¿ Por qué los jóvenes mexicanos sienten terror por la policía? Este temor se pudo constatar el pasado viernes en un barrio pobre del norte de la Ciudad de México. Una discoteca con capacidad para doscientas personas acogió a mil adolescentes que celebraban el fin de las clases. Al lugar llegaron docenas de policías para realizar un operativo antinarcótico. Al verse rodeados los jóvenes por un comando armado, los jóvenes se pusieron muy nerviosos. Corrió el rumor de que serían detenidos y estalló el pánico. La salida de emergencia estaba bloqueada por cajas de cerveza y refrescos. Doce personas murieron aplastadas y decenas resultaron heridas.
Pavor a la policía
Dejando a un lado las investigaciones aún en curso y el deslinde de responsabilidades en la tragedia y lo controvertido de los operativos antinarco, llama la atención una cosa: el gran temor de los jóvenes a la policía.
Los mexicanos en general no sienten ninguna confianza en la policía, mucho menos protección, por el contrario. El abuso de autoridad, la violencia desproporcionada e innecesaria son constantes en el actuar de la fuerza pública. Y por si fuera poco, los gendarmes extorsionan al primero que encuentran. Con quien más se ceban es con quienes no pueden defenderse. En este grupo vulnerable se encuentra los jóvenes a quienes bajo los cargos ciertos o falsos de posesión de drogas o faltas a la moral, son detenidos y los padres tienen que pagar cara su liberación. Pretextos no faltan.
Eso explica el por qué la multitud de muchachitos entró en pánico al verse rodeado por policías aunque no hubieran hecho nada malo.
La extorsión, parte del salario
Los sueldos de los policías, no de los altos mandos, son ridículamente bajos.
Las condiciones de trabajo de los uniformados son tan malas que se sienten abandonados a su suerte y por supuesto, la profesionalidad brilla por su ausencia. Ellos deben comprar sus uniformes, sus chalecos antibalas, sus balas (un dólar cada una), pagar las reparaciones del vehículo, etcétera.
Además, pagan por trabajar. Cada día deben dar una cuota de dinero a sus superiores. Esto se traduce en que el policía aunque no quiera, debe extorsionar a los ciudadanos o vender protección a los delincuentes.
Hay quien lo hace con singular alegría pues se trata de un botín diario.
La corrupción media en toda relación del policía con el ciudadano y de los policías entre ellos y el resto de las instituciones.
Los guardianes en vehículos motorizados tienen mayor oportunidad de obtener ingresos en las extorsiones, popularmente llamadas mordidas
Con el argumento de estar bajo una presión excesiva, estrés, y aguantar los excesos de sus superiores, los policías tratan de justificar sus abusos. Tienen jornadas diarias de catorce horas o más y las horas extras no se pagan.
La corrupción está detrás de todas las violaciones a los derechos humanos que cometen los gendarmes que se ensañan con los más pobres e indefensos. El uniforme sólo es un medio para obtener dinero e impunidad.
La policía es utilizada para reprimir cualquier movimiento contestatario, no para prevenir el delito. El problema es que no sólo no funcionan las fuerzas del orden sino que todo el sistema de impartición de justicia está podrido desde el vigilante de la esquina, ministerios públicos, jueces, policías judiciales, magistrados, etcétera.
Don Pablo Gonzáles Casanova, uno de los sociólogos más ilustres de México escribió hace casi medio siglo: "La justicia en México, en una serpiente que sólo muerde el pie descalzo" Qué doloroso resulta que Don Pablo tenga razón.
Etiqueta: Ciudad de México, corrupción, discoteca, extorsión, Juarez, Las muertas de Juarez, mexicanos, México, policía, terror