Los musulmanes son prisioneros de su propia concepción común. Su concepto de solidaridad se limita a otros musulmanes. Según el científico malayo y reformista musulmán Farsi Noor, esta actitud no sólo es contraproducente sino que atenta contra los principios fundamentales del Islam.
Farsi Noor trabaja como investigador en el Centro para el Estudio del Oriente Moderno, en Berlín. A pesar de que reside durante mucho tiempo en Europa, en su patria es conocido como activista de los derechos humanos y reformista del Islam. Los artículos que publica en un diario malayo le han dado fama de "joven airado" cuya visión poco ortodoxa de la religión suscita regularmente la irritación de los eruditos musulmanes conservadores.
"Debido a la globalización - dice Noor - la comunidad musulmana es ahora más que nunca una unidad. Y esa misma globalización ha conducido a que los musulmanes lleguen a considerarse ellos mismos como minoría perseguida dentro de la comunidad mundial. La pobreza generalizada entre los musulmanes y los problemas políticos en Palestina, Iraq y Afganistán han reforzado esa impresión. Como reacción a ello, muchos musulmanes se retraen en el seno de su propia comunidad donde encuentran refugio seguro dentro de un mundo hostil".
Según Noor, esa reacción es, más bien, contraproducente pues lleva a una peligrosa mentalidad de ghetto y a adoptar una actitud defensiva y paranoica hacia el mundo exterior.
"Los musulmanes se sienten víctimas del resto del mundo. La idea de estar expuestos a persecución, les hace tendentes a culpar al mundo exterior de todo lo que les ocurre. Ello conduce a una actitud suspicaz y agresiva hacia otros y, en algunos casos, a justificar acciones violentas como el terrorismo"
La concepción común de los musulmanes modernos es respaldada por conocidas contradicciones en la teología islámica tradicional entre la "casa del Islam" y la "casa del caos y la guerra", la idea de una comunidad musulmana donde reina el orden y la paz y fuera de ella, sólo el caos y la guerra.
El mayor desafío para los musulmanes de hoy día, dice Farsi Noor, es liberarse de esa exclusiva concepción común y ampliar su solidaridad a toda la humanidad.
Durante mucho tiempo, el propio Noor se ha sentido dividido entre su fe en los ideales universales y sus sentimientos de solidaridad hacia otros musulmanes. Cuando ya llevaba residiendo varios años en Inglaterra, a principios de los años 90 ocurrió algo que le sacó del atolladero: durante la primera Guerra del Golfo se encontró con un grupo de mujeres mayores en una pequeña iglesia provincial que oraban por "la gente de Iraq".
"Aquí tenía un ejemplo. Cristianos en Inglaterra que rezaban por las víctimas de la guerra en Iraq; gente cuyo concepto de amor al prójimo no se limitaba a la comunidad cristiana. Mi primera reacción fue de vergüenza porque yo no había visitado nunca una mezquita donde hubiera visto a musulmanes rezando por cristianos, hindúes o budistas. Nuestra caridad y amor al prójimo se dirigía, casi exclusivamente, hacia otros musulmanes"
Noor comenzó a abogar por un "Islam sin fronteras". El Islam, dice, se ha presentado siempre acentuadamente como una religión universal que no se limita a una comunidad racial o étnica. Justamente por esa razón, el Islam siempre ha conseguido unir pueblos de muy diferentes trasfondos culturales y étnicos. El mundo globalizado reta ahora al Islam a liberarse de los últimos residuos de nacionalismos y a difundir su mensaje universal más allá de las fronteras de la comunidad musulmana.
"Creo que el Islam sólo se puede desarrollar dirigiendo su atención al mundo exterior. Nosotros hablamos de un Dios de Amor universal. Pero si el amor de Dios no se limita a un determinado color de piel, raza o creencia religiosa ¿por qué el nuestro sí? Si queremos ser musulmanes de verdad, debemos emprender ese camino".
Según Noor, las tradicionales contradicciones entre la casa del Islam y la casa de la guerra no pertenecen al Islam original, sino que forma parte de una mentalidad imperialista que se desarrolló en los siglos posteriores a la revelación del Corán.
"No olvidemos que los antiguos soberanos musulmanes eran puros imperialistas: conquistaban y colonizaban. Al igual que los colonizadores europeos, defendían una ideología que justificaba la colonización de otros; un equivalente a la "misión civilizadora" europea.
Las contradicciones entre creyentes y no creyentes están también presentes de manera prominente en el Corán. Siguiendo el ejemplo de reformistas como Nasr Abu Zayd, Noor aboga por una aproximación histórica del Corán. El texto, dice, contienen elementos específicos universales tanto históricos como atemporales. El Libro está pleno de instrucciones sobre el trato de esclavos, pero nadie dirá que debemos volver a la época de la esclavitud. Así pues, los versos del Corán que llaman a la guerra santa contra los infieles ya no tienen vigencia. Los conceptos de atemporal y universal en el Corán son los valores fundamentales de Libertad y Justicia así como los principios básicos de la religión como del monoteísmo.
"Si queremos profundizar en el significado del Corán en los tiempos actuales. Son esos los elementos que debemos analizar. Tomemos por ejemplo la idea del monoteísmo que recalca la unidad de Dios y de la Creación. Si toda la Creación es una unidad y procede de la misma fuente, se puede concluir, por lógica, que la humanidad también es una unidad. Este concepto debería crear las condiciones para que los musulmanes consideren a los discípulos de otras religiones como semejantes creados por el mismo Dios.
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