La diplomacia española tiene la esperanza de que el encuentro que, tras la llegada de los enviados personales de los presidentes de Uruguay y Argentina, empieza ahora en Madrid, sirva para desbloquear lo que hasta ahora ha sido un diálogo de sordos.
Desde luego, una solución de compromiso, que dicen buscar tanto uruguayos como argentinos, no se va a producir de la noche a la mañana en España. Pero sí podría salir de esta reunión -que se prolongará por al menos dos días- un "calendario de trabajo" para trazar un camino hacia un acuerdo. El problema está muy atascado y causa severos disgustos a ambos lados del río Uruguay, que divide, y mucho, a Montevideo y Buenos Aires. La fábrica, cuya construcción está llegando a su fin, de una empresa papelera finlandesa en la orilla uruguaya, se ve desde el otro lado del río como una grave amenaza, "por ser una industria altamente contaminante".
Lo que en un país se considera una gran oportunidad y una de las mayores inversiones del capital extranjero en Uruguay, en el otro país es calificado de peligro impuesto unilateralmente, porque, según los argentinos, no se les ha dado voz ni voto en ese proyecto industrial. Por tal razón, hace un año Buenos Aires llevó el conflicto a la Corte Internacional de La Haya, la cual aún no ha dictaminado sobre esa denuncia contra Montevideo, por no haber cumplido la obligación de compartir las decisiones que afecten las aguas fronterizas.
Para las autoridades argentinas, se trata de una violación a su tratado de 1975 con Uruguay, a la que se ha añadido la "acción directa" de los ecologistas en Argentina. Desde hace meses, sus acciones de bloqueo contra los pasos fronterizos cercanos a la futura papelera, están causando millonarias pérdidas al comercio uruguayo. Ante tal acción de fuerza, responde Montevideo, no hay negociación que valga.
La diplomacia española, en este caso bajo el patrocinio especial del rey Juan Carlos, también subraya que en el encuentro actual no habrá "negociación". La tarea de España ni siquiera será la de un mediador (que le obligaría a plantear propuestas de solución a las dos partes). Madrid se limita a ser un escenario que facilite, en la medida de sus posibilidades, la conversación entre argentinos y uruguayos. Así fue como los presidentes de ambos países lo solicitaron al rey Juan Carlos en la Cumbre Iberoamericana de noviembre pasado; y así se está haciendo.
Claro que España tiene cierta experiencia en materia de facilitar acuerdos sobre "asuntos imposibles" en América Latina. Podemos recordar los primeros encuentros entre los gobernantes militares y los dirigentes guerrilleros de Guatemala, quienes nunca antes, en una guerra que ya duraba toda una generación, se habían visto ni se habían sentado a hablar. En un aislado refugio de montaña al norte de Madrid, facilitado por la diplomacia española, finalmente se rompió el punto muerto, y se abrió el camino a un acuerdo entre los contendientes.
Ahora, al menos en un aspecto la situación va a ser similar para los enviados uruguayos y argentinos que acuden a la reunión. Los españoles les han preparado un aislado palacete en el parque natural de El Pardo, al norte de Madrid, donde quedan al abrigo de ojos y oídos indiscretos.
De parte uruguaya están el Canciller, con altos cargos del ministerio de Exteriores, y el secretario de la Presidencia de la República. Argentina es representada por su Canciller, el jefe del Gabinete de ministros, la secretaria de Medio Ambiente, y el gobernador de la provincia de Entre Ríos. Todos llegan "sin agenda previa".
Aislados en el bosque de El Pardo y sin la presión de los medios de comunicación ni de sus respectivos grupos de ciudadanos afectados por el problema, los enviados uruguayos y argentinos podrán "expresar sus sentimientos"; o sea, decirse a las claras en qué condiciones estarían dispuestos a aceptar una solución.
Rebajar el ruido de un enfrentamiento que no permite oír razones, y sobretodo restar temores a que una sensata propuesta de compromiso sea vista como debilidad por los exaltados del propio bando, es una receta diplomática que ha demostrado su utilidad. El Rey Juan Carlos y sus compatriotas estarían encantados si la receta esta vez les saca del atolladero a argentinos y uruguayos.
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