Con una diferencia cercana a los 6 puntos porcentuales, Álvaro Colom Caballeros se convirtió en el Presidente electo de Guatemala para el período 2008 - 2012, luego de una jornada electoral en la que no se registraron incidentes.
El triunfo del candidato de la Unidad Nacional de la Esperanza (partido que aspira a ingresar a la Internacional Socialista), cuestiona una vez más la objetividad de las encuestas electorales, que en su mayoría vaticinaban el triunfo de su rival.
Álvaro Colom ganó en 20 de los 22 departamentos del país, y sólo perdió en Baja Verapaz y en la capital. Otra vez, y ahora con mayor agudeza, el voto capitalino tiene una tendencia contraria a la del conjunto, siendo el voto más conservador.
El triunfo del socialdemócrata Colom es algo inédito para el país, que tradicionalmente ha sido gobernado por la derecha. Guatemala se suma así al grupo de Estados latinoamericanos que en los últimos años han optado por alternativas en mayor o menor grado de izquierdas. Colom se manifiesta admirador del presidente brasileño, Ignacio Lula Da Silva, y de la mandataria chilena, Michelle Bachelet.
Comprensión versus mano dura
En la primera vuelta electoral, el candidato Otto Pérez Molina del Partido Patriota mostró una tendencia ascendente que en la segunda se estancó, mientras Colom comenzó a repuntar. A pesar que Pérez Molina obtuvo una ventaja de 19 puntos en la capital, lo esperado eran 25.
¿Temor al pasado? ¿Mejor campaña de Colom en la segunda vuelta? Quizá las dos cosas. Efectivamente, en la segunda vuelta el tema de la "mano dura" dio muestras de haberse agotado, mientras Colom mostró mayor comprensión de la problemática nacional.
Con su triunfo, el nuevo Presidente tiene una gran responsabilidad y una oportunidad única. Cuenta con 49 diputados en el Congreso, mientras que el Partido Patriota - que teóricamente sería su más duro rival - tiene solamente 30.
Economía y seguridad
El país no espera milagros, ni mucho menos. Sí quieren una continuidad en las políticas públicas que se han mostrado exitosas, y un mayor énfasis en la inversión social, especialmente el fomento de la economía popular. Dos grandes desafíos le esperan al nuevo Presidente, los cuales están íntimamente entrelazados: la reforma del Estado y la reforma fiscal.
El otro gran tema, el de la seguridad, es una braza candente. El país está en un momento de crecimiento económico. Si el Congreso aprueba la prórroga del impuesto sobre activos, hay cómo financiar el próximo presupuesto. También están los negros nubarrones del petróleo. Pero aún cuando la economía y la administración marchen bien, la seguridad es un "agujero negro" que se lo puede tragar todo.
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