La duda se desvanece: tras su paso por Siria, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ve crecer su popularidad en el Gran Oriente Medio. La causa no es ajena: el antiimperialismo que Chávez encarna se riega como pólvora en una de las regiones más volátiles del planeta.
Bashar el Assad, presidente de Siria, señala que la visita de Hugo Chávez a Damasco sirvió para que ambos líderes profundizaran en los conflictos urgentes del Gran Oriente Medio, e insistió en la necesidad de estrechar lazos entre las naciones árabes y las latinoamericanas. En palabras de Assad, "Venezuela y Siria tienen el mismo enfoque político. Somos dos países y dos pueblos que resisten y hacen frente a la agresión de Estados Unidos. Por ello, hemos decidido coordinar nuestras políticas al más alto nivel y reforzar la cooperación para evitar a otros países presiones como las ejercidas sobre Siria y Venezuela".
Cabe recordar las relaciones conflictivas que Venezuela mantiene con Estados Unidos, alimentadas por la posición que Hugo Chávez asume como acérrimo enemigo del imperialismo norteamericano. Su relación con Evo Morales, en Bolivia, y Fidel Castro, en Cuba, además de sus estrechos contactos con Irán, China, Bielorrusia y Rusia, entre otros, son motivo de constantes amenazas y presiones por parte de la Casa Blanca sobre Caracas.
En el caso de Siria, Damasco es blanco de críticas por su posición frente a Líbano, el conflicto palestino-israelí e Iraq. De tal forma, más allá de los convenios de inversiones y cooperación suscritos entre Caracas y Líbano, lo fundamental para Chávez es haber obtenido de Siria respaldo para ocupar un asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Lo mismo logró con Irán y la poderosa China.
La razón de que Siria apoye a Venezuela, según Bashar el Assad, "es que Venezuela representaría finalmente una posición verdaderamente independiente en el organismo internacional. Confiamos en que Venezuela va a ser la voz en defensa de los derechos humanos y las luchas en la región".
La alianza sellada entre Damasco y Caracas se suma a la cosecha de ejes que Hugo Chávez ha concretado en la región del Gran Oriente Medio. A las puertas de que se produzca la votación que definirá si Venezuela o Guatemala se incorporarán al Consejo de Seguridad de la ONU, Chávez se sirvió del conflicto israelí con Líbano y los palestinos para abanderar una causa que se traduce, inmediatamente, en un jugoso fruto con sabor geopolítico.
El eco de las críticas que Chávez lanzó a Israel aún resuena en las naciones árabes. El mandatario reclamó que Israel se retire y levante el bloqueo a Líbano, pidió que se retirara de los Altos del Golán, y llegó incluso a comparar los ataques israelíes en Líbano con el Holocausto. Finalmente, Chávez ordenó el retiro del máximo diplomático de Venezuela en el Estado judío, como señal de protesta por lo que Israel venía haciendo en Líbano y Palestina.
Si en Damasco miles de personas salieron a las calles con banderines de Venezuela para dar la bienvenida a Hugo Chávez, en Irán, semanas atrás, sucedió lo mismo. Son masas que quieren verle y escucharle, movidos por la curiosidad por quien consideran el único líder en el mundo que se atreve a desafiar la hegemonía norteamericana.
Nada casual, si se tiene en cuenta un aspecto hasta ahora poco estudiado en el fenómeno Chávez: el impulso mediático que el mandatario venezolano ha tenido en el Gran Oriente Medio, especialmente a través de los convenios suscritos en Qatar entre Chávez y la cadena de noticias Al Yazeera. Dichos convenios han establecido un importante intercambio de información y material entre la cadena qatarí y Telesur, el canal que Chávez decidió crear como alternativa mediática frente a la presencia de CNN en América Latina.
Es sabido que, en Ramallah y Gaza, se encuentran en las calles afiches con la imagen de Hugo Chávez, junto con las del desaparecido Yasser Arafat y el ´Che´ Guevara, el mito revolucionario de América Latina. En las manifestaciones en el mundo árabe se ven rápidamente banderas de Venezuela, y en varios sitios web árabes, se encuentran leyendas que rezan: "Soy palestino, pero mi presidente es Hugo Chávez".
Lo cierto es que el presidente de Venezuela se ha convertido en algo más que una rara avis del repertorio político latinoamericano, y que, para las masas de Oriente Medio, simboliza lo que sus mandatarios no se atreven a decir ni hacer. Para los líderes políticos de la región que no sintonizan con las políticas de la Casa Blanca, Chávez representa un fenómeno interesante para irritar e incomodar a Washington.
En el entretanto del cruce cómplice de retórica antiimperialista, parecen solidificarse los lazos que cada vez más se tienden entre el Gran Oriente Medio y las naciones latinoamericanas, principalmente aquéllas encabezadas por gobiernos de izquierda o populistas, como Bolivia, Argentina, Brasil, Uruguay y, claro está, Venezuela, principal arquitecto del modelo impulsado por el presidente Lula, aquél que quiere hacer funcionar como un dínamo el eje Sur-Sur.
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