Un magnífico ejemplo de la diplomacia del poder. Así podría describirse el tira y afloja de los últimos años sobre el programa nuclear iraní. Esta semana, los dieciséis servicios secretos y de seguridad norteamericanos publicaron un informe en el que revelan que, ya en el 2003, Irán abandonó sus planes para producir armas nucleares. Dichas intenciones iraníes eran justamente el principal fundamento para la política de Estados Unidos en particular, y el resto de Occidente, en general, respeto a Irán.
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George Bush, presidente de EEUU
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Por su parte, China considera que la nueva información ha cambiado la situación, y manifiesta dudas sobre la necesidad de sanciones de Naciones Unidas contra Teherán.
Entre tanto, Irán busca de todas formas beneficiarse al máximo de este éxito logrado mediante diplomacia tanto discreta como pública. En su reciente alocución televisiva, el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, calificó el informe norteamericano como un gran triunfo de su país ante las potencias mundiales. Sin embargo, no mencionó que justamente como consecuencia de las mentiras y medias verdades iraníes, así como de su deficiente cooperación con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), causó la impresión de estar logrando importantes adelantos en camino a la producción de un arma nuclear.
A tal respecto, resulta interesante constatar que la mayor parte del programa nuclear iraní se desarrolló bajo responsabilidad del entonces presidente Mohamed Jatamí, considerado por Occidente como moderado. Jatamí ostentaba aún el poder cuando, según los servicios secretos norteamericanos, Teherán detuvo su programa en el 2003.
En una reacción, el OIEA manifestó que las recientes revelaciones de los servicios de inteligencia son una corroboración de lo que la agencia de Naciones Unidas ya sabía desde años: no hay pruebas contundentes sobre la existencia de un programa nuclear iraní. Por su parte, el director del OIEA, Mohamed El Baradei, opinó que los nuevos resultados permiten poner fin a la crisis entre EEUU e Irán. Sin embargo, observó que Teherán aún debe responder algunas preguntas planteadas por la agencia.
Al igual que el mandatario estadounidense, Israel sigue considerando a Irán como una real amenaza y, por boca del ministro de Defensa, Ehud Barak, manifestó dudas sobre la exactitud de la información presentada por los servicios norteamericanos de inteligencia. El titular israelí confirma que, efectivamente, en el 2003, Teherán interrumpió temporalmente su programa nuclear, pero considera probable que lo haya reanudado.
Si bien aún es prematuro para calcular todas las implicaciones del informe de los servicios secretos norteamericanos, es innegable que Washington necesita a Teherán para resolver algunos de los problemas en Iraq. A este respecto, Estados Unidos e Irán dialogado tanto formal como informalmente, y es muy posible que el informe posibilite la realización de negociaciones satisfactorias para los tres países involucrados.
*Emilio Biano es experto en temas internacionales y de terrorismo
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