Han pasado ya cinco años desde que un pequeño grupo formado por intelectuales, políticos, militares y religiosos, agrupados en la que se llamó la "Comisión de la Verdad y Reconciliación", entregó a los peruanos el estudio más completo, amplio y riguroso en torno a lo que fue el conflicto armado interno vivido por el Perú entre 1980 y el 2000: el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.
Para los peruanos de buena voluntad, aquellos dispuestos a mirar de frente el horror para nunca repetirlo, sus conclusiones fueron lacerantes. Lo terrible fue que desenmascaró buena parte de los lastres y miserias que como sociedad arrastramos, casi, desde tiempos coloniales. Éstas son algunas de las conclusiones:
- La CVR ha constatado que el conflicto armado interno que vivió el Perú (...) fue un conflicto que reveló brechas y desencuentros profundos y dolorosos en la sociedad peruana.
- La CVR estima que la cifra más probable de víctimas fatales de la violencia es de 69,280 personas (...).
- (...) De la totalidad de víctimas reportadas, el 79% vivía en zonas rurales (...).
- (...)el Partido Comunista del Perú, Sendero Luminoso, fue el principal perpetrador de crímenes y violaciones de los derechos humanos (...) Fue responsable del 54 por ciento de las víctimas fatales(...).
- (...)en ciertos lugares y momentos del conflicto, la actuación de miembros de las FFAA no sólo involucró algunos excesos individuales de oficiales o personal de tropa, sino también prácticas generalizadas y/o sistemáticas de violaciones de los derechos humanos(...).
El informe fue durísimo. Asignó responsabilidades enormes a muchos sectores, todo ellos poderosos y claro, ninguno dispuesto a aceptar el menor nivel de responsabilidad.
Los responsables
Responsabilizó a los partidos políticos que gobernaron. Estando en democracia, abdicaron de su rol de defensa de los ciudadanos más expuestos a la barbarie senderista. Barbarie literal. En algunas zonas del Perú asesinaron a machetazo a población indefensa (mesnadas según su líder Abimael Guzmán). Entregaron el conflicto a las Fuerzas Armadas creando zonas de control exclusivamente militar, donde los civiles no tenía ningún peso político.
No supieron los partidos convocar y movilizar a la sociedad peruana para echarle un pulso, y ganarle políticamente, al terror.
Responsabilizó a los militares y policías. No entendieron el conflicto y aplicaron, en determinados momentos y lugares políticas sistemáticas de violaciones a los derechos humanos. Se taparon entre ellos. Encubrieron delitos gravísimos, asesinatos, torturas, desapariciones en sectores civiles ajenos al conflicto. Con racismo y sectarismo miraban a la población campesina peruana con sumo desprecio.
Responsabilizó a la Iglesia por su inacción. Puertas cerradas de iglesias, obispos que se hacían los ciegos. La Iglesia no supo estar a la altura de la demanda de sus fieles, que con sus harapos y sus pocas pertenencias bajaban de las zonas altas de la sierra huyendo de Sendero y de la represión policial.
Responsabilizó a los grupos de izquierda por no deslindar con los violentos. Para muchos de esos grupos, los asesinos de Sendero Luminoso era tan solo "compañeros desviados". Nunca los señalaron ni acusaron pese que muchos militantes progresistas cayeron en medio de la inagotable violencia de los años 80 acusados de revisionistas.
Responsabilizó al poder judicial por timorato y corrupto. Asustados por las amenazas de Sendero Luminoso, dejaron libres a cientos de militantes del Partido Comunista del Perú, alimentado permanentemente el conflicto.
Responsabilizó en general a la sociedad en su conjunto por tanta indiferencia. ¿Cómo pudo haber casi 70 mil muertos en las narices de todos, como si no pasara nada? ¿Por qué frente a la muerte de cientos de compatriotas pobres de las zonas altas o amazónicas, la repuesta ciudadana no fue de creciente indignación?
Por supuesto que el Informe reconoce también el valor y la entrega de miles de peruanos que pusieron el pecho en esos años aciagos. Peruanos que se la jugaron en la defensa de los más débiles y que tuvieron el coraje de decirle a Sendero en su cara lo que realmente era: una gavilla de asesinos.
Choques con fuertes poderes
Cuando la Comisión de la Verdad y Reconciliación presentó su informe, sabía que chocaría con fuertes poderes e intereses, teniendo en cuenta además que la gente a la que defendía y por la que hablaba, no tenía capacidad de cohesión social ni de movilización para poder contar con el apoyo político que equilibrara esa tensión natural que se iba a producir luego de conocerse la conclusión del trabajo de los comisionados.
En estos cincos años transcurridos, el trabajo ha sido intenso. No terminó con la entrega formal del voluminoso documento; es certero decir que casi comenzó en ese momento. Se creó un importante Consejo de Reparaciones que ha ido ganando lugar y espacio político poco a poco. Uno de su objetivos centrales es crear el Registro Único de Victimas (RUV) que permitirá resarcir en algo a tantas afectados por la violencia. Ya se han iniciado algunos trabajos en torno a la reparación, principalmente de índole colectiva, faltando aún grandes tareas. Indemnizar y devolver a los desaparecidos son algunas de éstas.
Reconciliación
La Comisión de la Verdad añadió el concepto de Reconciliación en su carta de presentación. Entendió reconciliación, no como perdonar las barbaridades que Sendero o los militares habían perpetrado, o pasarlas por agua tibia, no judicializarlas. Reconciliación significó intentar desmontar todo el aparato racial, clasista, cargado de prejuicios y desigualdades, que fue el insumo para la agresión sufrida por la sociedad peruana, en las manos manchadas de sangre de Sendero Luminoso. Se trataba en su planteamiento que al mirarnos tendríamos, los peruanos, que reconocernos como iguales, como parte de una misma sociedad y de un mismo proyecto nacional.
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Etiqueta: Comisión de la Verdad y Reconciliación, fuerzas armadas, Informe, Perú, Sendero Luminoso