El famoso director de orquesta ruso Valery Gergiev, con raíces en Osetia del Sur, llega esta tarde a la conflictiva región para llevar un mensaje de paz. El músico dirigirá esta noche un concierto al aire libre en el centro de Tchinvali, una ciudad severamente castigada por los fuertes combates.
Valery Gergiev © Rotterdam Philharmonic Orchestra
Gergiev nació en Moscú de padres procedentes de Osetia, y se crió en Vladikavkaz, la capital de la provincia rusa de Osetia del Norte.
Actualmente es director titular de la Orquesta Sinfónica de Londres y también director artístico del teatro Mariinski de San Petersburgo. Esa orquesta será la que ocupe el podio esta noche.
El conductor ha manifestado que su decisión de dar el concierto fue movida por su deseo de acercar a la gente y propiciar una reconciliación. El año pasado, Gergiev habló con Radio Nederland Wereldomroep acerca del poder de la música ante los conflictos.
"El mundo necesita esta paz y los músicos son capaces de proponer este tipo de principios. Pueden también ser un buen ejemplo para muchos políticos, los responsables.. Paz es exactamente aquello en lo que todos creemos, si pensamos mañana o pasado, y especialmente si pensamos en nuestros hijos", decía Gergiev en aquella entrevista.
A pesar de todo, el músico no intenta disimular su lealtad nacional frente al conflicto. "Hay una cosa que sé: cuando mil o 12 mil personas mueren, muchos de ellos mientras dormían tranquilamente en sus camas, el mundo no puede cerrar los ojos ante este hecho", opina el director.
Sinfonías del concierto
Jan Raes es jefe de la Orquesta Filarmónica de Rótterdam, donde Gergiev fue director por 13 años. Las obras que se escucharán esta noche serán la Séptima Sinfonía de Schostakovitch y la Sexta de Tschaikovski. ¿Por qué estas obras son apropiadas para ser interpretadas en medio del conflicto en Georgia? Además, ¿habrá alguien interesado en oírlas?
Jan Raes responde que "la séptima de Schostakovitch es realmente una obra simbólica para llevar esperanza a la gente. Y la Patética de Tschaikovski es para muchos, especialmente en Rusia, una especie de obra de despedida. Se refiere a la muerte... es la última sinfonía que escribió Tschaikovski y todo el mundo conoce su movimiento lento. Además tiene algún poder religioso, tal vez, para esa población... para unir a la gente que está sufriendo".
Música y política es una mezcla tradicionalmente peligrosa, y Gergiev es conocido por sus ideas pro rusas. Después de todo es un amigo de Vladimir Putin. ¿Es posible que alguien cuestione sus reales motivos?
Jan Raes considera que "Gergiev es un gran músico, desde luego. Con todas sus relaciones el unirá a la gente. Yo pienso que ése es su principal objetivo. Pero su primera reacción fue muy emocional porque él se crió en esa región. Gergiev habla el idioma de Osetia con su mujer y sus hijos en casa, no ruso. Por eso le toca muy cerca, emocionalmente, y yo pienso que para él es muy importante crear algunos puentes y transformarse en un embajador para la empatía".
Efecto balsámico de la música
La música está destinada a ser balsámica, pacífica; cuando alguien está tan cercanamente involucrado en una crisis y tiene fuertes convicciones personales al respecto, ¿puede la orquesta permanecer neutral?
"No, yo creo que es imposible ser neutral, es imposible ser objetivo. Siempre es emocional", dice Jan Raes, y añade: "Todo el mundo tiene su historia. Pero esta no es la primera vez que los rusos usan la música en estos momentos difíciles. Yo pienso que Gergiev y muchos colegas son suficientemente realistas como para saber que esta no es la solución real para estos serios problemas".
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