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¿Revolucionario o agitador?

Hans Jaap Melissen

27-12-2007

"Ahmadinejad es más bien de los que la pelean en la calle, como tantos jóvenes que en otras épocas había en Teherán. Eran de los que se autoproclamaban protectores del barrio, aunque no estuviera aconteciendo nada preocupante."

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Mahmud Ahmadinejad se dirige
a Naciones Unidas.

Farhad Golyardi, sociólogo y publicista, opina que el presidente iraní sí tiene agallas, aunque a veces su comportamiento limita con la fanfarronería. Un ejemplo es cuando Ahmadinejad se explaya sobre sus ambiciones nucleares, o cuando afirma que de quererlo, Irán puede borrar a Israel del mapa en un santiamén. Tanta bravata mientras que, señala Golyardi, prácticamente todos los meses algún avión en Irán se viene abajo por falta de repuestos.

Revolucionario
Aún así, Golyardi está convencido que las agallas de Ahmadinejad son verdaderas. El presidente pertenece a la generación que vivió la revolución iraní, una generación que ha sufrido la guerra en carne propia. Dentro de la guardia revolucionaria, a la que Ahmadinejad pertenecía, hay un grupo que quiere preservar ciertos valores y normas. Éstos son los verdaderos revolucionarios, dice Golyardi. Creen que uno está en esta vida no sólo para satisfacción personal, sino también para hacer felices a otros.

"Ahmadinejad quiere ser un Che Guevara islámico", agrega Golyardi, "un revolucionario que escribe cartas a Bush, Sarkozy y otros".

Esta actitud se reflejó también en el discurso que el pasado septiembre Ahmadinejad pronunció frente a Naciones Unidas: antes de ayudarse a sí mismos, los iraníes deben asistir al mundo. Según Golyardi, tales declaraciones serán bien recibidas en la comunidad internacional, pero no en Irán. El pueblo iraní está completamente absorbido por las necesidades de la vida diaria. Para muchos, ganarse el pan es una tarea en extremo difícil. Las carencias son grandes desde que a Irán se le impusiera un boicot económico. Por tal razón, para Golyardi, las declaraciones de Ahmadinejad en Nueva York son sin más absurdas.

Una de sus respuestas más memorables fue al preguntársele sobre cómo justifica que en Irán se ejecute a homosexuales. Ahmadinejad dijo simplemente que "no hay homosexuales en Irán".

Oídos sordos
Golyardi opina que con este tipo de declaraciones, frente a un público formado por estudiantes norteamericanos, lo único que Ahmadinejad consigue es hacer el ridículo. Además, con su retórica termina errando el objetivo, porque ¿qué sentido tiene pronunciar un discurso en Naciones Unidas si los norteamericanos, los franceses y los británicos abandonan la sala? El mensaje de Ahmadinejad sólo llega a algunos países africanos y asiáticos, opina Farhan Golyardi.

En realidad, la actitud de Ahmadinejad encaja en la reciente tradición política holandesa de decir lo que se piensa. Sin embargo, esto le puede costar caro en su país natal. En determinado momento, el electorado iraní se pronunciará sobre las agallas de Ahmadinejad, y las perspectivas no son tan buenas, cree Golyardi:

"Vista la situación actual, es posible que Ahmadinejad sea derrotado en las próximas elecciones".

Los comicios en Irán se celebrarán dentro de tres meses. Para ese entonces, quedará claro qué consiguió Ahmadinejad con sus agallas (o sus fanfarronadas).

Etiqueta: agallas, Ahmadinejad, Irán, Israel, Naciones Unidas, programa nuclear, revolucionario

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