Uruguay y Costa Rica son los máximos ejemplos de América Latina en materia de cohesión social. Así asegura José Luis Machinea, secretario general de la Comisión Económica para América Latina.
En entrevista con Radio Nederland Wereldomroep, el máximo representante de la CEPAL -quien asiste en Montevideo al foro ‘Modelos de protección social: el desafío de la cohesión en el Cono Sur'- destacó los índices de Uruguay como país sudamericano de más cobertura.
Machinea señaló ante los economistas convocados por la Secretaria General Iberoamericana que, en lo que se refiere a sistemas de pensiones y programas de salud, Uruguay y Costa Rica "son los dos países que le han ido razonablemente mejor y que tienen una cobertura mayor". El ex ministro de Economía argentino entre 1999 y 2001 admitió a los especialistas reunidos en Montevideo, que "ustedes conocen bien las debilidades del sistema uruguayo, pero cuando uno los compara con otros países de América Latina, la cobertura y calidad de la cobertura es mejor en este país que en otros de la región".
R.N.- Ud. participa en este foro iberoamericano sobre cohesión social "para alcanzar sociedades más inclusivas en Latinoamérica". Del término inclusivo se ha abusado en los discursos ¿Qué significa sustancialmente?
J.L.M.- Es una buena pregunta. Nosotros hemos sacado una publicación en la que tratamos de definir la cohesión social, capital social e inclusión social. Todas tienen algunas diferencias entre ellas. A la inclusión social la vemos como parte de la cohesión social, que es mucho más amplia, y es básicamente la disminución de las brechas en nuestra sociedad para el acceso a activos. No todos tienen la misma posibilidad de acceder a la educación, a la tecnología, al financiamiento, o a los mercados externos, cuando hablamos de un tipo de empresas. Hay un problema de inclusión de ciertos sectores que están fuera de la sociedad de consumo o de ciertos bienes mínimos -que viven en la pobreza o en la indigencia más extrema- y esa debería ser una prioridad en nuestras sociedades. Decía que el término cohesión social es más amplio que el de inclusión, pues no solamente tenemos un problema de brechas en nuestras sociedades para que la gente se sienta parte de un proyecto común y perteneciente a un proyecto de Nación. Sino que, aparte de los problemas de inclusión, tenemos a veces instituciones que no funcionan adecuadamente y, por lo tanto, la gente tampoco se siente parte de ese proyecto común cuando las instituciones de la Democracia a veces no funcionan adecuadamente.
R.N.- Para esa cohesión, en Argentina y Uruguay ha sido vital el papel de las clases medias. ¿Se ha sentido el impacto de las crisis económicas de principios de este milenio en el Cono Sur sobre esta faja intermedia?
J.L.M. -Definitivamente. Creo que ese sentido de pertenencia a un proyecto común, no es hoy el mismo que existía hace 15 ó 20 años, cuando esa clase media más fuerte en nuestras regiones era un pilar de cohesión social y que, de alguna manera, se entrelazaba con el modelo educativo, que era el modelo de inclusión más fuerte que tenían nuestras sociedades. Uruguay es el máximo ejemplo de la región en ese aspecto y Argentina también ha sido destacada en ese ámbito. En parte esa inclusión, a través de la educación y sistemas de protección social bastante inclusivos -al menos comparados con los de otros países de la región-, se ha deteriorado fuertemente. Y hoy la educación pública no es lo que era y no es ese modelo de cohesión. Los sistemas de protección social se han deteriorado. Por eso este seminario que estamos teniendo sobre la protección social en el Cono Sur me parece de especial relevancia, porque los países de la región tienen que volver a recuperar -a partir de las realidades actuales- esa característica que hizo de nuestras sociedades más inclusivas, al menos en el contexto latinoamericano.
R.N.- En este cónclave, Ud. acaba de asegurar que "Uruguay y Costa Rica son los dos países a los que le ha ido razonablemente mejor y que tienen una cobertura mayor". Su referencia es un comparativo continental, mientras que cada país vive la realidad subjetiva epitelial de comparar su presente con su propia historia. ¿Estos países deberían proponerse ‘sobremetas'?
J.L.M.- Ud. tiene toda la razón. Si uno compara en América Latina, que es una región con problemas serios de protección social -donde no más del 45% de las personas tienen algún seguro social y donde no más del 40% de los mayores de 70 años tiene acceso a alguna pensión- entonces el caso de Uruguay, de Costa Rica o de Chile destacan. Pero eso no quiere decir que Uds. no tengan problemas propios de los shocks de los años noventa y de comienzos de esta década. Pero, definitivamente, están acostumbrados a otro ‘standard' y tiene que plantearse metas por arriba de la metas promedio de la región: reformas a los sistemas de salud, como los que se están estudiando en Uruguay, que aumenten la inclusión, asociada a la protección de la salud y que hagan más eficiente el financiamiento, me parece que son las preocupaciones y los objetivos que tienen que plantearse. Uruguay tiene problemas de cobertura, porque el mecanismo de acceso a la protección social, salud y pensiones ha sido el mercado de trabajo, en toda la región. Pero el mercado vive una elevada informalidad mayor al 35% en el mejor de los casos. Por más que funcione mejor, hay un problema en el mecanismo de participación en esa protección social. En la CEPAL decimos que hay que avanzar a sistemas que vayan más allá del trabajo, más universales, con pensiones mínimas más allá que las personas tengan empleo formal o no.
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