Mientras el presidente colombiano, Álvaro Uribe, busca apoyo internacional a su gestión en solitario para lograr un eventual acuerdo de canje de secuestrados de las FARC por guerrilleros presos, su homólogo francés, Nicolás Sarkozy, pidió al jefe guerrillero Manuel Marulanda, "solemnemente que libere a Ingrid Betancourt, y no haga pesar sobre su conciencia el riesgo que significaría su desaparición".
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El presidente francés dirige un mensaje televisivo a Manuel Marulanda
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Según la Casa de Nariño, sede del Gobierno colombiano, el itinerario de los últimos cinco días de consultas telefónicas del presidente a sus colegas incluyó, además de Sarkozy, a George W. Bush, de Estados Unidos; Tabaré Vásquez, de Uruguay; Michele Bachelet, de Chile; Felipe Calderón, de México; Antonio Elías Saca, de El Salvador; Néstor Kirchner; de Argentina, y Rafael Correa, de Ecuador.
Francia se convierte en el principal punto de referencia tras que, hace dos semanas, el Gobierno colombiano cancelara, abruptamente, la mediación que le había encomendado al presidente venezolano, Hugo Chávez, y la facilitación de la senadora colombiana Piedad Córdoba. Para motivar su decisión, el Ejecutivo argumentó desbordamiento de sus gestiones y proclividad a la guerrilla.
Sin embargo, internamente no muchos le apuestan al éxito de un manejo centrado en la interlocución única del Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, quien se manifestó "dispuesto a correr todos los riesgos", de ir a la selva a entrevistarse con quien designen las FARC. "No consideramos pertinentes más facilitadores ni mediadores. El Gobierno asume la tarea de la solución de este problema", afirmó Restrepo, quien, por razones de agenda en el Elíseo, aplazó un viaje a Paris, previsto para el martes.
París, Caracas, la selva
Tanto la familia de Ingrid Betancourt como las de los otros cautivos valoran los buenos oficios que pueda cumplir Sarkozy. Al mismo tiempo, y pese al distanciamiento de los Gobiernos de Bogotá y Caracas, los parientes renovaron ayer confianza en los buenos resultados que pueda lograr Chávez, con quien se entrevistaron y a quien atribuyen los mayores avances en el intento de llegar obtener pruebas de supervivencia y avanzar en el canje. Además, algunos de ellos manifiestan su esperanza de que, tal vez, las FARC tengan un gesto con la Unión Europea, de cuya lista de organizaciones terrorista aspiran a salir, y cumplan el sueño que Sarkozy expone en su mensaje: ver a Ingrid con los suyos en Navidad.
Más política que humanismo
Cada vez es más evidente que la situación está en un punto límite. El grave deterioro físico y la depresión que acusan los cautivos es visible en las imágenes incautadas a unas milicianas que portaban correo de las FARC, y que, tras ser capturadas hace una semana por agentes de la Fiscalía en Bogotá, son acusadas de terrorismo.
La imagen de Ingrid como icono del cautiverio empieza a aparecer en vallas callejeras en Bogotá, junto con mensajes de repudio al secuestro. Expertos en lenguaje gestual analizan cada pliegue de su rostro y la actitud cabizbaja y silente ante la cámara. A su vez, los analistas políticos valoran cada frase de la carta de 12 páginas que la secuestrada escribió a su madre y que se ha ido convirtiendo en un manifiesto por la dignidad y la libertad.
También se pone de relieve el desbordamiento de la situación para el Gobierno, que en medio de la presión internacional intenta recomponer una negociación bajo su esquema. Desde que se posesionó en su primer mandato, en el 2002, Uribe ha negado que en el país haya un conflicto armado interno y, consecuentemente, no reconoce a las FARC como contradictor. Por tanto, al plantear el acuerdo humanitario no concede a esa guerrilla ningún protagonismo político y exige, discreción y bajo perfil.
La investigadora social y analista Claudia López da un pronóstico realista y desalentador. A su juicio, "mientras los captores sean las FARC y Álvaro Uribe sea presidente de Colombia, los secuestrados seguirán muriendo en la selva". Su afirmación parte de la certeza de que "ante la capacidad criminal e inhumana de las FARC, el único camino para recuperar con vida a los secuestrados es una negociación política (que) el Gobierno colombiano no hará."
En una columna publicada en el diario bogotano El Tiempo, López afirma que "quizá Ingrid Betancourt sea liberada porque Francia sí está dispuesta a hacer una negociación política, y al Gobierno de Colombia le interesa quitarse de encima la presión de Francia."
El acostumbramiento
El acostumbramiento del país a la práctica del secuestro es otra secuela más de una guerra larvada de décadas. Los grupos armados la incorporan a sus formas de lucha y no cesan ni siquiera cuando se sientan a conversar con el Gobierno, hecho que corroboran las cifras de País Libre, ONG que lucha por su erradicación y brinda atención integral a las víctimas.
Entre septiembre del 2005 y agosto del 2007, mientras Gobierno y Ejército de Liberación Nacional (ELN) conversaban en La Habana, Cuba, esta organización armada secuestró a 107 personas "con fines exclusivamente extorsivos," de las cuales dos aún permanecen cautivas, afirma País Libre, organización que, al mismo tiempo, revela que, desde el año 2000, el ELN ha secuestrado a más de 3.700 personas.
"En Colombia el secuestro se trata individualmente para insultar o para presionar, pero no se aborda la problemática desde un punto de vista científico, con depuración estadística", denuncia Olga Lucía Gómez, directora ejecutiva de País Libre. Aunque reconoce que la acción policial ha minado los secuestros, señala que aún hay muchos cautivos y nadie parece entender o querer asumir la dimensión del problema.
"Además de los 47 del acuerdo humanitario, siguen cautivas de las FARC otras 700 personas, pero de éstas nadie habla ni a nadie le importan. En este momento, el secuestro se ha vuelto un 'reality show' impresionante, que le da la vuelta al mundo, mientras que las que menos importan son las víctimas", comenta Gómez. A su juicio, las marcas del secuestro van mucho más allá del cautivo, pues, tocan a todo su entorno familiar y social y persisten tras su liberación. Por tal razón considera necesaria la reparación. "Es muy importante recuperar la memoria, porque parte de los efectos de la guerra es la amnesia, y ésta inhibe, paraliza a las personas que creen que sólo cuenta el momento actual por el que están pasando".
Tímidas reacciones
Tímidas y atomizadas son las muestras de reacción tras la divulgación de la carta y las imágenes de Ingrid Betancourt y sus compañeros en la selva. Las rondas de los martes en la Plaza de Bolívar de Bogotá, cuentan con el mismo escaso medio centenar de familiares y amigos fieles a los rehenes. Las emisiones matutinas de algunos noticieros de radio mantienen su habitual franja de mensajes a los secuestrados. Durante el día, los micrófonos de las emisoras se abren para que los oyentes opinen sobre la situación de los cautivos, premiando a algunos con discos de música bailable, con lo que parece que se han perdido las fronteras entre lo banal y lo trágico.
Para el atardecer del viernes se ha convocado una concentración en un parque al norte de Bogotá, en busca de coincidencia con la celebración católica de "las velitas", en la que la que la gente sale a las calles y prende lumbres. Con el lema "para reconocernos como seres humanos" las bandas de rock Kraquen, de Colombia, y Rata Blanca, de Argentina, anuncian conciertos en la capital y otras ciudades. La Alcaldía Mayor de Bogotá reedita su campaña "Por el acuerdo humanitario, ya", que, al igual que cuatro años atrás, no ha tenido eco en las partes en conflicto.
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