Ante el reto de su destino, Paraguay jura al ex obispo Fernando Lugo como Presidente de la República, y pone fin a 61 años de Gobierno monocolor. Aún está por ver si, con su elección, el país ha emprendido una marcha hacia una limpieza integral, una democracia institucional.
| Fernando Lugo, presidente electo de Paraguay | ||||
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Si Nicanor Duarte Frutos no hubiera mostrado la arrogancia de cargarse la Constitución de su país, compitiendo primero en sus internas partidarias, y luego asumiendo la Presidencia de su núcleo política, en febrero del 2006, mientras duraba su mandato, y, con ello, demostrado que era capaz de reformar o enmendar la Carta Magna a su gusto para reelegirse indefinidamente, la vida de Lugo no hubiera cambiado mucho. Pero cuando los partidos políticos convocaron a la ciudadanía a manifestarse contra el Presidente y la Corte Suprema de Justicia, y, por temor al fracaso de la convocatoria, nadie quiso asumir el liderazgo del momento, surgió de nuevo el nombre de Lugo como el indicado, por ser prescindente de los intereses partidarios. Esa noche del 29 de marzo del 2006, en Asunción 40 mil personas vieron nacer un nuevo liderazgo aglutinante que terminó por demostrar el pasado 20 de abril el nivel de agotamiento repudio a la candidata oficial del Partido Colorado, y, fundamentalmente, a la figura de Nicanor Duarte Frutos. Fernando Lugo obtuvo una victoria con más del 10% de diferencia y, por tanto, asume hoy con una serie de tareas que exceden en mucho la casualidad, la fortuna o la sorpresa de su elección.
Lugo deberá contener la pobreza, que supera el 40% de la población, el alto nivel de corrupción, la ineficacia del Estado, la fortaleza de grupos ilegales, la inseguridad en ciudades y campos, una de las peores desigualdades de ingreso en la región, sólo superada por Brasil y Chile, y una migración campo-ciudad que supera el 8% anual. Sumada a la emigración hacia España, EEUU y Argentina todo eso hace parte del rostro demacrado de un país acostumbrado a las dictaduras de la que, si bien se deshizo hace 19 años, nunca logró consolidar una cultura democrática en provecho de sus comunidades marginadas.
La coalición de la denominada Alianza Patriótica para el Cambio es débil y de conformación difusa. Su socio principal, el conservador partido Liberal Radical Autentico, controla un tercio del Congreso y tiene serias diferencias con Lugo sobre cuestiones puntuales como el impuesto a la renta personal, la reforma agraria y la propiedad de las tierras. Un Congreso de 145 miembros que sólo cuenta dos representantes del movimiento impulsor original de Fernando Lugo. Por tanto, con los demás deberá aprender a negociar, tarea que no desconoce por su carácter obispal. Lo que sí conspira en esa misma línea de análisis es la rapidez con que la deberá tomar decisiones, virtud que ciertamente no se destaca en alguien que ingresó al seminario a los 17 años. Paraguay no puede esperar. Los conflictos sociales requieren soluciones en varios frentes. Deberá reformar el Estado, y simultáneamente pedirle al pueblo más sacrificios impositivos; convencer a los productores de soja para que soporten más cargas tributarias a este renglón productivo que representa una fuente importante de ingresos. Deberá además renegociar acuerdos hidroenergéticos con sus vecinos Brasil y Argentina y, como si no bastara, tendrá que enfrentar a diario los retos de una gobernabilidad compleja y difícil.
Lugo podrá emprender procesos dinámicos de gestión en alianza, como lo hicieron chilenos y uruguayos, o replicar el modelo ecuatoriano convocando a una Constituyente, mientras hace esperar las soluciones urgentes del país. Pese a que, por conveniencia, estará más cerca de Venezuela, su destino es con sus vecinos del sur y del este. Se definió como centrista y buscará soluciones a "la paraguaya". De momento, Chávez y Evo Morales tendrán más tiempo para visitar San Pedro, de donde era obispo, y una delegación iraní pisará por primera vez suelo paraguayo. Aunque los gestos lo acercan más a Hugo Chávez, el tiempo dirá si el país sólo se lavó la cara con su elección o a ha emprendido una verdadera marcha hacia una limpieza integral, una democracia institucional y un respeto a los valores individuales. Sólo el tiempo podrá responder a estas preguntas que un parco y ambiguo ex obispo no ha podido más que expresar con su elección que ya es parte de la historia nacional y del mundo, porque desde su condición católica-obispal es la primera vez que ocurre en más de dos mil años de cristianismo.
¿Quedará Fernando Lugo en las estadísticas o en la historia?. Eso sólo será posible responderlo en los próximos meses.
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Etiqueta: aborto, Asunción, el Vaticano, Evo Morales, ex obispo, Fernando Lugo, Hugo Chávez, Iglesia Católica, Paraguay
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