En la madrugada del viernes, el hondureño Heliberto Chi, condenado a muerte en los Estados Unidos, fue ejecutado en la cárcel de Huntsville, Texas, la misma cárcel en la que fue ejecutado el mexicano José Ernesto Medellín el pasado martes. Sin embargo, la ejecución de Chi ha pasado prácticamente desapercibida, en comparación con la atención mediática que se dedicó a su compañero de prisión.
Heliberto Chi, hondureño de 29 años, fue condenado a muerte por el asesinato de Armand Paliotta, dueño de una tienda de ropa, a quien disparó durante un atraco en marzo de 2001. Chi disparó también contra otro dependiente de la misma tienda, a quien dio por muerto, pero quien sobrevivió y, posteriormente, declaró contra Chi en el juicio.
Chi fue ejecutado por inyección letal y falleció a las 18:25 hora local del jueves. El hondureño se despidió de los suyos demostrando su fe religiosa. Sus últimas palabras las dedicó a Jesús, a quien le pidió que recibiera su espíritu. Sus restos se trasladarán a la ciudad de San Pedro Sula, 240 km. al norte de la capital de Honduras, Tegucigalpa.
Similitud con el caso de Medellín
El gobierno de Honduras ha deplorado la ejecución de Heliberto Chi. El vicecanciller Eduardo Reina declaró, en rueda de prensa, que "lamenta que en el caso del hondureño, como en otros, se haga caso omiso a las disposiciones establecidas en la Convención de Viena, que no tienen más objeto que garantizar al detenido las normas del debido proceso".
La mención del vicecanciller hondureño a la Convención de Viena recuerda al caso del mexicano José Ernesto Medellín, quien fue ejecutado en Texas el pasado martes. Medellín era uno de los 51 mexicanos por los que el gobierno de México intercedió ante la Corte Internacional de Justicia, con sede en la ciudad holandesa de La Haya, para que se paralizara su ejecución.
Según las autoridades mexicanas, José Ernesto Medellín y los otros 50 mexicanos condenados a muerte no recibieron la atención consular que contempla la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares en su artículo 36*. La Corte Internacional de Justicia emitió un fallo favorable a la petición de México en el que se solicitaba, al menos, la paralización de las ejecuciones que fueran a ser inminentes. Sin embargo, el gobierno del Estado de Texas desoyó el pedido de la CIJ, del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon y del propio presidente estadounidense George Bush, quien pidió al gobernador de Texas que revisara su decisión, y la ejecución de Medellín se llevó a cabo según estaba prevista.
Intercesión del gobierno de Honduras
El caso del hondureño Heliberto Chi no llegó a la Corte Internacional de Justicia, ni llenó los diarios en la misma manera que el caso de Medellín, pero su defensa intentó aplazar su ejecución aludiendo al mismo motivo, la falta de atención consular a la que Chi tenía derecho desde el momento de su detención.
La ejecución de Chi había sido pospuesta en anteriores ocasiones. Una delegación del gobierno de Honduras viajó a Texas en septiembre de 2007 para solicitar la paralización de la condena a muerte de Chi. En ese momento, Lastenia Pineda, en calidad de cónsul de Honduras en Texas, declaró que las "autoridades texanas se habían mostrado receptivas y amables", y que habían escuchado con atención su solicitud de clemencia. El embajador de Honduras en Washington también intervino y pidió clemencia para Chi, arguyendo que se habían violado los derechos del condenado.
En aquel momento sí se consiguió el aplazamiento de la consumación de la sentencia, pero los esfuerzos de los últimos días para evitar la muerte de Heliberto Chi no han tenido éxito.
Debate sobre el tapete
Estas dos ejecuciones en una misma semana no son sino una gota entre todas las ejecuciones que se realizan actualmente en los países en los que la pena de muerte está en vigor. Sin embargo, son dos casos que han llamado la atención por la mediación de figuras como la Corte Internacional de Justicia o la alusión a un convenio internacional que fue ratificado por Estados Unidos en 1969.
La ex presidente de Irlanda, Mary Robinson, declaró que espera que se reabra el debate sobre la pena de muerte en Estados Unidos. Durante sus años como Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Robinson defendió que ningún preso debía ser sometido a la pena de muerte si no se le concedía el acceso consular.
El gobierno de Honduras recordó que en su país no hay pena de muerte, y en ese sentido también pidió la clemencia del gobierno de Texas. La propia viuda de la víctima del atraco, Acela Paliotte, declaró hace casi un año que, pasara lo que pasara con Chi, su vida ya se había visto afectada para siempre, y dijo que "no le deseaba la muerte a ese muchacho. Tampoco lo odio y siento mucha pena por su familia".
CONVENCIÓN DE VIENA SOBRE RELACIONES CONSULARES
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Etiqueta: Armand Paliotta, Convención de Viena, Corte Internacional de Justicia, Estados Unidos, Heliberto Chi, Honduras, Huntsville, José Ernesto Medellín, Mary Robinson, México, pena de muerte, Texas
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