Hace cinco años Estados Unidos trasladó los primeros presuntos terroristas al temible centro de detención Guantánamo, en la isla cubana, donde, desde entonces, 775 personas han permanecido detenidas. Fuera del alcance de la justicia norteamericana, los sospechosos han sido sometidos a duras técnicas de interrogatorio sobre sus supuestos vínculos con la red terrorista Al Qaeda. A pesar de que, el año pasado, la comunidad internacional instó al cierre del centro de detención en la isla caribeña, aún permanecen allí unos 400 detenidos.
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Bosgraaf señala que desde entonces Amnistía Internacional comprendió que la lucha para poner fin a estos métodos del presidente George Bush sería prolongada. Y, a su juicio, el tiempo les ha concedido la razón, pues el centro de detención de Guantánamo aún existe.
El año pasado la crítica internacional sobre el trato que se da a los detenidos en Guantánamo alcanzó su punto culminante. La canciller federal alemana, Angela Merkel, abogó públicamente por el cierre de la prisión, y otro tanto hicieron el entonces secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, y el ministro holandés de Defensa, Henk Kamp. La indignación internacional aumentó tras que el presidente norteamericano, George Bush, admitiera la existencia de centros similares en otros países del mundo. Además, reconoció que para el traslado de sospechosos a tales centros, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) realizaba vuelos secretos. Con tal fin, Estados Unidos hacía uso del espacio aéreo de sus propios aliados, sin ponerlos al tanto de los hechos.
En los últimos años, más de 300 detenidos en Guantánamo han sido dejados en libertad, en muchos casos, sin que se haya presentado demandas en su contra. Uno de los ex detenidos, Moazzem Begg, quien regresó a Londres tras dos años de detención, denuncia el mal trato que recibió en el centro.
Begg narra que mientras tenía las manos atadas a los pies y la cabeza cubierta con una capucha, era pateado, golpeado y arrastrado, y amenazado con más y peores torturas en Egipto. Pero, lo peor eran los gritos de una mujer, provenientes del cuarto contiguo, para hacerle creer que la víctima era su esposa, ya que él no estaba al tanto del destino de ella ni de sus hijos. Para convencerlo, le mostraban fotos de su familia.
Como consecuencia de las torturas y las humillaciones, muchos de los ex detenidos encuentran dificultades para reanudar su vida cotidiana. Además, Ruud Bosgraaf señala que muchos de ellos no son bienvenidos en sus propios países.
El funcionario de Amnistía Internacional opina que estos ex detenidos son vistos con desconfianza. Algunos de ellos regresaron a Europa, pero la mayoría provenía de Afganistán, Arabia Saudita y Pakistán. Y todos están marcados por el resto de sus vidas por haber estado detenidos en Guantánamo.
* Jesús A. Núñez Villaverde - Director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid)
** Felipe Sahagún - Periodista y profesor de Relaciones Internacionales y la Universidad Complutense de Madrid
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