El ex obispo Fernando Lugo, candidato de la opositora Alianza Patriótica por el Cambio (APC) es favorito para ganar los comicios presidenciales paraguayos del domingo. La campaña de desprestigio que el Gobierno ha desatado en su contra delata la preocupación que causa Lugo.
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Fernando Lugo es el candidato de la coalición opositora Alianza Patriótica por el Cambio (APC), quien, según las encuestas más recientes, es favorito para convertirse en el nuevo Presidente del país sudamericano. Las duras palabras del mandatario saliente reflejan la preocupación de su Partido Colorado, que podría estar a punto de ser desalojado, después de 61 años en el poder.
Llama la atención que la oposición paraguaya, hasta hace poco muy dividida, haya conseguido alinearse detrás de un candidato único, pero más llamativo aún es el hecho de que Lugo es un ex obispo de la Iglesia Católica. El hoy candidato opositor fue, durante casi 11 años, obispo de San Pedro, la región más pobre y conflictiva de Paraguay, en la que él mismo nació. En 2005 tomó una decisión drástica y envió una carta de renuncia al Vaticano, tras lo cual inició su carrera en la política paraguaya.
Puesto que el Vaticano no reconoce el derecho a la renuncia de sus funcionarios, un sacerdote nunca deja de serlo. Por lo mismo, Lugo está suspendido ‘ad divinis', lo que significa que no puede celebrar misa, aunque debe seguir cumpliendo los preceptos de la Iglesia. Las más altas autoridades eclesiásticas intentaron sin éxito bloquear su candidatura presidencial.
Ahora Lugo es "el candidato de la esperanza", tal como lo describe la alianza opositora. Esperanza de terminar con la hegemonía del Partido Colorado, que en Paraguay es sinónimo de pobreza, corrupción y retraso. Esta formación fue el partido del general Alfredo Stroessner, quien lideró una de las dictaduras más prolongadas de Sudamérica, entre 1954 y 1989. Pero, cuando Stroessner fue derrocado por su cuñado, el Partido Colorado siguió vigente. Se dice que el fraude electoral ha sido una segunda naturaleza de los colorados.
Para las presidenciales de este fin de semana no faltan, nuevamente, las acusaciones y los indicios de manipulación electoral, como financiamiento de la campaña con dinero fiscal, aparición de personas fallecidas en registros electorales, obligatoriedad de los funcionarios a votar por la candidata colorada, Blanca Olevar; reparto de regalos o abierta compra de votos, son algunas de las acusaciones dirigidas contra el Gobierno y su entorno. La alianza opositora tiene puesta su confianza en los miles de observadores paraguayos y extranjeros que controlarán los centros de votación, y la opinión general es que "si se logra mantener a raya el fraude, gana Lugo".
La Alianza Patriótica por el Cambio es una amplia coalición de unos 20 partidos y agrupaciones que varían desde la izquierdista Tekojoja (Igualdad), hasta el Partido Liberal, formación tradicional de centro derecha a la que pertenecen muchos empresarios. Nada muy revolucionario, pero en términos paraguayos una novedad y, para algunos un escándalo. "Quiero cambiar el modelo económico para combatir las enormes desigualdades sociales", ha dicho Lugo. "La mayoría de la población paraguaya es pobre, y el 30 por ciento vive en la miseria más escandalosa, algo que, como cristiano, no puedo aceptar", agrega el candidato opositor.
El Partido Colorado no ha escatimado esfuerzos para desacreditar a Lugo, llamándolo "cura malo de la cabeza", "terrorista", "el Hugo Chávez paraguayo" o "el obispo rojo". En los últimos meses, el candidato opositor ha dejado de responder a los insultos y calumnias. Sólo ha dicho: "No soy Fidel Castro, no soy Hugo Chávez, no soy Evo Morales, soy Fernando Lugo y siempre lo seré, incluso cuando ocupe la Presidencia".
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