el Príncipe no era como el resto de los miembros de la Casa Real de quienes se conoce que sus intenciones estaban dirigidas a hacer el bien para la sociedad.
Kolster considera, por otra parte, que recuperar ahora ese dinero de la Casa Real además de imposible no es deseable.
"Hace ya demasiado tiempo, el Príncipe ha muerto y el resto de involucrados tampoco vive. Es muy difícil imaginar la posibilidad de responsabilizar a su hija, la reina Beatrix, sobre el caso.
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