El Gobierno de George Bush fijó como una de sus prioridades para el 2005 aprobar e implementar el Tratado de Libre Comercio con América Central y República Dominicana (CAFTA-RD por sus siglas en inglés). No obstante, al igual que otros tantos puntos de la agenda de Bush, éste tampoco pudo cumplirse.
El pasado mes de julio, la Cámara de Representantes de EEUU ratificó el acuerdo por dos votos de margen en medio de ásperos intercambios entre los miembros del Congreso. Sin embargo, para el tratado se requiere que los países centroamericanos promulguen leyes y adapten sus legislaciones nacionales según las exigencias de Washington. Como consecuencia del debate en los países centroamericanos, éstos aún no han enmendado sus leyes. La situación ha obligado al Gobierno de Estados Unidos a advertir que, al contrario de lo convenido, el Tratado de Libre Comercio no entraría en vigor el 1 de enero del 2006. Se trata de la primera vez que un Tratado de Libre Comercio firmado por Estados Unidos no comienza en la fecha pactada.
El representante del partido Demócrata, Charles Rangel, opinó que el retraso puede considerarse como un grave fracaso de la Casa Blanca, para la cual el CAFTA-RD poseía la máxima prioridad comercial. Rangel y otros legisladores habían declarado que ahora la Administración Bush considera necesario que los socios reformen sus leyes en casi todas las áreas cubiertas por el tratado. En cambio, durante el debate legislativo de mediados de año, sólo se consideró necesario introducir reformas en el campo laboral.
El ministro de Industria y Comercio de Honduras, Irving Guerrero, anunció que su país no se incorporaría al CAFTA en enero debido a que aún no ha concluido algunas leyes exigidas para activar el tratado. En la República Dominicana, el vocero presidencial, Roberto Rodríguez, manifestó que el CAFTA-RD había entrado en "una situación indefinida", aunque el país se enfrenta en estos momentos a un paquete de reformas fiscales para alinearse con las exigencias del tratado.
Varios grupos civiles de oposición al tratado anunciaron que, a partir de esta semana, se realizarán movilizaciones en ciudades estadounidenses. Respecto al retraso en la implementación del tratado, una de las organizaciones, Centro Quixote, por boca de Tom Ricker, comentó que las dificultades con la implementación del CAFTA demuestran que este acuerdo va más allá del comercio, pues exige drásticos cambios en las leyes nacionales para conceder nuevos derechos a corporaciones transnacionales.
Edgar Romney, vicepresidente ejecutivo del sindicato de trabajadores de la industria textil Unite Here, aseguró que el modelo de CAFTA es igual al de NAFTA (Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá, establecido en 1994). Al mismo tiempo, destacó que todos los datos comprueban que el NAFTA ha sido un desastre para la clase trabajadora de los tres países suscriptores. El Tratado de Libre Comercio, "representa grandes ganancias para las corporaciones y grandes pérdidas para los trabajadores", explicó Unite Here. Según el sindicato, en Estados Unidos el NAFTA ocasionó la pérdida de casi un millón de empleos y una rebaja en los salarios reales.
Linda Chávez-Thompson, vicepresidenta de AFL-CIO, la mayor federación de Estados Unidos, ratificó que en el país se "ha perdido más de un millón de empleos", y aseguró que "el CAFTA no va a ayudar a los pobres, sino que va a llenar los bolsillos de las grandes corporaciones". William Grigg, vocero de la organización StopCAFTA, explicó que el Tratado NAFTA fue un desastre económico para el país, y que el CAFTA sólo promete más de lo mismo.
El retraso en la implementación del CAFTA-RD constituye un nuevo traspié en las prioridades de la Casa Blanca. Todo indica que el comienzo del año no ha sido muy afortunado para el Gobierno de Bush.
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