Para la mayoría de la gente, la muerte es la muerte sin rodeos. Pero, el profesor de Etica médica Robert Veatch no está tan convencido de ello, y reconoce que, en ocasiones, es difícil establecer el final de la vida y, por tal razón, propone formular diferentes definiciones del concepto muerte. Por lo general, en términos legales se define la muerte como la interrupción definitiva de toda actividad cerebral. No obstante, según algunos la muerte se caracteriza por la incapacidad de respirar, mientras que otros opinan que la muerte es la pérdida de la conciencia.
Así mismo, el catedrático opina que se debía conceder a la gente la oportunidad de elegir la definición que considere más adecuada, porque el tema de la muerte es todo menos simple. La muerte adquiere su significado en conformidad con el contexto, y lo que a nosotros nos interesa es establecer el momento en que se debe brindar a la gente el trato que se da a los muertos, el momento a partir del cual se debe pagar el seguro de vida o una persona se debe considerar viuda. Son muchos los comportamientos sociales que se activan desde el momento en que se considera a alguien como fallecido.
Los adelantos en la tecnología médica nos permiten actualmente mantener ciertos órganos en funcionamiento, pero no todos. Como consecuencia de este hecho, por primera vez en la historia de la humanidad la muerte no es un tema nítido, y ha dejado de ser un asunto netamente médico.
Según el doctor Veatch, si él tuviera la oportunidad de decidirlo, se le debe considerar muerto a partir del momento en que ha perdido irreversiblemente la conciencia. Actualmente, el concepto de muerte depende de ciertos puntos de vista religiosos y filosóficos referentes a lo que constituye la esencia del ser humano. No obstante, el experto admite que no todo mundo comparte su parecer, lo que a su vez lo conduce a la conclusión de que sería necesario crear la posibilidad de, en conformidad con las diferentes circunstancias, definir si una persona está muerta o viva.
El tronco encefálico puede mantener activas ciertas funciones, como las respiratorias, incluso en un estado vegetativo permanente. Entonces, puesto que los judíos ortodoxos consideran la respiración como el fundamento de la vida, si un paciente puede seguir respirando, por ejemplo con la ayuda de aparatos, mientras respire lo considerarán como un ser vivo. Éste es un ejemplo de una decisión basada en convicciones religiosas y espirituales que, según el profesor Veatch, debe considerarse como una definición personal válida y aceptable.
Hay además quienes opinan que la vida debe mantenerse bajo toda circunstancia, gente para quien retirar los sistemas de mantenimiento de la vida equivale a la eutanasia, la cual es ilegal en la mayoría de los países. Pero, en esos países, la muerte se define como la pérdida de las funciones cerebrales y, en tal caso, el tema de la eutanasia no es relevante. En estos casos, puesto que la eutanasia sólo se puede aplicar a personas que aún están en vida, apagar un aparato para respiración asistida no equivale a eutanasia, ya que se trata ya de una persona sin funciones cerebrales y, por tanto, muerta.
A pesar de todo lo anterior, aún cabe preguntarse si se puede aplicar eutanasia a un paciente cuyas funciones cerebrales están parcialmente activas. Si bien Holanda la ha legalizado, la eutanasia sigue siendo un tema que provoca controversia de orden ético. Sin embargo, el doctor Veatch no quiere que la libertad para elegir el momento de la muerte afecte su defensa por la libertad de decidir el verdadero significado de ese momento.
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