Hace tres años, el pueblo holandés rechazó la Constitución Europea. Esta semana, el Parlamento holandés ratifica el Tratado de Lisboa. Este tratado elimina los símbolos de un Estado federal que se encontraban en la Constitución. Pero más allá de eso, el nuevo Tratado coincide con la antigua Constitución. ¿Qué hizo cambiar de opinión a los holandeses?
Engañados
Según Harry van Bommel, miembro parlamentario por el Partido Socialista, los holandeses deberían haber tenido la oportunidad de volverse a pronunciar por referendo, y manifiesta "sentirse engañado". El pueblo holandés ya dio claramente su negativa, afirma el político. Ahora estamos ante un Tratado de Lisboa que en un 95% es igual que el Tratado Constitucional. Sin embargo, Van Bommel opina que el Gobierno niega este hecho, afirmando que es un tratado completamente diferente.
Sin embargo, otros no perciben el menor problema. Afirman que el Tratado es lo suficientemente diferente de la rechazada Constitución. El parlamentario por los liberales del VVD, Han ten Broeke, considera que los aspectos que han cambiado son bastante esenciales. Podrán ser menos del 5%, pero argumenta que también nuestro ADN difiere en sólo un 2% del de los simios, y que aún así, esta diferencia es esencial.
Tarjeta naranja
Ten Broeke afirma que, por primera vez, los parlamentos nacionales pueden desempeñar un papel en Europa. Éste es la llamada "tarjeta naranja", que le da el derecho a la mayoría de los parlamentos nacionales a rechazar una propuesta del Consejo Europeo. La tarjeta naranja no estaba incluida en la Constitución. Además, las regulaciones para una ampliación de la Unión Europea son ahora más severas, y están incluidas en el nuevo tratado. Según Ten Broeke, éstos son dos aspectos que responden a las exigencias de los holandeses. Querían ver más de su identidad nacional en el proceso de toma de decisiones, y no querían que la ampliación de la Unión se pareciera a un salto al vacío.
Parece entonces que el pueblo holandés tendrá más voz y voto en Europa una vez ratificado el Tratado de Lisboa. Se trataría de un importante paso hacia la democratización de la Unión Europea. Pero aún con este avance, el Gobierno holandés se ha distanciado de la más democrática de todas las iniciativas: dejar que el pueblo se pronuncie por referendo.
Sentimientos encontrados
A Marico Peters, de la Izquierda Verde, esta situación le genera sentimientos encontrados. Considera una gran ocasión el que se esté ratificando un tratado para Europa, pero a la vez es triste ver cómo la democracia en este caso falla.
Tan sólo la semana pasada, fracasó un último intento de imponer un referendo sobre el Tratado de Lisboa. El parlamento rechazó el plan, y sólo 42.000 holandeses firmaron una petición para que se celebre un referendo. Sin embargo, el Gobierno involucrará a parte del público en este proyecto. En las próximas semanas, los políticos explicarán el contenido del Tratado en reuniones a celebrarse en cuatro diferentes ayuntamientos.
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