Español > Cultura

Los espejismos de las subastas

Pablo Gámez

02-06-2008

Ha concluido la temporada de ventas de primavera de arte latinoamericano en Nueva York. Totalizó casi 600 lotes repartidos entre las dos principales subastadoras del mundo, Christie´s y Sotheby's, las cuales anticipaban vender por un total de al menos 50 millones de dólares, objetivo superado con creces.

sandiastamayo240.jpgLa dinámica se repite desde hace un lustro. Cada primavera que se aproxima anuncia vientos frescos para el arte latinoamericano y mundial; cada primavera que concluye arroja cifras récord e inconcebibles sobre obras de artistas consagrados del continente y del mundo.

Hay un nuevo ejemplo, el óleo ‘El comedor de sandías', de Rufino Tamayo, se vendió en Nueva York por 3,6 millones de dólares, junto a otras obras del pintor mexicano fallecido en 1991, que, tras un récord mundial alcanzado la víspera se convirtió en el más cotizado de América Latina.

La obra figurativa de tonos rojizos fue realizada por Tamayo en 1949, y pertenece a uno de los períodos más importantes del artista oaxaqueño. Estaba estimada por Sotheby's entre 2 y 2,2 millones de dólares.

Pero fue gracias a ‘Trovador' que Tamayo logró pulverizar en Christie's el récord mundial para una obra de América Latina, al ser adjudicado por 7,2 millones de dólares, muy por encima de los 5,6 millones alcanzados por un óleo de Frida Kahlo.
Otra estrella de la temporada fue el uruguayo Joaquín Torres-García, cuyo ‘Constructivo misterioso', de 1932, se vendió el jueves en 1,7 millón de dólares, cifra que bate el récord mundial del artista, que era de 1,2 millones.

La pintura ‘Paisaje Urbano, Barcelona', de Torres-García, se vendió en 301.000 dólares. Estaba estimado en entre 250.000 y 350.000. ‘Ritmo de Ciudad', del mismo año e igual factura y tasación, se adjudicó a mayor precio, por 373.000 dólares.

Meses atrás el magnate estadounidense de los cosméticos Ronald Lauder había adquirido el célebre retrato de Adele Bloch-Bauer, de Gustav Klimt, que data de 1907, por 135 millones de dólares, el precio más alto jamás pagado por una pintura.

El retrato, titulado ‘Adele Bloch-Bauer 1', una obra maestra del líder austríaco del Art Nouveau, representa a la esposa del industrial del azúcar judío, anfitriona de un salón literario de Viena, sobre un fondo de motivos y líneas doradas. La casa de remates Christie's actuó de intermediaria en esta venta privada.

Una obra del llamado ‘rey del pop' se vendió en 11,7 millones de dólares. De Andy Warhol, la serigrafía Small Torn Campell Soup Can (Pepeer Pot), fue adquirida por un comprador que se encontraba en la sala de subastas de Christie´s.

Se trata de una obra única. En ella, Warhol registra el paso del tiempo en la cultura pop mediante el rasgado de una reproducción de le etiqueta de la sopa instantánea marca Campell, uno de los ejemplos mejor realizados del imaginario de Warhol al querer introducir el consumismo estadounidense en el mundo del arte.

Las apuestas comenzaron en el nivel de los seis millones de dólares, nada menos. Luego se fueron incrementando con la participación de un postor vía telefónica. Esa misma tarde, una colección de 26 esculturas del minimalista Donal Judd se vendió por un total de 24,4 millones de dólares, muy por encima de su valoración preliminar. Más tarde llegó el turno nuevamente a Warhol, cuando su obra ‘SyH Green Stamps' se vendió en 5,1 millones de dólares, superando ampliamente su estimado en 1,5 millones de dólares.

Los anteriores son ejemplos de rarezas y exquisiteces que con dificultad llegan a verse en las salas de museos, pero que en los últimos años se encuentran con facilidad en las casas de subastas.

Stoheby´s y Christie´s, las principales, han venido impresionando durante toda la primavera con el cortante sonido del martillo, ese seco gritillo que marca las frenéticas jornadas de las subastas de arte.

Picassos y Modiglianis, Van Goghs y Renoirs, Gauguins o Chagalls, Moores o De Koonings, se han mostrado, de la mano, exquisitos, ante la presencia de una reducida jauría de millonarios que está dispuesta a desembolsar exorbitantes sumas de dinero para satisfacer la sed de sus caprichos y obsesiones. El arte latinoamericano también ha ingresado en este circuito.
Personajes anónimos, en su mayoría. Son coleccionistas fantasmas que han hecho de la dinámica de las subastas un ejercicio cada vez más enfermizo y descontrolado: ¿Qué está sucediendo en las oscuras aguas del mercado de arte internacional?

En definitiva, el buen ritmo económico de los mercados del arte internacional ha vuelto a provocar una burbuja especulativa de precios y una obsesión por las ventas. El martillo del subastador es a la vez la tenaza que prensa esa difusa sensación que encierra la puja: el absurdo del consumismo y el abarrotamiento del sinsentido.

Sotheby´s reporta totales de ventas al corte los 207,5 millones de dólares, cifras astronómicas que se suceden desde 1990, algo que refleja "la solidez", dicen unos, de un mercado que está siendo manejado por compradores de todo el mundo.

De hecho, el mercado internacional de arte jamás había experimentado un crecimiento tan espectacular, ni tan forzado. En el 2007, el producto de ventas de obras de arte se ubicó en la astronómica suma de 4 billones de dólares, cuando en el 2006 había sido de 3,6 billones, a pesar de que el lote de obras puesto en venta en el mercado fue prácticamente el mismo, con un volumen de 320 mil lotes con respecto del año anterior.

Para el 2005, las obras de arte puestas en venta habían aumentado su valor en un 10,4 por ciento. En el 2004 lo habían hecho en un 19 por ciento. El pasado año, por lo menos 477 obras se subastaron por un valor no menor al del millón de dólares, cuando en el 2004 solamente 393 obras habían adquirido esa suma. Un dato interesante es que 55 por ciento de estas transacciones millonarias tuvieron lugar en Nueva York.

Iluminadoras son las palabras de John Richardson, experto y biógrafo de Pablo Picasso, quien, como otros, considera que ninguna pintura o cuadro en el mundo tiene realmente un valor de 100 millones de dólares. Lo que sucede, explica, es que lo que se subasta no es un cuadro de Picasso, de Modigliani o Tamayo, sino quién será el dueño de ese Tamayo, Picasso o Modigliani, algo completamente distinto.

En otras palabras, la mercadotecnia no es algo que sobrevive a la historia, a menos que la historia sea ya un cálculo de mercado, apartado sobre el cual se ha dicho poco o nada, por interés o por desidia, que es lo mismo.

Los abusos, se sabe, conducen a los engaños, y a pesar de aquellas voces que festejan la "vitalidad" de los mercados de arte, lo que realmente parece consumirse es su desplome apresurado, el banquete de las vanidades y de sus hogueras. Es la diferencia entre lo relativo y lo absoluto.

Etiqueta: arte, cultura, Nueva York, Rufino Tamayo, subastas

Informes relacionados:


Dé su opinión:



Nombre
Email
No mostrar mi dirección Email
Mostrar mi dirección Email
Ciudad
País
Comentario
  Por favor escriba los caracteres del gráfico en la caja de texto, para prevenir el envío masivo de mensajes.
 
Enviar copia a mi dirección Email