En un controvertido juicio, el juez francés ha rechazado la petición de eutanasia de Chantal Sébire, de 52 años de edad. Un tumor ha desfigurado el rostro de Sébire y el dolor es insoportable. Ante la negativa de la Justicia francesa, la mujer está considerando pedir ayuda a médicos en el extranjero. Pero a países como Holanda, donde se permite la eutanasia en circunstancias determinadas, no les entusiasma la idea de una "turismo de eutanasia".
Chantal Sébire abandona el Tribunal Supremo de Dijon, |
Relación de confianza
Hace seis años se adoptó, en Holanda, la ley "Control de la terminación de la vida a petición y ayuda al suicidio". La cláusula sobre una "relación de confianza" tenía que evitar que Holanda se convirtiera en un refugio para pacientes de países donde no estuviera permitida la eutanasia.
En Bélgica, que contempla una ley similar, se han producido casos en que llegaban extranjeros en busca de la inyección letal. El especialista en cáncer y presidente de la Comisión Federal para la Eutanasia en Bélgica, Wim Distelmans, opina que también Chantal Sébire tendría una oportunidad: "En mi círculo se dice que existen médicos que no se mostrarían tan reticentes y se preguntan por qué no viene esta paciente a Bélgica. Me consta que se han producido casos en los últimos cinco años; como un alemán, por ejemplo, que vino a Bélgica con un cáncer terminal y le ayudaron aquí. Se trata, a fin de cuentas, de lo que se entiende por una relación de confianza entre médico y paciente".
Y es que este concepto no lo determina la ley belga ni holandesa. Aun así, Rob Jonquière, director de la Asociación holandesa para una muerte voluntaria (NVVE), opina que un caso como el de Chantal Sébire no entusiasma a Holanda, por muy penoso que sea.
"Mi intuición me dice que ningún doctor querrá ayudarla. Esa quizás sea la diferencia entre Holanda y Bélgica. En Holanda se quieren hacer las cosas de una manera transparente y además nos distinguimos por acatar las reglas. He comprendido que el Gobierno quiere que se informe debidamente de los casos de muerte asistida o muerte por causas no naturales de personas extranjeras. Estos casos serían sometidos a una investigación judicial.
Además, según Jonquière, los medicos holandeses son sumamente reticentes a la hora de practicar una eutanasia, a pesar de que Holanda es uno de los primeros países que legalizaron la muerte asistida. Los doctores holandeses aplican la eutanasia solamente a personas a las que conocen desde hace años.
Suiza
Al contrario que en Holanda y Bélgica, en Suiza no se trata de eutanasia sino de ayuda al suicidio. En los últimos años, cada vez más holandeses han ido a Suiza para someterse a la eutanasia, según señala la organización suiza, Dignitas, que ayuda a pacientes que desean morir.
En Suiza la eutanasia se califica como "asistencia al suicidio", algo que no está prohibido en ese país. Esa asistencia la pueden prestar tanto los médicos como ciudadanos corrientes. Desde 1998, más de 700 extranjeros han hecho uso de esa posibilidad.
Rob Jonquière de la asociación holandesa NVVE cree que la mejor alternativa para Chantal Sébire sería ir a Suiza. Sin embargo, esa solución tiene también sus lados negativos, opina Jonquière. Si se ayuda a pacientes en países donde la asistencia al suicido es permitido, ya no hay presión sobre otros países como Francias, para crear una legislación digna que resuelve los problemas.
Hoaldan sí tiene una legislación digna. Jonquiere está seguro que en Holanda, el caso de Chantal Sébire habría entrado dentro de los criterios de esa legislación, de haber sido holandesa.
Etiqueta: ayuda a morir, Bélgica, Chantal Sébire, Eutanasia, Holanda, muerte asistida, muerte dulce
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