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Olvidados en la selva y la montaña

Maria Isabel García

09-07-2008

La última semana ha sido agridulce para las familias de los 27 soldados y policías que permanecen cautivos de las FARC, junto con los tres políticos que, con ellos, conforman el llamado grupo de ‘canjeables'. Esta categoría ha perdido valor como consecuencia de la Operación Jaque que arrancó del inframundo de la manigua a los 15 rehenes más emblemáticos.

virginafranco240.jpgPactar un canje de secuestrados por presos políticos entre el Gobierno de Álvaro Uribe y las FARC parece poco probable, entre otras cosas porque el Gobierno estimula la desmovilización de presos de la guerrilla. Con tal fin, los invita a que se acojan a los beneficios que otorgó a los paramilitares, lo que implica como máximo ocho años de cárcel, incluso para delitos atroces. Sin embargo, la Asociación de familiares de policías y soldados secuestrados por las FARC (ASFAMIPAZ) se empecina en que Gobierno y guerrilla se sienten a negociar.

Entre las selvas del Guaviare y del Vaupés están los 25 uniformados que la guerrilla capturó hace una década en sonadas acciones y tomas de bases militares, como Patascoy, El Billar, Mitú, cuando se afirmaba que las FARC habían pasado de la guerra de guerrillas a la guerra de posiciones. Los más antiguos, desde diciembre de 1997, Pablo Emilio Moncayo y Libio José Martínez, son jóvenes soldados que se hicieron adultos en cautiverio. Dos agentes más, que no contabilizan las estadísticas gubernamentales pero sí las de ASFAMIPAZ, corresponden a secuestrados entre 2007 y este año, en medio del repliegue guerrillero al que ha conducido la política de seguridad democrática del Gobierno de Uribe.

En esos campamentos aún permanece un civil, Alan Jara, ex gobernador del departamento del Meta, secuestrado en julio de 2001 cuando viajaba en un vehículo de Naciones Unidas.
Y en inhóspitos parajes de la cordillera andina están Óscar Tulio Lizcano, ex diputado del departamento de Caldas, secuestrado en agosto de 2000, y Sigifredo López, ex diputado del Valle del Cauca, único sobreviviente de la masacre, el año pasado, de sus 11 colegas, secuestrados en abril de 2002.

Lucha libertaria
Al regreso del habitual plantón de los martes en la Plaza de Bolívar de Bogotá, Marlene Orjuela, de Asfamipaz, mujer que es sinónimo de perseverancia, declara estar firme en "la lucha libertaria por la búsqueda de un acuerdo o humanitario". "Nos acompaña la alegría por lo que están vivos y libres y la tristeza por los que siguen en cautiverio, la mayoría desde hace diez y 11 años. En la selva se están pudriendo 27 policías y soldados", dijo a Radio Nederland.

Al señalarle que Ingrid Betancourt ha dicho que ya no es tiempo para ese acuerdo, responde tajante: "No sé si lo dice porque ella esta viva y libre. Pero no puede olvidar que, justamente, ella, en una de las pruebas de supervivencia, dijo que el acuerdo humanitario era para policías y soldados, y aún 27 de ellos siguen secuestrados". Acerca del rol que la ex candidata presidencial puede desempeñar con respecto a la suerte de los demás cautivos, Orjuela cree que "a nivel internacional puede lograr sensibilización y solidaridad para un acercamiento entre las partes. Pienso que es claro que la guerrilla de las FARC no va a aceptar a Ingrid para mediar, pero sí será útil un trabajo internacional por la causa libertaria de Colombia".

Esperanza y desconsuelo
"Todavía tengo la esperanza y la ilusión de que él va a volver", dice Virginia Franco, madre del sargento segundo Luis Alfonso Beltrán, capturado por las FARC hace diez años y cinco meses. ¿Pruebas de supervivencia? Unas tres desde entonces, la más reciente de 2003.
Doña Virginia se devana los sesos pensando cómo estará su muchacho, si tendrá el pelo largo o al rape, si lo aquejará alguna dolencia y si, como ella, guardará ánimos para un reencuentro tan incierto como anhelado.

Ella tiene la idea de que el teniente Malagón, uno de los 15 liberados de la Operación Jaque, "trae noticias porque creo que hace poco estuvo con él en cautiverio. Pero estoy en la misma incertidumbre", dice desconsolada al relatar que en medio de la euforia de la bienvenida a Ingrid Betancourt y a los once agentes, a nadie en el Ministerio de Defensa, el Ejército o Policía, se le ocurrió concertar un encuentro entre los recién llegados y las ansiosas familias de los que quedaron en el confín de la selva.
El miércoles 2 de julio, ella y su cuñado Uriel Pérez, como muchos familiares de secuestrados, se agolparon a las puertas del Club Militar, donde todo era celebración por los liberados en la Operación Jaque.

"Quería saludarlos, abrazarlos porque la alegría era muy grande, y esperaba que me dijeran si estuvieron con él, pero no fue posible. Hasta ahora todo es silencio", comenta desconsolada. Sobreponiéndose añade: "uno queda con el deseo de hablar con ellos." Luego se alisa el rostro y, como pensando en voz alta, asegura que tiene fe en que su hijo está vivo. "No queremos que la guerrilla tome represalias. No queremos rescates a sangre y fuego, porque puede ser terrible, y otro así tan fácil como el de los 15 es poco probable".

Milagros selectivos
La incertidumbre que embarga a la madre del sargento Beltrán es la misma de Magdalena Rivas, cuyo hijo, el teniente Elkin Hernández, rehén desde octubre de 1998. En las pruebas de vida que se recibieron en enero pasado, el militar se ve demacrado, con las mejillas hundidas y la apariencia de un hombre mayor de los 33 años que tiene. También la zozobra carcome a María Teresa Mendieta, esposa del rehén de más alta graduación, el coronel de la policía Luis Mendieta, capturado en el asalto de Mitú, quien le dedica serenatas imaginarias. Y al profesor Moncayo, que se hizo símbolo en infinitas caminatas desde su natal Nariño, en la frontera sur con Ecuador, hasta Bogotá y Caracas. Mientras veía en la televisión las imágenes de Ingrid Betancourt y los otros liberados, su esposa, Stella Cabrera, pensaba "ahí podía estar mi hijo".

Categorías
Algunos hablan de ‘rehenes-trofeo', otros de ‘secuestrados de primera y segunda categoría'. Por momentos, aflora algo de resentimiento, pero, sobre todo, tristeza y desconsuelo. Estas gentes piadosas que convocan a misas, celebran vigilias y cadenas de oración, y se aferran a la fe para soportar la ausencia de sus parientes, preguntan por qué la justicia divina es selectiva, por qué el milagro de la Operación Jaque fue para otros y no para ellos.

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Etiqueta: Colombia, FARC, Ingrid Betancourt, Operación Jaque, secuestros, Álvaro Uribe

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