Los holandeses detestan la guerra y la violencia, y prefieren evadir conflictos. Por tal razón, la Segunda Guerra Mundial tuvo un gran impacto en el país. Un grupo de destacados historiadores realizó un estudio sobre la violencia en Holanda, y obsequió el informe al director del Instituto Holandés para la Documentación sobre la Guerra, Hans Blom, con ocasión de su sexagésimo cumpleaños.
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Además, opina que esta frase caracteriza la mentalidad del holandés, su incapacidad para manejar situaciones de violencia. Como historiador, hace además referencia a la relativamente pacífica historia nacional, pues, el único período sangriento fue el de la constitución de la República. Posteriormente, se concedió más importancia a la consolidación y la protección de los intereses comerciales, los cuales justamente florecen en tiempos de paz. Y de desatarse una guerra, los holandeses procuraban no participar en ella, y recurrían a los servicios de mercenarios.
Debido a que, por tradición, Holanda ha concedido prioridad a sus intereses comerciales y a la neutralidad, su población no posee esa ética militar que caracteriza, por ejemplo, a los alemanes, franceses, italianos e ingleses, cuyos soldados están dispuestos a sacrificar sus vidas por la patria, y valoran el heroísmo. Tan sólo la Marina Holandesa, protectora de los buques comerciales, goza de reputación nacional.
Con la segunda conflagración mundial, se pone abruptamente fin a la ilusión del pacifismo. Hasta entonces, Holanda observaba una política neutral, y ello explica la dificultad que ha tenido el país para asimilar la experiencia de la guerra, pues era incompatible con su pasado.
Sin embargo, el trauma causado por la guerra no dio origen a una nueva política y, después de terminado el conflicto mundial, Holanda restableció su neutralidad y su pacifismo, aunque ahora bajo protección norteamericana. Según el catedrático Von der Dunk, Estados Unidos fue una suerte de hermano mayor para Holanda, y asumía la responsabilidad de tomar decisiones difíciles, evitando problemas y dificultades al pequeño país.
Un típico ejemplo de la mentalidad holandesa es el drama ocurrido en el enclave bosnio de Srebrenica, que, a pesar de hallarse bajo protección de cascos azules holandeses, fue conquistado por los serbobosnios, sin que los holandeses opusieran la menor resistencia. Como consecuencia, miles de hombres musulmanes fueron masacrados. Esta tragedia revela dolorosamente la falta de habilidad y la incapacidad de los holandeses para hacer frente a la violencia.
El odio a la violencia también se manifiesta en el ámbito nacional. Los políticos, los empresarios y los empleados colaboran para lograr el consenso. Las autoridades y la policía aspiran a ser consideradas como "amigos" de la ciudadanía. Todo ello, sin embargo, originó un proceso que justamente desató más violencia.
Según Hans Blom, director del NIOD, se trataba de un proceso en el que la postura de la autoridad, que ostenta el monopolio de la violencia, provocó una actitud más reservada de las autoridades en lo tocante al manejo de la violencia. En consecuencia, se aborda con menos energía manifestaciones espontáneas de violencia en la sociedad. El resultado es que hoy en día se da violencia en Holanda que en los años 50.
Como ejemplo, Blom menciona los disturbios causados por "okupas", u ocupantes ilegales de viviendas, en los años 80, y el ineficaz enfoque con el que las autoridades hacen frente al problema del gamberrismo en los estadios de fútbol. Esta actitud ha colocado gradualmente a las autoridades holandesas ante graves problemas.
Las repercusiones de los atentados del 11 de septiembre, la amenaza del terrorismo internacional, la guerra en Iraq y la globalización son asuntos que también afectan a Holanda. En las ciudades holandesas aumentan la criminalidad y los problemas con jóvenes inmigrantes. Según Van der Dunk, estas dificultades son, en parte, causadas por la tendencia a solucionarlo todo mediante el diálogo.
El experto opina que, actualmente, la sociedad holandesa hace frente a las consecuencias de la ingenua fe en el diálogo y el consenso, la cual fue efectiva durante décadas, pero ya no lo es. En esta nueva situación ha surgido el clamor por una actuación más enérgica de las autoridades, pues las normas tradicionales ya no surten efecto.
Según Van der Dunk, es tiempo de que Holanda acepte la realidad de la violencia como hecho innegable. Por otra parte, reconoce que solucionar un conflicto mediante el diálogo es una innegable señal de civilización.
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