En poco tiempo Argentina se ha convertido en un país de paso de cocaína hacia Holanda. Es lo que se puede deducir de la cantidad de holandeses que están presos en el país sudamericano por intento de tráfico. Hace 2 años había 3 holandeses en las cárceles argentinas por este delito: hoy son 35.
Según cifras del ministerio holandés de Relaciones Exteriores, el 1 de marzo de este año había 2.515 holandeses presos en el extranjero, de los cuales 668 en prisiones latinoamericanas. De este último grupo, prácticamente todos fueron detenidos por delitos relacionados con el narcotráfico. La información no es precisa porque faltan investigaciones serias y cifras exactas, pero el aumento de detenciones de holandeses en Latinoamérica se puede explicar como un cambio de las rutas de la droga. Los estrictos controles en el aeropuerto holandés de Schiphol y en los aeródromos de las Antillas y Suriname, ha movido a los narcotraficantes a buscar vías a través de Venezuela y República Dominicana en la región caribeña y de Perú, Brasil y Argentina en Sudamérica.
De las entrevistas con holandeses detenidos en cárceles de la capital argentina, Buenos Aires, se desprende que es extremadamente fácil hacer un acuerdo en Holanda para un "viaje". El contacto se produce en la calle o en un bar, donde se habla del tema y se ofrece la posibilidad de hacerlo. La mayoría de los traficantes ocasionales tienen parientes o amigos con experiencia en el negocio. Luego basta un par de llamadas telefónicas, y el tráfico de un kilo de cocaína puede dejar hasta 4.000 euros de ganancia. Pero, también es evidente que los traficantes ocasionales subestiman las posibilidades de ser atrapados por la policía, desconocen el rigor de la justicia argentina y lo que significa pasar una temporada en una cárcel de ese país.
La holandesa Precious tuvo algo de suerte. Está detenida en un presidio especial para mujeres, bastante moderno, cerca del aeropuerto de Buenos Aires. "Creí que lo había logrado", dice la mujer: "Estaba ya en el avión y faltaba un par de minutos para el despegue. Entonces me vinieron a buscar y me bajaron, buscaron en mi equipaje y encontraron la cocaína escondida en potes de maquillaje. Yo no entendía una palabra porque no hablo castellano, hasta que uno de ellos me dijo en inglés que me fuera preparando para pasar unos diez años en la cárcel".
Precious encontró apoyo en otras holandesas que ya estaban en la cárcel. Pero, en los primeros meses debió batallar duramente para hacerse un lugar en el presidio. "Las presas argentinas consideran que por ser extranjera no tienes ningún derecho, ni siquiera a comer o beber", explica: "Las gendarmes se encargan además de humillarte, te insultan por cualquier detalle, o entran a tu celda y se llevan tus cartas y fotos de tus familiares". Entretanto Precious ha aprendido castellano, lo habla con fluidez, y sabe defenderse sola. Su gran preocupación es que lleva en la cárcel un año y tres meses y todavía no ha recibido sentencia. Si todo sale bien puede recibir la pena mínima, cuatro años y medio: la pena máxima por este tipo de delitos es de casi quince años de presidio.
La inseguridad y la extrema lentitud del procedimiento penal son las quejas principales de las detenidas. Además, en la mayoría de los casos el contacto con los abogados de oficio no es favorable a las detenidas. En la práctica casi todas las holandesas son sentenciadas a la pena mínima de cuatro años y medio de cárcel. Si muestran buena conducta cumplen la mitad de la pena en Argentina y luego son enviadas directamente por avión a Holanda.
Según las autoridades carcelarias argentinas, Boney es un presidiario ejemplar. Gracias a su buena conducta, desde hace un año se encuentra en una así llamada "colonia", una cárcel pequeña, con un régimen menos estricto, situada a unos 600 kilómetros de Buenos Aires. En sus años de presidio Boney ha conseguido diplomas de panadero y peluquero y dentro de dos meses podrá regresar a Holanda. Tiene un hijo que nació durante su presidio, al que no ha visto nunca, y está ansioso por partir. "Voy a decirle una sola cosa", afirma Boney: "¡Cualquier cosa menos esto! No me importa si tengo que recoger papel viejo por las calles el resto de mi vida para darle de comer a mi hijo, pero esto, ¡nunca más!".
Etiqueta: actualidades, america Latina, derechos humanos, economia, entrevistas, europa, Holanda, internet, latinoamerica, media, noticias, onu, paz, politica, radio, radio nederland, telecomunicaciones