El debate sobre la reforma energética en México entra en una nueva fase tras la propuesta presentada por la izquierda del país. "De lo que se trata es de salvar lo que tenemos".
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| Torre de Pemex en el D.F. México | ||||
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7 Años
Todo sirve para sanear a Pemex, menos su privatización. La izquierda mexicana ha borrado de su vocabulario este término y dirige su propuesta en la base de siete puntos, que en el mejor de los escenarios, tendrían que ser cumplidos en un máximo de siete años.
Completada la etapa, Pemex debería resucitar y ser una empresa competitiva y ajustada a los cánones de la globalización, donde los precios del crudo son un baile constante y una billetera segura para un país con enormes problemas fiscales.
México, sin embargo, tiene un largo historial de intentos fallidos por rescatar empresas del perfil de Pemex. Cabría preguntarse qué pasaría con la empresa si en siete años no logra su modernización.
Más que oxígeno
Pemex necesita algo más que oxígeno para volver a caminar. Le empresa hecha de menos una visión, y es víctima de un olvido interesado que la ha llevado a una situación límite. Los niveles de producción han caído de forma vertical, a pesar del alto monto acumulado en ganancias por el precio elevado del crudo en el mercado internacional.
Esta ganancia se esfuma cuando se estudia el volumen de importaciones de hidrocarburos y sus derivados al que el país se ve sometido.
¿Hasta dónde?
Sin embargo todo se vale para salvar a Pemex. La izquierda está convencida de esta necesidad y rechaza de frente el plan del ejecutivo de Felipe Calderón, el cual busca hacer cambios en la Constitución mexicana, en particular el Artículo 27, donde se quiere establecer que los hidrocarburos, su exportación, regulación, almacenamiento, transporte, ductos, entre otros, ya no sea una actividad exclusiva de la Nación por conducto de Petróleos Mexicanos.
Los cambios
En este sentido, Pemex se quedaría sólo con la extracción de crudo, mientras que la refinería, ductos, almacenamiento, distribución, interconexiones y otras actividades quedarían abiertas a empresas extranjeras.
En la lógica de la izquierda mexicana, "el debate sobre la reforma energética y el intento de privatizar la explotación del petróleo, en forma oculta, tiene que ver con las áreas estratégicas de la economía, diferentes a las áreas prioritarias, y mucho más lejanas de aquellas que quedan en el campo de la iniciativa privada. El crudo está dentro de las áreas estratégicas, bajo el cargo del Estado de manera exclusiva, esto es, sin posibilidad alguna de que otro sector, el social o el privado, puedan intervenir".
El principal argumento de la izquierda mexicana es que "la reforma energética del Gobierno Federal podría poner en riesgo la estabilidad del país, ya que traería como consecuencia inmediata una problemática mayor en materia de generación de empleo, además de que limitaría la posibilidad de un verdadero desarrollo en México. La discusión de este tema es un punto fundamental para el país porque tiene que ver con su viabilidad como nación".
En abril pasado, legisladores de los tres partidos del FAP tomaron las tribunas del Senado y de la Cámara de Diputados durante dos semanas para evitar el debate de la reforma energética que había propuesto el Gobierno, por considerarla privatizadora.
El debate continúa
Ello dio lugar a la apertura de un debate nacional en el Senado, del 13 de mayo al 22 de julio, en el que políticos, académicos, intelectuales y expertos en la materia analizaron la propuesta del Gobierno federal e hicieron comentarios a su favor o en contra.
El izquierdista FAP ha convocado incluso a una consulta popular no vinculante, celebrada en varias fases en todo el país y que, pese a su baja participación, ha recabado el rechazo de un sector de la ciudadanía al plan energético de Calderón.
Estará por verse si el Congreso de México logra a partir del 1 de septiembre diseñar un proyecto de reforma energética que responda los intereses de todo el país.
Etiqueta: FAP, Felipe Calderón, Izquierda, Pemex, PRD, PT
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