*José Zepeda Varas

22-01-2007

Seis años es mucho tiempo. De campamento en campamento, de arroz con frijoles en arroz con frijoles, Fernando Araújo, ex ministro colombiano, malvivió con la guerrilla que lo secuestró el cuatro de diciembre del 2000. El domingo 31 de diciembre del año pasado logró fugarse merced a un operativo militar del ejército. Sus captores se descuidaron y él  pudo huir. Tuvo que caminar cinco días para encontrar el pueblo más cercano. La marca de los seis años está en la nueva mirada que tiene sobre el mundo y, particularmente, sobre la realidad de su país.

Fernando Araujo
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Escuche la entrevista con Fernando Araújo
José Zepeda: Dígame, estas experiencias de un secuestro seguramente marcan para siempre; ¿es superable una experiencia de esta naturaleza?
Fernando Araujo: ¡Sí señor, es superable! Los momentos más difíciles que yo viví desde el punto de vista de mi experiencia interna, de mi actitud, fueron los primeros meses, en los cuales la nostalgia y el dolor de verme sin la capacidad de ser libre, me entristecía profundamente. La incertidumbre me invadía y me hacían llorar y llorar a ver si lograba descargar el dolor del alma, pero, después de algún tiempo acepté mi condición de secuestrado y recordé lecturas que había hecho sobre personas que habían sufrido y asumido una actitud positiva frente al sufrimiento, con la cual habían logrado salir adelante. Y decidí seguir ese ejemplo, asumir una actitud positiva, dar lo mejor de mi, buscar siempre cómo aprender algo, cómo fortalecerme, cómo llegar a ser un mejor hombre al salir del cautiverio y esa actitud me permitió superar el trauma tan grande que significa 6 años secuestrado. Además me permitió idear un plan de fuga que pude poner en práctica y que me permitió regresar a la libertad.

José Zepeda: ¿Cuál era el trato que usted recibía?
Sr. Araújo: Fue un trato amable, respetuoso, mi carácter de secuestrado político le exigía a mis captores, los guerrilleros de las FARC de Colombia, darme el mejor trato posible porque conocen ellos la resonancia internacional que tienen sus acciones subversivas y especialmente sus acciones de secuestro. Ellos saben que el mundo entero rechaza sus acciones de secuestro pero esperan poder mostrarse ante el mundo como un grupo que de alguna forma trata bien a sus secuestrados, especialmente a los políticos. Caso contrario de los secuestrados que someten a extorsión, a los que maltratan mucho con el propósito de obtener el mayor éxito posible mediante la desesperación de sus víctimas.

José Zepeda:  Nadie le va a devolver a usted, quiero decírselo sin ambages de ninguna naturaleza, nadie le va a devolver esos 6 años. ¿Es muy grande el rencor que tiene en contra de sus captores?
Sr. Araújo:  Yo siempre supe que la vida no tiene "rewind", la vida no se puede echar para atrás y me propuse aprovechar cada día de mi vida de la mejor manera posible. Yo tengo la concepción de que la vida es una aventura, de que nadie tiene escrito su camino si no que hay que construirlo día a día. Yo creo que los 6 años que viví en cautiverio, me enriquecieron de alguna manera, porque me propuse cultivarme internamente, ser más paciente, ser más prudente, ser más tolerante. Aprendí muchas cosas que me fortalecieron y eso es lo que la vida me ha dado y mi obligación era cuidarme, cultivarme y a eso me dediqué y me siento muy contento de haberlo logrado.

José Zepeda: La segunda parte de mi pregunta tenía que ver con su actitud frente a sus captores.
Sr. Araújo:   Mi actitud fue de colaboración permanente. Yo pensé que si asumía una posición de rebeldía, de rencor, de maltrato, de recriminaciones permanentes, dificultaba mi cotidianeidad. Entonces asumí frente a ellos una actitud de respeto, de aceptación de su pensamiento político al que realmente no combatí durante el tiempo de mi cautiverio, digamos que decidí ir con la corriente para poderme mantener sereno y recibir un trato cortés y amigable. Sin perder nunca de vista que cualquiera de mis guardias podía ser mi asesino, porque la orden de la guerrilla era de que cualquier caso de un intento de rescate en el que estuviera en peligro que ellos me pudieran mantener, la orden era asesinarme. Con ese pensamiento siempre presente mantuve una actitud de respeto y colaboración en las labores de la cotidianeidad.

José Zepeda: Y esta actitud de respeto en la vida diaria que dice usted, esta actitud deliberada de ausencia de rencor, ¿se mantiene hasta el día de hoy?
Sr. Araújo:  Se mantiene hasta el día de hoy. Tengo, a mi modo de ver, la fortuna de ser una persona positiva que en lugar de mirar hacia atrás, mira hacia adelante. No sé guardar rencores en el corazón. Creo que en lugar del rencor y la nostalgia, decidí cultivar la gratitud y me concentré día a día en darle gracias a Dios por todas las cosas buenas que he recibido en la vida. Día a día que pasaba, mis momentos de felicidad, la situación de mis hijos, la situación de mi familia, con alguna frecuencia, cada dos o tres meses, recibía, a través de las emisoras de radio colombianas, mensajes de mi familia que me manifestaban el bienestar de cada uno de ellos en las labores que estaba haciendo a pesar del dolor tan grande que le significaba mi secuestro. Entonces, encontré en la gratitud la mayor fortaleza espiritual para no decaer durante los 6 largos años de mi secuestro.

José Zepeda: Sr. Araujo, evidentemente usted ha tenido una suerte de la cual no goza la mayoría de los secuestrados por la guerrilla colombiana. A su juicio, qué se debería hacer con ellos, porque aquí, usted lo sabe mucho mejor que yo, están tan divididas las opiniones.
Sr. Araújo: Creo que el gobierno debe insistir en llegar a un acuerdo con la guerrilla que permita a través de ese acuerdo, la liberación de todos los secuestrados y eso naturalmente implicará sacrificios al gobierno y a los colombianos porque va a significar la liberación de algunos guerrilleros que son peligrosos. Pero, en virtud del dolor, del sufrimiento, de las condiciones tan amargas y tan difíciles que viven los secuestrados, pienso que esa es la mejor solución, además porque es la que representa menos riesgo para la vida de los secuestrados. Sin embargo, no descarto que el gobierno insista en acciones militares de rescate tal y como es su compromiso constitucional, pero confiando en la inteligencia y en la buena preparación de las fuerzas militares de manera tal que, como en mi caso particular, el rescate sea exitoso y no conlleve la muerte de los secuestrados.

LliberaciónJosé Zepeda: Permítame que insista en este punto que es fundamental. Si le entiendo bien, está usted pensando en una política de doble vía, la posibilidad de llegar a un acuerdo humanitario que permita el rescate de los secuestrados y por otro lado cumplir con lo que califica de obligación constitucional de realizar operaciones militares exitosas para liberar a algunos secuestrados.
Sr. Araújo:  La interpretación que usted le da a mis palabras es correcta. En Colombia el secuestro ha sido un delito de unas dimensiones incalculables. Anteriormente al gobierno del presidente Uribe se presentaban más de 3 mil secuestros al año, me hacía la reflexión de que si el gobierno  renuncia al uso de la fuerza para rescatar a los secuestrados, sería como darle una licencia de impunidad a todos los grupos de delincuencia común y de secuestradores para secuestrar a cualquier persona con la seguridad de que no van a ser perseguidos a través de la policía o de las fuerzas militares. De manera que, no sólo por la obligación constitucional que tiene el gobierno de usar legítimamente la fuerza en favor de todos los colombianos sino también desde el punto de vista práctico, para lograr que el secuestro desaparezca como delito en Colombia.

Tal y como viene sucediendo, el gobierno no podrá renunciar nunca al uso de la fuerza y al uso de operaciones militares para hacer rescates. Conociendo que en el caso particular de los secuestrados políticos existe una opción de un acuerdo humanitario con los secuestradores, pues yo lo apoyo porque frente a esa opción el riesgo de los secuestrados es menor.

José Zepeda: Sr. Araujo, hubo un tiempo, hace muchos años, en los cuales la guerrilla tenía un aura de movimiento libertario que buscaba la justicia y la igualdad en el país. Hoy, la imagen en términos generales, es distinta. Gente que secuestra, destruye infraestructura nacional, que ha dejado esos ideales para dedicarse a las actividades del narcotráfico. Usted ha convivido con esa gente durante muchos años...
Sr. Araújo: ¡Sí! La guerrilla en Colombia es el rezago de la Guerra Fría que se vivió en las épocas antagónicas entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, cuando el mundo estaba polarizado entre las tendencias capitalistas y las comunistas. Pero, en Colombia nos ha llegado tarde la modernización, la globalización, y los grupos guerrilleros, especialmente el grupo de la FARC, se ha quedado con la concepción marxista que ya es anacrónica y que piensan que son los libertadores del pueblo. Colombia es un país en donde se ejerce una democracia con algunas imperfecciones como en todas partes, pero es una democracia que le brinda posibilidades y potencialidades a todos los colombianos. Nuestros gobernantes son elegidos popularmente, desde el nivel de los alcaldes, de los gobernadores, de los representantes y de toda la rama legislativa. El presidente Uribe ha practicado una política de diálogo permanente con la comunidad y de garantía para todos los partidos de oposición. En este momento se adelantan procesos de paz con grupos de autodefensas que también son conocidos como grupos paramilitares. Se están adelantando ya desde hace algún tiempo los primeros contactos que se realizan en Cuba con el grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional que todo el país espera que conduzca a un proceso de paz, y solamente la guerrilla de las FARC se mantiene con su concepción anacrónica de la toma del poder a través de las armas que no cabe en este momento ni en el mundo ni en la sociedad colombiana. Creo que están equivocados, esa equivocación es el producto de muchos años de adoctrinamiento.

De los guerrilleros que yo conocí muchos entraron a la guerrilla de 10, 11, 12, 13 o 15 años, sin saber leer, sin saber escribir y allí fueron adoctrinados. Algunos ya aprendieron a leer y escribir, pero el adoctrinamiento político que se les hace diariamente les hace concebir un mundo en el cual el resto de la humanidad es perversa y solamente ellos son los dueños de la verdad.

José Zepeda: Bien lo decía usted al comienzo de esta conversación con Radio Nederland, perder la libertad significa, entre otras cosas, el llanto, la nostalgia, la angustia, la preocupación permanente en los primeros tiempos. Y yo sé que hay emociones, sensaciones que es bastante difícil de traducir al idioma y a la cosa oral, pero, qué significa para usted en síntesis el haber recuperado la libertad?
Sr. Araújo:  Me siento con una felicidad y con una sensación permanente de plenitud porque no solamente he recobrado la libertad sino que he encontrado en todo el pueblo colombiano, en las personas allegadas pero (también) en muchísimas personas que no conozco, con una sensación de júbilo y de alegría que me acompaña permanentemente y que me respalda en la acción de mi libertad, en la acción de mi fuga y que interpreto como el deseo profundo del pueblo colombiano de que todos podamos vivir en paz, de que todos podamos construir juntos una patria mejor. Realmente estoy viviendo momentos de un enorme júbilo que sólo se empañan con el profundo dolor que me produce saber que todavía hay muchos colombianos secuestrados y por eso le pido a Dios diariamente en mis oraciones que interceda para que su liberación se produzca pronto.

José Zepeda: Fernando Araujo, ex ministro colombiano que pasó seis años y un mes en poder de la guerrilla de las FARC, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Le agradezco a usted la gentileza que ha tenido con nosotros.
Sr. Araújo:   Para mi ha sido un verdadero honor que ustedes se interesen en mi historia y que el mundo pueda conocer la dureza del secuestro y que el mundo nos ayude a los colombianos a combatir ese flagelo para que todos podamos vivir en paz. Muchas gracias.

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Opinión de los lectores:


Carlos Ortis, 26-01-2007 - Espana

Yo fui un Colombiano secuestrado por el grupo narco terrorista de las farc, y mi unica opcion fue pagar o pagar, nunca se me pregunto por mi ideologia ni por nada, y entre mis secuestradores nunca vi una ideologia o una diciplina, vivian undidos en el licor y en el afan de recojer dinero a como de lugar pues segun me entere devian recojer una cantidad X de dinero mensual para sus jefes y el resto era para sus bolsillos. Ojala que Colombia se libere algun dia de este cancer y que la comunidad internacional abra sus ojos ante estos criminales.


Resura Vieira, 22-01-2007 - Colombia

Escuchando esta entrevista es claro que no es admisible hablar de un "acuerdo humanitario" con civiles protegidos por el derecho internacional humanitario, que convierten a las FARC en un movimiento generador de crimenes del lesa humanidad. Resulta mas paradojico que ciertas ONG (muchas de ellas acusadas de favorecer la guerrilla) que hablan de acuerdo humanitario acusan al gobierno por no negociar, pero se niegan a reprochar la conducta criminal de las FARC que tienen la obligación de liberar los secuestrados civiles y de generar un gesto de humanidad con los capturados de la fuerza pública. Rechazamos el secuestro de Ingrid Betancourt y tantos civiles secuestrados por las FARC, entre ellos niños incluso de brazos. Rechazamos las presiones para un acuerdo humanitario validando la toma de rehenes y el asesinato de inocentes sin condenar abiertamente la conducta de la guerrilla colombiana que no tiene precedentes dentro de la lucha armada internacional


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