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Colombia: ¿Y ahora qué?

**José Zepeda Varas

03-07-2008

Salvo un par de disonancias sin mayor importancia, la abrumadora mayoría de los colombianos y del mundo ha celebrado la liberación de 15 secuestrados que estaban en manos de las FARC. La espectacular acción del Ejército llama al júbilo y a la reflexión.

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Después de su alocución y de la intervención de los Altos Mandos Militares y de Policía, el Presidente Álvaro Uribe buscó a Ingrid Betancourt y a su mamá, la señora Yolanda Pulecio, y las tomó de las manos.
Foto: Miguel Ángel Solano - SP
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Escuche la entrevista a *Vincent Fisas

El mundo entero se ha unido a la alegría de Colombia. Por un momento se han desvanecido las diferencias políticas e ideológicas, y todos al unísono han respirado aires de satisfacción por la liberación de 15 personas, entre ellas el símbolo de todos los secuestrados, Ingrid Betancourt.

Un triunfo de todos
Este triunfo de todos le pertenece en propiedad al gobierno y al Ejército. No hay matices posibles. Esta unanimidad no puede pasar desapercibida a los dirigentes de las FARC. En este sentido, todos los ojos están puestos en Alfonso Cano, el nuevo líder máximo, al que se considera un hombre más político y por ello, más propenso a ver otras realidades que las de las armas.

La satisfacción, la felicidad de la liberación están firmemente afianzadas en el convencimiento de que nada justifica el secuestro de personas inocentes. El delito puede disfrazarse de retórica revolucionaria, puede intentar explicarse mediante los crímenes de otros, pero esta degradación moral es tan grave que prevalece negativamente por sobre cualquier justificación.

La situación ha cambiado y todo hace presumir que la debilidad de las FARC es un hecho comprobado a la vista de los golpes recibidos. No está derrotada, pero está a mal traer. Aparte de los reveses de la guerra, lo que los rebeldes llaman "la mística revolucionaria" está por los suelos. Y es precisamente esta ausencia la que más graves daños puede causarle a los rebeldes. Cuando se pierde la fe se instala la derrota en los corazones.

Complicada realidad
No obstante, este rechazo masivo a las prácticas ilícitas de las FARC, estas liberaciones que son un triunfo de la libertad sobre la muerte no pueden, no deben, oscurecer el análisis sereno de la realidad porque dejarse llevar sólo por momentos de éxito, por grandes que estos sean, enturbia la vista. Máxime si la mayoría de los secuestrados aún está en poder la guerrilla. Esa gente anónima, condenada al silencio y a la espera llena de incertidumbres, no puede ser moneda de cambio ni abandonada a su propio destino. Por eso el acuerdo humanitario es más necesario que nunca, siempre y cuando los dirigentes de las FARC abandonen su hermetismo, decidan negociar en serio, y especialmente entiendan que Colombia, en su inmensa mayoría, los rechaza con fervor.

Al otro lado del camino, el éxito incuestionable del gobierno no lo exime de sus responsabilidades. Ahí está el conflicto con la Corte Suprema de Justicia que ha ordenado se investigue al presidente por presunta implicancia en compra de voluntades para reformar la constitución del Estado que le permitió la reelección. El mandatario ha amenazado con un referendo para legitimar su reelección, como si los fallos de un tribunal supremo pudieran dirimirse en las urnas. Pero lo más grave es la implicancia del 20% de los congresistas oficialistas en actividades vinculadas al paramilitarismo, aunque hay que aclarar que no se ha titubeado a la hora de ordenar su detención.

Es decir, los desafíos son muchos, y cuando se trata de avanzar en la consolidación democrática, aparece como necesario una estrategia multisectorial que resuelva el tema de la violencia, y que sanee a las instituciones del Estado.

El riesgo es que estos éxitos en contra de las FARC hagan prevalecer los argumentos de los sectores más duros del gobierno, los militaristas, respaldados además por un signo de los tiempos: a la hora de decidir entre libertad y seguridad,. ya se ha visto que una parte significativa de la población colombiana opta por la seguridad. De ahí la gran popularidad del presidente Uribe. Paradojas de la historia: cuantas más acciones terroristas practican las FARC, más fama adquiere el presidente. Cuánto tiempo habrá que esperar todavía para que los insurgentes entiendan que este ya no es tiempo de lucha armada, sino de acción civil. Lo auténticamente revolucionario es la profundización y socialización de la democracia, no los tiros en el monte.

*Vincent Fisas es director de la Escuela Cultura de Paz, de la Universidad Autónoma de Barcelona.
** José Zepeda Varas es director del Departamento Español de RNW.

Etiqueta: Alfonso Cano, Bogotá, Colombia, Corte Suprema de Justicia, Escuela Cultura de Paz, FARC, guerrilla, Ingrid Betancourt, Universidad Autónoma de Barcelona, Vincent Fisas, Álvaro Uribe

Opinión de los lectores:


Antonio, 04-07-2008 - Colombia

Sin duda alguna compartimos la inmensa alegria por la libertad de Ingrid y los demás secuestrados. Pero al mismo tiempo los que hemos vivido la espiral de barbarie que domina a la sociedad Colombiana no podemos darnos el lujo de sentirnos plenamente contentos o esperanzados porque un grupo de colombianos fueron rescatados de las garras de la barbarie guerrillera, nuestro corazón jamás podrá olvidar los 30.000 colombianos recientemente asesinados por los grupos paramilitares, sin que los genios de la estrategia militar hicieran mayor cosa por evitarlo. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde pero los colombianos no podemos ver con optimismo el futuro debido a que los asesinatos de los opositores han continuado, nuevos grupos paramilitares han aparecido y vemos con total repudio el trato que la guerrilla le da a los secuestrados. No podemos menospreciar que tenemos un presidente avido de poder y venganza no solo contra la guerrilla sino contra cualquier institución que pueda poner en tela de juicio sus comportamientos. Que esperanzas podemos tener nosotros los colombianos con un congreso de mayoría mafiosa que respalda al presidente Uribe. Quien podrá detener esta barbarie que empezo en Colombia con el asesinato del lider liberal Jorge Eliecer Gaitan en el año de 1.948.Que esperanza puede tener Colombia con una comunidad internacional totalmente obediente a los intereses del las multinacionales en algunos casos plenamente comprometidas con los grupos paramilitares.Tampoco podemos caer en la trampa de la logica de la barbarie la cual predica la maldad del opositor para limpiar su propia maldad.


Jeff Torres, 03-07-2008 - Colombia

Todos los colombianos celebramos el exitoso rescate de Ingrid Betancourt, sin duda es un gran acierto de nuestras fuerzas militares. Como nuestra constitución lo dice ellas deben cumplir con su obligación de defender los derechos de los ciudadanos. Sin embargo, y conservando la memoria, no debemos cegarnos con el brillo del triunfo militar en contra de los grupos criminales e ilegales, sino que también debemos juzgar los desaciertos que el mismo gobierno hace usando igualmente la ilegalidad y el infringimiento de la ley. La justicia está en su obligación de sancionar tanto a la guerrilla como al gobierno mismo, más allá de los triunfalismos. Gracias


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