En la clausura el Foro Económico Mundial en Cancún, México, el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, justificó el bombardeo y la masacre en el campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en territorio ecuatoriano.
También afirmó que los cuatro jóvenes mexicanos muertos ( Soren Avilés Ángeles, Fernando Franco Delgado, Juan González y Verónica Velásquez) así como la sobreviviente Lucía Morett son terroristas, narcotraficantes, secuestradores y cómplices de los guerrilleros. El Ejecutivo colombiano acusó a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de ser "un nido de guerrilleros".
El presidente de México, Felipe Calderón, pidió a su homólogo no adelantar vísperas y esperar al resultado de las investigaciones. El Gobierno mexicano, desde la noche del ataque, tuvo una actitud tibia o ambigua a pesar de que se le pedía una enérgica protesta.
Para sorpresa de propios y ajenos, la Universidad Nacional Autónoma de México emitió un enérgico y duro comunicado oficial en el que asevera: "Las afirmaciones superficiales del mandatario, atentan contra la dignidad de los mexicanos y lastiman a la Universidad Nacional y a la sociedad en su conjunto, y faltan el respeto a la memoria de los estudiantes fallecidos y a la estudiante herida (...) Lo dicho por el presidente colombiano, carece de fundamento, es imprudente, irresponsable, falaz, rencoroso e impúdico, y violatorio de los principios fundamentales del derecho."
El tono de Uribe en México no mostraba ningún arrepentimiento de haber violado la integridad territorial de Ecuador y de haber cometido una masacre. Lo lógico y lo diplomático hubiera sido que el Gobierno de Colombia pidiera al de Ecuador la captura de los miembros de las FARC y su extradición para someterlos a juicio, no matarlos cuando dormían.
Todos contra Lucía
Hubo tres sobrevivientes mujeres en el ataque colombiano al campamento de las FARC en Ecuador; dos colombianas y la mexicana Lucía Morett. Ellas aseguran que después de dos bombardeos, los soldados colombianos llegaron a asesinar a los heridos. Nadie puede explicar por qué a las tres chicas se les dejó vivir. Los soldados ecuatorianos las llevaron a un hospital militar en Quito donde estuvieron internadas desde el primero de marzo. Los mexicanos llegaron al campamento de las FARC unas horas antes de la ofensiva.
La versión de los hechos de Lucía, contradice a la del Gobierno colombiano que afirma sólo haber enviado cohetes y helicópteros. La Procuraduría colombiana intentó interrogar a la mexicana en calidad de acusada, sin embargo, las autoridades de Ecuador lo impidieron. "Faltaba más, primero la intentan matar y luego la quieren interrogar".
La joven teme por su vida y presume que por ser un testigo clave, en cualquier momento un sicario puede asesinarla o desaparecerla. Por esta razón, con todo sigilo, en la madrugada del 16 de abril, Lucía, apoyada por la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos, y con la protección de un programa especial para testigos en peligro, salió de la clínica y de Ecuador con rumbo a Nicaragua, donde el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, le ofreció protección, ayuda e incluso la ciudadanía.
¿Volver a México?
Lucía quisiera regresar a México para reconstruir su vida y terminar su rehabilitación, pero sabe que no hay garantías ni seguridad para su retorno. Es más, el 19 de abril Álvaro Uribe se reunió con destacados miembros de la ultraderecha mexicana, fundadores de dos ONG´s ( el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, dirigido por José Antonio Ortega Sánchez y Mejor Sociedad Mejor Gobierno, que dirige Guillermo Velasco Arzac). Ellos acordaron con Uribe llevar a juicio a Lucía y a once estudiantes de la UNAM acusados de terrorismo. A pesar de que no hay ningún elemento probatorio, la denuncia ya se hizo en México e incluso ha sido ratificada.
El dolor que se volvió rabia
Hace unas horas, se llevó a cabo una misa para los cuatro estudiantes mexicanos asesinados en Ecuador. Sus padres, con las cenizas de sus hijos en las manos, anunciaron que irían a Colombia a desmentir las acusaciones en contra de los chicos y a limpiar su honor. Los sufridos padres afirman que sus hijos eran terroristas, no eran asesinos, ni traficantes de armas, ni secuestradores ni narcotraficantes; sino estudiantes que fueron a un congreso de partidos de izquierda en Ecuador y allá tuvieron una invitación para visitar el campamento de las FARC, nada más.
La prensa y la opinión pública no deja de hostigar a los papás con la pregunta ¿Qué hacían allá sus hijos? La derecha afirma que su presencia en aquel campamento es la prueba fehaciente de su culpabilidad y complicidad con el terrorismo internacional.
Después de haber escuchado todas las versiones, a quien escribe estas líneas le da la impresión de que la curiosidad de los chicos, les costó la vida.
Los analistas políticos colombianos afirman que la actitud del presidente Uribe de azuzar el conflicto con los mexicanos, es hacer una columna de humo para desviar la atención de los escándalos de la Parapolítica colombiana que ha llevado al Congreso a la peor crisis de su historia al quedar al descubierto, los vínculos de por lo menos 30 parlamentarios con los paramilitares, el fraude electoral y el narcotráfico. Por lo pronto, Mario Uribe Escobar, primo del presidente, ya está en la cárcel. Y el propio Alvaro Uribe reveló el miércoles que está siendo investigado por su presunta implicación en una masacre ejecutada por grupos paramilitares en octubre de 1997 cuando era gobernador de Antioquia, después de que un testigo le acusara de haber participado en la reunión para planear esa matanza.
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