Señales no hay de que aminoren las críticas del presidente Álvaro Uribe contra Amnistía Internacional (AI) y Human Rights Watch (HRW). "Están frustrando nuestra política de seguridad", argumenta Uribe. "Al Presidente le molesta que le digan la verdad", responde José Miguel Vivanco, director para las Américas de HRW.
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El Presidente Uribe argumenta que su dura política de seguridad para todos ha dado importantes resultados; y que el Ejército colombiano es la herramienta fundamental para llevar esa seguridad a su pueblo.
El problema es que ese Ejército se ha visto seriamente salpicado por un sinnúmeros de abusos a los derechos humanos. El más reciente es el aún poco esclarecido caso de las ejecuciones extrajudiciales que brincaron a los titulares semanas atrás, provocando que Uribe dictara la orden de retiro de militares de importancia. Días después, renunció el Comandante del Ejército Colombiano, Mario Montoya.
Acusaciones
Previo a que esto sucediera, HRW hacía público en un demoledor informe las ya mencionadas ejecuciones extrajudiciales de civiles por parte del Ejército.
El escándalo se remonta a septiembre pasado, cuando se conoció la ejecución de 23 jóvenes que desaparecieron en enero y que días después fueron reportados como "bajas en combate", cuando al parecer habían muerto a manos de militares.
Estos adolescentes fueron supuestamente reclutados por el Ejército y enviados desde Soacha, localidad colindante con Bogotá, hasta una región rural del departamento de Norte de Santander, a unos 800 kilómetros al noreste de la capital, donde fueron dados por muertos como guerrilleros caídos en combate.
Si la relación entre la Casa de Nariño y HRW no era buena, el informe presentado por José Miguel Vivanco coronó la enemistad declarada. Había demasiada paja seca dispersa, y la chispa saltó con las denuncias provenientes de HRW.
Uribe dice que "Colombia no puede pretender que nos interfieran la seguridad democrática. Así como el Gobierno en ningún momento ha faltado a la iniciativa para buscar la verdad y la claridad sobre cualquier denuncia, el Gobierno también tiene que denunciar", puntualiza.
No es una exageración retórica advertir que hay fuego abierto entre el gobierno de Álvaro Uribe y las principales ONG's que defienden los derechos humanos, entre ellas AI, HRW y Human Rights Foundation; cabría preguntarse cómo perjudica esta situación a la imagen de un presidente que logró, entre otras cosas, la liberación de Ingrid Betancourt y otros rehenes de importancia en manos de las FARC; que ha puesto en jaque a la principal guerrilla colombiana y que goza de una inmensa popularidad entre sus conciudadanos.
Pregunta: "Hay denuncias temerarias que hacen personas envueltas en la manta de los derechos humanos y que buscan frustrar la política de seguridad de Colombia", dice textualmente el presidente Álvaro Uribe. Él se dirige a Uds. y a Amnistía Internacional. ¿Qué pasa entre Human Rights Watch y el gobierno de Álvaro Uribe?
JMV: Lo que ocurre es que al presidente Uribe le molestan, incomodan nuestros informes sobre derechos humanos en Colombia. Y no solamente los nuestros, sino también los de Amnistía Internacional; y también los informes que elaboran los propios colombianos en materia de derechos humanos. El presidente Álvaro Uribe ha demostrado cero tolerancia hacia la crítica. La mejor manera de evitar responder por los serios cargos que existen en materia de derechos humanos en Colombia es atacando al mensajero, intentando desprestigiarnos para así evitar rendir cuentas en Colombia o ante la comunidad internacional. Sin embargo, esta táctica está muy manida. Es absolutamente ridículo que se diga que HRW o AI tienen algunas inclinaciones pro-guerrilla en Colombia, realmente nadie le cree al presidente Uribe. Hay editoriales de los principales diarios de Iberoamérica que le dicen al Presidente "esto no es inteligente, HRW es una institución con credibilidad", se lee en El Tiempo, de Bogotá, por ejemplo.
P: ¿Arrojar luz sobre el delicado tema de los derechos humanos en Colombia se ha convertido en un pecado capital?
JMV: Es un tema muy delicado. Felizmente no vivo en Colombia. Si lo hiciera, seguramente, tendría que transitar con guardaespaldas, custodios, autos blindados, vivir 24 horas al día sujeto a un enorme riesgo, no por ser yo una persona muy especial, sino simplemente por promover y defender los derechos humanos en Colombia. Así es como viven los defensores de derechos humanos en ese país: con miedo. Lo mismo sucede con otros muchos sectores: columnistas, periodistas, sindicalistas. El principal pecado es denunciar los abusos, la corrupción, la penetración de las mafias en las instituciones democráticas, en el Congreso, en el partido del presidente Uribe; denunciar aquellas personas que le rodean y que tienen vínculos también con sectores o grupos que han violado históricamente los derechos humanos. Ese trabajo es delicado. Para los que estamos afuera de Colombia, se utilizan campañas de desprestigio, que son cada vez más absurdas.
P: ¿ Ésta dura posición del presidente Álvaro Uribe no solamente contra organizaciones no gubernamentales (HRW,AI), sino también contra periodistas que se encargan de investigar y denunciar la violación de los derechos humanos en Colombia, dará un giro importante con la llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos y lo que esto va implicar en el grado de colaboración y relación entre Bogotá y este nuevo Washington que se aproxima?
JMV: Creo que sí y espero que sí, porque a Álvaro Uribe le ha cambiado la realidad. Él, durante todos estos años, tuvo una relación estrecha y estratégicamente muy importante con Washington, donde la administración de George Bush, la cual nunca tuvo mayores preocupaciones por los derechos humanos, decidió hacer la vista gorda ante estos temas y estrechar relaciones con el único aliado incondicional con el que hasta ahora ha contado en América Latina, especialmente frente al riesgo y problema que representa Venezuela para los intereses de la administración Bush. Esa relación y esa situación geopolítica ha cambiado y cambiará con Obama. Mi impresión es que un gobierno como el de Obama, que ha sido elegido sobre la base de una plataforma de respeto a los derechos fundamentales, de multilateralismo, de cambiar Guantánamo, y de entender que estos valores y principios no pueden quedar subordinados a otros intereses. Un gobierno como el de Obama, que hizo campaña contra el TLC [Tratado de Libre Comercio] hacia Colombia, argumentando la muerte de sindicalistas, creo que simplemente se van a generar condiciones muy distintas que van a beneficiar a la causa de los derechos humanos y obligar al gobierno de Álvaro Uribe a empezar a tomar en serio estos temas.
P: La dura crítica que dirige el presidente Uribe a Uds. se ve acompañada también de las duras críticas que se escuchan desde Venzuela por parte del Presidente Hugo Chávez. ¿En alguna medida se ha visto dañada la imagen de HRW por estos dos Jefes de Estado?
JMV: Las críticas son ridículas. Hugo Chávez nos acusa de ser títeres del império de Bush. Uribe nos dice que trabajamos para las guerrillas de ultraizquierda colombianas. Las críticas son falsas, ellos lo saben, como lo saben el grueso de los colombianos y venezolanos. Todos conocen nuestros informes; saben que somos críticos frente a cualquiera, independientemente de la posición ideológica que viola derechos fundamentales: lo hace la guerrilla colombiana, lo hace la administración Bush, así como también el gobierno de Venezuela y el gobierno de Colombia. Nuestra credibilidad ha salido fortalecida. No es agradable estar en los medios respondiendo a los cargos absurdos que se nos hacen, sin embargo el común de la gente llega rápidamente a la conclusión de que si somos atacados en los términos que hemos visto y oído, en boca de líderes populistas de izquierda y derecha, quiere decir que probablemente estamos haciendo algo bien. Lo único que hacemos es decir y defender la verdad.
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Etiqueta: Amnistía Internacional, FARC, Human Rights Watch, Uribe, Álvaro Uribe