El jefe de la guerrilla de las FARC, Manuel Marulanda Vélez está muerto. Según las informaciones del ministerio de Defensa de Colombia, el guerrillero falleció el 26 de marzo pasado a las 6,30 de la tarde. Aunque no se sabe a ciencia cierta habría sido reemplazado por Alfonso Cano, uno de los principales ideólogos de la organización.
Marulanda, quien en realidad se llamaba Pedro Antonio Marín, ha muerto muchas veces, tantas que su vida ha estado ligada indisolublemente a las FARC que él mismo creó en mayo de 1964. Pero de esta especulación no saldrá con vida. Si bien es cierto que las circunstancias de su deceso no están claras, el ejército especula con la posibilidad del éxito de un bombardeo, y otros con un ataque cardíaco, su partida lleva a los rebeldes a su punto más crítico de estos 44 años. Qué paradójico puede ser el destino, las FARC nacen cuando el gobierno colombiano bombardea la llamada "República Independiente de Marquetalia" establecida por un grupo de campesinos, orientados por el partido Comunista, en un altiplano de la cordillera de los Andes. En el desamparo Marulanda huye con unos 48 hombres y mujeres, que al cabo del tiempo dan forma a una autodefensa campesina que se extiende a lo largo de las zonas de colonización del este de Colombia. En esos años las FARC representan la bandera en contra de la injusticia. Tras la caída del Muro de Berlín, en 1989, el deterioro ideológico acompañado del inicio de actividades de inspiración criminal, como el secuestro, la extorsión, y el tráfico de estupefacientes conducen a un desmoronamiento sistemático de toda consideración moral y ética, para alcanzar, en estos momentos, el mayor repudio de la sociedad colombiana.
La agencia Anncol que da a conocer regularmente información de las FARC, no desmiente la noticia pero aclara que no tiene un pronunciamiento oficial de la guerrilla.
El sólo hecho que la guerrilla no reconozca la muerte de Marulanda revela el grave revés que significaría para la insurgencia su desaparición. Se cumple aquí la creencia popular que las desgracias no vienen solas. Y para desgracias las FARC tienen para regalar. Desde la muerte de sus dirigentes hasta el dimisión de sus comandantes, pasando por el distanciamiento de ex guerrilleros presos que no quieren que se ocupen sus nombres para un hipotético acuerdo humanitario. Las cosas podrían ir a peor para las FARC si tomamos en cuenta que el presidente Álvaro Uribe ha dicho hace no muchas horas atrás que el gobierno ha recibido "llamadas" de algunos jefes de la guerrilla que aseguran estar dispuestos a entregarse y liberar a los rehenes, incluida Ingrid Betancourt.
Con cerca de 17.000 hombres en armas y unos 60 frentes, las FARC mantienen una importante presencia en el sureste de Colombia, y la muerte de Tirofijo no va a significar el fin de sus actividades, pero está herida en un ala.
La muerte de Marulanda llega en buena hora para el gobierno, agobiado con su propia crisis, con muchos de sus máximos representantes acusados de delitos con nombre y apellido: asociación ilícita para matar, connivencia con el paramilitarismo y el narcotráfico. En circunstancias de mayor normalidad democrática el gobierno habría tenido que realizar elecciones anticipadas o disolver agrupaciones tocadas por el desprestigio y la desconfianza. El conflicto armado sirve de razón para evitar la drástica toma de medidas.
Por otra parte, mientras Estados Unidos y Europa califican sin reparos de terrorista a las FARC, los países latinoamericanos no tiene una posición común. Así quedó en evidencia durante la creación de la Unión de Naciones del Sur, UNASUR, a iniciativa del presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, ya que ha quedado en suspenso por noventa días la formación de un Consejo de Defensa de América del Sur, debido a las diferencias existentes de Colombia y países como Venezuela, Bolivia y Ecuador que rechazan la calificación de terroristas para las FARC.
En cualquier caso la muerte de Manuel Marulanda traerá consecuencias que aún ni siquiera se pueden prever.
Etiqueta: Colombia, Ecuador, FARC, Marulanda, Raúl Reyes, Tiro Fijo, Uribe, Venezuela