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La mala hora de las FARC

María Isabel García

21-07-2008

Por la emblemática carrera séptima de Bogotá, camino de la Plaza de Bolívar, centro del poder político y religioso del país, un mar de rostros ansiosos avanzó durante toda la mañana del domingo al ritmo de una consigna principal: "¡libérenlos ya!".

Los familiares de los secuestrados de las FARC gritaron "¡acuerdo humanitario sí, guerra no!", y hasta el clásico estribillo de las marchas comunistas del siglo pasado, "el pueblo unido, jamás será vencido", fue reinventado para fustigar a la guerrilla mayoritaria y exigirle la liberación de 27 policías y soldados y tres rehenes civiles que tiene en la selva, algunos desde hace más de una década.

farclondres240.jpgEl sinfín humano fue un cóctel de hastío por la violencia de los armados y la extendida práctica del secuestro; de patriotismo exaltado y fervor gobiernista y hasta de religiosidad sin miramientos, al punto de que desfilaron pancartas con citas bíblicas y que afirmaban que "Dios es colombiano".

La marcha principal se multiplicó por seis en distintos puntos de la capital, donde según la Alcaldía Mayor se movilizó millón y medio de personas. Alrededor del mundo, hubo manifestaciones en 28 ciudades, empezando por París, hasta Melbourne, Londres, Ottawa, Tokio y Moscú.

Frente contra la guerrilla
La convocatoria que lanzó el sargento de la policía Julio Cesar Buitrago, uno de los 11 agentes liberados el 2 de julio en la Operación Jaque que también sacó del cautiverio a Ingrid Betancourt y a tres estadounidenses, tuvo eco en las 32 capitales departamentales. Pronto su propuesta se tradujo en frente del Gobierno, los medios de comunicación y numerosas organizaciones.

A veces, los marchantes expresaban esperanza de reconciliación en una salida negociada al conflicto, y otras, tal vez la mayoría, animosidad a flor de piel que ya insinúa un país de vencedores y vencidos.

Para Inés Bernal, de la Conferencia de religiosos de Colombia, la marcha significó la defensa de la libertad de todos los secuestrados, de todos los desaparecidos y de todas aquellas personas víctimas de ésta violencia y que no han sido reconocidas. "Sentí que podía convertir la desesperanza en vida", dijo.

El sentimiento triunfalista, común denominador de la base social del Gobierno, lo expresó Miguel Fierro, del movimiento ‘Un millón de firmas contra a las FARC', promotor a través de Internet de la manifestación del 4 de febrero, antecedente de la de ayer. Según él, la guerra ya está terminando, se ve un país libre de las FARC y el futuro se ve despejado. "Este ya no es el país de los sueños sino de las realidades", afirmó.

Realidades escondidas
Confundidas en la marejada de consignas anti-FARC, algunas vallas denunciaron los 240 secuestrados en poder del también guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN), y recordaron que, entre el 2002 y el 2007, en Colombia desaparecieron 1.259 personas, la mayoría en crímenes atribuidos a agentes del Estado. Algunas víctimas de los paramilitares también intentaron hacerse escuchar.

La movilización congregó sindicalistas, empresarios, juntas de vecinos, policías lisiados en silla de ruedas, parejas con mascotas, alumnos de una escuela de lucha libre en traje de combate; parientes de guerrilleros presos que rechazan un canje por rehenes de las FARC; y hasta colegialas que con bandas de guerra pedían la paz al son de tambores y cornetas.

Los vecinos buenos
La concentración más significativa fue la de Leticia, ciudad en el corazón de la amazonía, donde el presidente Álvaro Uribe y sus colegas de Brasil, Luis Inácio Lula Da Silva, y de Perú, Alan García, presidieron el desfile de 600 soldados con los equipos adquiridos en la campaña de fortalecimiento militar contra la insurgencia. Otros 2.650 agentes se ocuparon de la seguridad de los mandatarios.

El tradicional desfile militar con el que se celebra cada 20 de julio, la Independencia (1810) del Imperio español, fue ocasión para que Uribe hiciera un tácito contrapunteo entre los ‘vecinos buenos' allí presentes y los ‘conflictivos ausentes', Hugo Chávez, de Venezuela, y Rafael Correa, de Ecuador.

Apostando duro
En una polifonía de gran efecto mediático, a la ceremonia militar siguió un concierto de Shakira y Carlos Vives quienes, desde Leticia, como en Paris lo hicieran Juanes y Miguel Bosé, y la liberada Ingrid Betancourt, pidieron a las FARC liberar a los secuestrados, entregarse a las autoridades y acogerse a los planes del Gobierno.

Horas después, en Bogotá, al instalar la legislatura del Congreso en medio de un discurso enfocado en aspectos económicos, Uribe dijo que persistirá en "exterminar el terrorismo" y liberar a los secuestrados, lo que podría implicar una réplica de la Operación Jaque. Y al afirmar que se debería "entrar en la hora de la paz definitiva" para la que su Gobierno "tiene toda la voluntad", puso las cosas en el terreno del nuevo comandante máximo de las FARC, Alfonso Cano.

Con su temple de jugador y tocado como está por la suerte del ganador, Uribe estaría considerando ‘barajar y dar de nuevo'. Con tal fin, oteará el ambiente con el proyecto de reforma política que anunció para la semana entrante y que le servirá de termómetro hacia los dos años que le quedan de esta segunda administración. Sin descartar una segunda reelección que lo prolongaría en el poder hasta el 2014.

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Etiqueta: Alan García, Alfonso Cano, Bogotá, Colombia, ELN, FARC, Hugo Chávez, Ingrid Betancourt, Luis Inácio Lula Da Silva, Rafael Correa, Álvaro Uribe

Opinión de los lectores:


hernando luján, 21-07-2008 -

Pero si abren el Tiempo o el Espectador de hoy se verá que hubo una masacre en Córdoba y el hermano de un paramilitar fué asesinado. Mientras haya tráfico de cocaina y desigualdades sociales, seguirá la violencia en Colombia.La seguridad democrática esconde la desprotección social. Y aumentará ya que el presidente anunció un recorte presupestario en lo social y no sube los impuestos a los terratenientes que se han apropiado de la tierra de los desplazados.


Gustavo Vila, 21-07-2008 - Bogotá D.C. - Colombia

Según la Fundación País Libre, en Colombia podrían haber más de 3.000 secuestrados. También es cierto que la cantidad de secuestros ha bajado en un 80 a un 90 por ciento, desde el año 2002. Lo cual el gobierno atribuye a su política de seguridad democrática. Otros delitos como el homicidio también han descendido notoriamente.


Sofía, 21-07-2008 - Perú

"¿la liberación de 27 policías y soldados y tres rehenes civiles que tiene en la selva, algunos desde hace más de una década.?" ¿Cómo dices? ¿No son acaso más de mil los secuestrados en Colombia? ¿Será que " la polifonía de gran efecto mediático" no te permitió oir bien las cifras? ¿"Animosidad a flor de piel"? Parece que la objetividad es sólo una difícil aspiración.


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