Después de medio siglo de revolución sin cambios, México vivía en los años 60 sumergido en la pobreza, el enriquecimiento de las élites y la apatía. La corrupción y el clientelismo político que lideraba el Partido Revolucionario Institucional (PRI) parecían comprar todas las voluntades, y marginar y expulsar a las que no colaboraban.
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En esos años 60 los movimientos de protesta que surgían en otros lugares tuvieron eco en México. En el Norte, en Estados Unidos, estaban los movimientos estudiantiles que cuestionaban la sociedad del consumo y la guerra de Vietnam. Hacia el Sur, los movimientos de guerrilla y levantamientos sociales desde América Central y el Caribe hasta Argentina ilustraba cómo en el continente había resistencia hacia las élites y hacia su alianza con Washington. Aunque lejana, Europa también tenía influencia: el Mayo del 68 francés impactó sobre la conciencia de algunos intelectuales y muchos jóvenes estudiantes.
El 68 mexicano empezó en julio de ese año por un incidente violento, pero trivial, entre aficionados de dos grupos de fútbol americano. El cuerpo de seguridad del Estado de los Granaderos intervino y detuvo a varios alumnos. Esto provocó manifestaciones, encierros de estudiantes y huelas en centro de enseñanza. La fuerza pública continuó con las detenciones y medidas represivas. El Rector de la Universidad Autónoma de México reivindicó la autonomía universitaria y convocó una manifestación pública.
Entre julio y octubre hubo una tensión constante, creciente entre estudiantes y otros sectores sociales que denunciaron la represión, la corrupción. Era gente que exigía responsabilidades el presidente Gustavo Díaz Ordaz.
La situación se tornó especialmente compleja porque México había sido elegido para celebrar pocos meses después los juegos olímpicos. El gobierno quería guardar las formas y presentar esos juegos como un triunfo propio y nacional. Las revueltas de los estudiantes y los enfrentamientos no ayudaban a dar una imagen de estabilidad.
El 13 de septiembre de 1968 se llevó a cabo La Marcha del Silencio. Alrededor de 300 mil personas se manifestaron con pañuelos en la boca, para denunciar la represión y la falta de libertad de expresión. La respuesta del Gobierno fue invadir cinco días después la Ciudad Universitaria de la Universidad Autónoma. Tras diversas negociaciones entre las autoridades universitarias, estudiantiles y de Gobierno, las tropas se retiraron de la UNAM y otros centros académicos.
El 2 de octubre se llevó a cabo una manifestación en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Para unos era una fiesta de triunfo porque las tropas se habían retirado. Para otros, un paso más en la tensión con el gobierno de Díaz Ordaz. En un relato basado en esa jornada, Carlos Fuentes escribió que centenares de jóvenes mexicanos:
"hombres y mujeres, (entraban) a la Plaza de las Tres Culturas, el antiguo centro ceremonial azteca de Tlatelolco sin más iluminación que la agonía del atardecer en el antiguo valle de Anáhuac" (...)entraban a la plaza centenares de hombres y mujeres pidiendo un país nuevo, un país mejor, un país fiel a sí mismo".
Entre los manifestantes se infiltraron miembros del denominado Batallón Olimpia, paramilitares que esperaban una orden para actuar. Ante una señal enviada desde un helicóptero, los paramilitares empezaron a disparar contra los líderes estudiantiles. A la vez, el ejército tomó la plaza y persiguió a los manifestantes inclusive dentro de recintos privados en los que muchos se refugiaron.
La cifra exacta de víctimas mortales nunca se ha conocido, pero osciló entre los 300 denunciados por la prensa internacional y los 40 que declaró oficialmente el Gobierno. Muchas víctimas presentaban disparos por la espalda. Carlos Fuentes escribió que los poderosos "Habían entregado la ciudad a la muerte. La ciudad era un campamento de bárbaros".
La matanza de Tlatelolco fue un intento del Partido Revolucionario Institucional, PRI, de acabar con toda revuelta y crítica al sistema de poder, pero desde entonces comenzaron diversas formas de respuesta. La novelista Elena Poniatowska, autora de La noche de Tlatelolco: testimonios de historia oral, considera que la masacre del 2 de octubre fue "el acontecimiento más trascendente de México en la segunda mitad del siglo XX".
Sobre las responsabilidades hubo que esperar casi cuatro décadas para que se comenzara a hacer justicia. En 2005 la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado solicitó que 55 personas que tenían puestos de poder en 1968 fueron sometidas a juicio, entre ellas el ex presidente Luis Echeverría y el ex Procurador general de la República, Julio Sánchez Vargas. Echeverría fue más adelante exonerado de toda culpa.
Algunos analistas consideran que el Mayo del 68 en México tuvo un impacto que se ha prolongado hasta hoy. El historiador francés Fernand Braudel, por ejemplo, es del parecer que fue una revolución cultural que afectó especialmente a tres estamentos: la familia, los medios de comunicación y la educación.
Por su parte, Elena Poniatowska cree que a partir de 1968 en México resurgió el movimiento estudiantil, una prensa más libre y movimientos como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y una presión de la sociedad civil que llevó al candidato Andrés Manuel López Obrador a las puertas del poder en 2007.
El 68 mexicano fue la expresión dramática de otros Mayos que hubo en América Latina. Especialmente en Chile, Argentina y Uruguay había partidos políticos, movimientos estudiantiles, sindicales, intelectuales y de organizaciones armadas que vieron el 68 en París como algo lejano pero inspirador, y el 68 mexicano como un intento estudiantil al que le faltaba contrapoder.
En varios países latinoamericanos se creía que el Mayo parisino era una llamada de atención, pero que las verdaderas revoluciones estaban en el Tercer Mundo. La ensayista argentina Beatriz Sarlo escribió 30 años después:
"En mayo de 1968, también creí que los estudiantes franceses ensayaban un acto insurreccional que sólo se cumpliría definitivamente en América. Ello habían tomado la delantera, pero de este lado del Atlántico se preparaba la verdadera, definitiva, lucha revolucionaria".
Un año después un levantamiento popular agitó la ciudad industrial de Córdoba, en Argentina. En este caso, una nueva generación de trabajadores cuestionaron en la calle a la dictadura militar que entonces regía en ese país y a los dirigentes sindicales corruptos y burocráticos del peronismo, que frenaban sus reivindicaciones. El Cordobazo generó grandes esperanzas de poder popular.
Igualmente, la victoria de Salvador Allende en Chile en 1970 encarnó muchas de las expectativas que se habían generado en los 60. Pero el golpe de Estado de 1973 fue, junto con otros golpes en el Cono Sur, el fin de ese tiempo de grandes expectativas. Tlatelolco fue una drástica premonición de cómo terminarían reprimidos los movimientos y grupos revolucionarios de los 60 y los 70 que nacieron en América Latina desde Guatemala hasta Tierra del Fuego.Cuarenta años después, la necesidad de cambio social y los ideales del 68 continúan vigentes. De los años 60, ha escrito el ex presidente de Uruguay, José María Sanguinetti:|
"nos han dejado la lección de la que la lucha por perfeccionar cada día la democracia y asegurarle libertad a la gente, es, todavía, la más revolucionaria de las ideas". Los valores de libertad, cambio y democracia que fueron revindicados desde París hasta Praga, desde Chicago hasta México siguen siendo actuales, y en buena medida, son una tarea pendiente. |
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Etiqueta: corrupción, mayo mexicano, México, Partido Revolucionario Institucional, Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco
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